La pérdida económica es uno de los interrogantes a los que el equipo de investigadores dirigido por la subdirectora de Ingeniería Agraria en el campus, Flor Álvarez, espera dar respuesta antes del término del estudio en un año. Sin embargo, la ULE ya ha alcanzado conclusiones muy positivas sobre esta plaga excepcional en el Bierzo que fue declarada en 2012 y de la que solo se conocen otros dos casos similares en Pontevedra y Portugal en la segunda mitad del siglo XX.
De hecho, el pedáneo denuncia la falta de apoyo de la Junta a la que quiere presentar el estudio concluido para que sea útil en otros casos similares. «No solo no prestaron ayuda sino que pusieron trabas a cualquier acción», afirmó. Lo cierto es que la Lymatria Dispar es una plaga común en plantas frondosas con efectos menos negativos que los que ha dejado en el pino. Así, los resultados de este estudio, en el que ha colaborado la Universidad de Santiago y expertos estadounidenses, pueden ser muy positivos en otros focos.
Según lo esperado, la plaga se ha desarrollado en un ciclo de tres años y tras su marcha, los investigadores han identificado que los árboles que han sobrevivido son los más vigorosos, en concreto, los que presentan un crecimiento radial mayor a dos milímetros. Así, ante la posibilidad poco probable de que se produzca un nuevo brote, recomiendan la tala controlada solo en el caso de los árboles más frágiles.
Igualmente, la ULE trabaja ahora en la eliminación de una nueva plaga de un perforador de la madera que, según indicó Álvarez, «se aprovecha de que los pinos están más débiles para atacarlos». Entre los retos que aún quedan por afrontar está además el de crear un modelo de mortalidad para detectar qué árboles resisten los efectos de la oruga peluda a través de imágenes por satélite y el alcance del estudio en plagas como la avispilla del castaño.
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