La precisa belleza del deseo

Raquel Villanueva ha dibujado, en la piel del deseo, escogidos relatos de mágica percepción, buscando lo hermoso en cada pensamiento

Ruy Vega
28/10/2018
 Actualizado a 18/09/2019
Portada de la obra de Raquel Villanueva  ‘Relatos de una adoratriz’ en la mesa de lectura de Ruy.
Portada de la obra de Raquel Villanueva ‘Relatos de una adoratriz’ en la mesa de lectura de Ruy.
Papá, hoy conocerás a Raquel Villanueva. Leerla es como dejarse llevar por el viento, sin rumbo predeterminado, pero sabiendo que, ocurra lo que ocurra, él (en este caso ella) sabrá llevarte allí donde otros no llegan. Tras cada palabra, tras cada frase, tras cada letra, se esconde el talento de alguien que no solo sabe escribir, sino también transmitir. Alguien que, sin duda, sabe acariciar tus sentidos.

Quizá allí donde ahora estás no te habrás enterado (o sí), pero he tenido el placer de estar en la primera presentación de su último libro, Relatos de una adoratriz. Fue hace semanas, aquí, en Ponferrada. Leímos unos textos que ella había preseleccionado del mismo libro. Tú, que escribías, yo que escribí, y ella, que escribe, sabemos lo difícil que es hacer este tipo de relatos o novelas. Todo por lo imprecisa que es la barrera entre lo elegante y lo más directo, entre el aroma sugerente o el olor fuerte. No, no es fácil. Pero lo ha logrado, certifico que lo ha hecho. De entre los más suaves momentos, acariciando con sensacional magia cada tecla del portátil, Raquel ha escrito, imaginado y reescrito, relatos cortos que componen un conjunto único en el que los verdaderos protagonistas son los sentidos, permitiendo que sean ellos quienes guíen la lectura, las imágenes prohibidas, los guiños a una realidad escondida pero abrumadora.

Dice, en ‘Te llamaré miércoles’, que «…el reloj, sin ningún atisbo de piedad, va marcando el tiempo inexorablemente al compás de nuestras historias…», y así es y será siempre, relojes que nos van gritando, tras cada instante, que la vida transcurre y nuestros sentidos nos piden atención.

No puedo dejar de gritar entre estas líneas el amor que Raquel, al igual que muchos de los que leerán este artículo, tiene por el mar. Dicen que los seres terrestres salimos del mar cuando algunos de los animales marinos decidieron poco a poco adentrarse en la tierra.

Puede que sea poético el amor que sentimos por él, amando inconscientemente aquel lugar del que provenimos, hace ya millones de años. Nos dice, en ‘Disolución’, que «…despierto bruscamente y regreso a la realidad insípida de mi habitación, deseando, anhelando ya, que pasen las horas de la noche y del día que le precederá, para poder volver a soñar lo mismo, para poder volver a unirse a él, al mar…».

Pero no únicamente, como has podido leer, este libro es brillante en el relato, en la descripción, en el uso de las palabras en el momento e instante adecuado. No, no únicamente. Sabiamente Babel García, de la mano de Raquel, ha sabido plasmar en imágenes algunos de los relatos. Lienzos de colores que definen caricias, perfiles que marcan sutiles líneas de sensualidad, dibujos que definen la belleza de lo perceptible.

Papá, ‘Relatos de una adoratriz’ es un libro de sensaciones, de sentimientos, de la necesidad de encontrarse con uno mismo, de la obligatoriedad de luchar por lo que amas, de la belleza en lo cotidiano, pero también en lo maravilloso, en lo fantástico y en lo único. Es un libro de la imaginación, de sentirse y sentir, de amar y amarse, un libro del aquí y ahora, pero también de la importancia de la espera. Un libro por instantes poético, como podrías comprobar en ‘De convergentes y paralelas’, en donde podemos leer: «…ya ves, a falta de tenerte, he transformado tu recuerdo en este incorpóreo fantasma que va siempre conmigo…», o «…tú eres una línea, yo soy la otra, hasta el infinito, sin cruzarse…». Papá, ‘Relatos de una adoratriz’dicen que es un libro erótico pero, sinceramente, creo que es un libro de la vida.Siento admiración por aquellos escritores que se lanzan en determinados géneros. Noto, no sé si con certeza o porque no es lo mío, que algunas de las ramas de este maravilloso árbol de la literatura son extremadamente difíciles. Uno es el terror, la capacidad para escribir infundiendo miedo sin caer en lo común, en lo televisivo y evidente.

Otro, sin duda, es el relato erótico, y más teniendo en cuenta el trato que Raquel le ha dado. Dibuja sensualidad y belleza perfilando palabras suaves con un lenguaje hermoso, no cayendo nunca en el abismo de lo sencillo, directo o común. ¿Cómo mostrar lo bello del amanecer sin poder enseñar el Sol? Pues ella lo hace. El libro no tiene muchas páginas, quizá es un guiño no buscado a los relatos que nos cuenta. Historias cortas que duran un recuerdo imborrable. Así es y así debe ser, buscando mostrar lo que nos quiere contar, como igualmente muestra una hermosa portada, totalmente acertada por bella y sensual.

Hay gente con una sensibilidad especial. Unos la llevan consigo en el más absoluto silencio, otros cantan y componen canciones, pintan, esculpen… muchos escriben. Raquel lo hace, y lo hace muy bien.Es hermoso que alguien sea capaz de transmitir utilizando algo tan sencillo, pero a la vez tan enormemente poderoso, como las palabras. En ella se nota en cada punto y en cada coma, en cada frase que inicia, en cada una que acaba, mostrando fuerza en cada página. «…los años me han enseñado que por muchas vidas vividas, ahí, dentro del espejo, no hay nadie más que yo, esa mujer madura y ojerosa…» (de ‘Inmortal’).

Creo que todo, absolutamente todo, desde nuestros días más planificados hasta nuestras acciones más espontáneas, desde nuestros caminos buscados a nuestras decisiones sin reflexión, tiene un perfil directa o indirectamente marcado por el amor.

Puede ser el que existe, puede ser el que tienes o puede ser el que anhelas, pero se trata de eso, del amor. Y así, con eso mismo finaliza Raquel esta maravillosa recopilación de relatos, con una escondida, o quizá no tanto, muestra de amor. Lo mejor, como siempre, al final. Qué más se puede decir que lo que ella escribe, qué mejor que un «…mi deseo en él nunca se ve colmado, es por ello, por lo que a pesar del tiempo transcurrido, creo que sigo tan unida, tan necesitada, tan enamorada de él…».

Por cierto, no te lo he contado todavía, casi se me olvida. ¿Sabes quién hace el prólogo? Manuel Cuenya, del que en otras ocasiones te he hablado y que, por cierto, participó en la presentación.

No quiero acabar, papá, sin desear que algún día leas esta carta, porque sé que te llevará al deseo de leer el libro, de sumergirte entre las aguas de este mar bravío, pero que es hermoso en cada anochecer y poético en cada amanecer.
Puede que nuestros sentidos sean lo único que nos hace realmente humanos porque, sinceramente, sin ellos ya nada tendría sentido. Y qué mejor sentido y sentimiento que el que utilizo cada vez que me despido de ti, qué mejor que hacerlo con mi frase preferida, con un recuerdo de que no es inmortal el que nunca muere, sino el que nunca se olvida.(«Todo aquello que creamos será real para nosotros, independientemente de que los demás crean o no en ello. No creo en la existencia de un solo mundo, creo en la existencia de cientos, de miles, de millones de mundos paralelos al nuestro. Cada persona es un mundo. Sus ideas, creencias, son su propio mundo», Raquel Villanueva, ‘Relatos de una adoratriz’).
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