Busca llevar la Psicología “desde su parte más humana” y, en esa intención, se encontró incluso a sí misma con un tema que le preocupaba y que tiene que ver con su propia historia. El cáncer le tocó de cerca, en casa, y eso le hizo pensar en la importancia de arropar al enfermo y a la familia desde su parcela.
Es algo sobre lo que lleva tiempo trabajando y, desde hace cuatro meses, lo hace desde Ponferrada, después de pasar por Madrid y decidir una vuelta a casa con esa perspectiva que quiere difundir. Lo hace ahora al lado de Oncobierzo, una plataforma a la que sigue y que considera necesaria para tender ese abrazo que necesitan los pacientes más vulnerables y sus familias, esos que un día escuchan un diagnóstico que les hace temblar y que necesitan un empuje para no sucumbir ante todo lo que conlleva.
Ahora Judit quiere ayudar a esos pacientes compartiendo con ellos y sus acompañantes una charla —el próximo día 21 de abril en La Térmica Cultural— desde la que ofrecer un camino de gestión de sentimientos en el que considera que hay huellas profundas que pisar: la empatía, el respeto y, sobre todo, la comunicación.
Para quienes no puedan asistir, Judit se pone a su disposición a través de su correo: https://juditmerayopsicologa.es/
-¿Porqué se ha implicado con esa idea de Oncobierzo de ofrecer una herramienta de gestión para pacientes y familiares, es algo que falta?
-Me interesaba mucho hacer algo sobre la salud mental con Oncobierzo porque, aparte de lo complejo que supone enfrentarse a un diagnóstico de cáncer en El Bierzo, tienen la incertidumbre médica de si hoy tendrán médico o tendrán que desplazarse...
-Tal vez eso hace que haya muchos pacientes que sufran esa desazón por las causas que comenta...
-Ahora mismo no tengo pacientes que estén con esta problemática; sí familiares, porque llevo en León cuatro meses. Pero personalmente sí lo he vivido. Me tira más la parte profesional que puedo dar.
-Y en esa parte personal, ¿qué es lo que vivió? ¿Es mucho sufrimiento pasar por ese proceso de cáncer y sumar a ello no tener oncólogos fijos que ayuden en la recuperación?
-Claro que es mucho sufrimiento, porque al final te enfrentas a un problema que puede acabar con tu vida. No hablamos de un cambio de trabajo, sino de un diagnóstico de cáncer que depende mucho de en qué fase esté y de los tratamientos que te puedan dar... Y si a eso le sumamos que lo más básico del mundo, tener una atención médica continua y no estar cambiando de oncólogo cada poco, no se da, no se está atendiendo como se debe a una zona que tiene una incidencia de cáncer alta, entonces emocional y psicológicamente el impacto es mucho mayor. No estás luchando solo contra algo que sabes que es perjudicial en tu cuerpo, sino también contra la inestabilidad emocional y logística de contar con un médico o con un psicólogo.
-Subraya algo que las familias de enfermos en Oncobierzo repiten constantemente: no sirve contar con un oncólogo distinto cada día. El sistema sanitario se cansa de decir que hay oncólogos, pero desplazados y no fijos. Los enfermos y los familiares consideran que no es lo adecuado. ¿Coincide con ellos?
-Es cuestión de confianza. El oncólogo te está diciendo cuál es tu proceso, cómo reaccionas ante el tratamiento. Tienes una relación muy estrecha en un momento en el que el paciente es muy vulnerable emocionalmente hablando. Cambiar de oncólogo cada poco es perjudicial para ese paciente, porque necesita estabilidad ante esa incertidumbre de no saber lo que va a pasar, esa pérdida de identidad —porque tal vez tengas que dejar tu trabajo, tu vida familiar cambia—... A eso añades que las instituciones que te deben sostener no lo hacen. Es mantener un equipo; si te lo cambian, y eres vulnerable, imagínate qué puede pasar.
-De todos modos, hoy hablar de cáncer, ¿es lo mismo que hace una década?
-No, no es lo mismo. Ha habido muchísimos avances y muchas más posibilidades, más calidad de vida, más tiempo. Pero lo básico es que, en una situación vulnerable, puedas tener atención médica y psicológica. Eso es clave.
-Los enfermos de cáncer ven también esa parte: la necesidad de una ayuda psicológica que deben buscar fuera del servicio sanitario público. Les ayudan a curarse físicamente, pero no psicológicamente...
-Las personas que tienen cáncer tienen que buscar de manera privada esa ayuda psicológica. No hay un sostén de la sanidad para ellos. Y las asociaciones no dan abasto para ofrecerlo, porque hay tal porcentaje de familiares y pacientes a atender que no pueden. Es un problema social e institucional, porque el paciente, aunque necesite terapia, tiene mucho más en lo que trabajar. Es una presión más: buscar terapeuta, ver si se adecua a sus necesidades... Creo que lo más coherente y positivo sería que, igual que se deriva a una radioterapia o a una operación, se derive a un psicólogo. Es básico. Es cuidar la salud mental para dar las herramientas necesarias.
-Porque cuando una persona recibe un diagnóstico que lleva esa palabra, supongo que en segundos se desencadena un antes y un después...
-Totalmente, porque la palabra cáncer lleva implícita la muerte para el diagnosticado, que directamente saca su miedo, tristeza, rabia, incertidumbre e inestabilidad. Todo tipo de emociones desagradables emergen y el miedo muchas veces bloquea. A la persona a la que le diagnostican cáncer se le cae el mundo encima porque cambia todo lo que conoce. Ya no puede desarrollarse igual. Todo se queda de lado por curarte.
-La psicología tiene una función fundamental ahí, pero también la familia. ¿Quién lo gestiona mejor: el que lo padece o el que lo acompaña?
-No podría dar una respuesta, porque todos tienen reacciones emocionales dependiendo de las herramientas que tengan. El paciente está sufriendo por lo que está viviendo y el familiar por estar viéndolo. Nadie lo lleva mejor que otro, pero es necesario tener distintas maneras de afrontarlo para tomar distintos caminos. Puedes tener miedo a volar: unos lo que hacen es evitar volar y otros lo hablan para intentar afrontarlo.
-Hablamos de los cambios cuando recibes el diagnóstico, pero tras ese segundo hay muchos segundos en los que la vida va cambiando. ¿Cómo se puede acompañar y gestionar, a tan largo plazo, una repercusión mental de esta enfermedad?
-Yo digo mucho que no son las cosas que te pasan, sino cómo gestionas lo que te pasa. Hay que ir poco a poco, porque va pasando el tiempo y tienes que ver cómo evolucionan las cosas. Por eso es fundamental acudir a terapia incluso antes del diagnóstico, porque que alguien te escuche y te ayude a entender lo que te está pasando es un paso. Es ponerle nombre a lo que nos pasa. Se necesita un sostén emocional desde el principio e ir encajando lo que te pasa, porque no hay una fórmula mágica para ejercer ese sostén.
-Incluso muchos enfermos lo que buscan es hablar con otros que hayan pasado exactamente lo mismo. ¿Es fundamental esa terapia grupal?
-Totalmente, porque somos seres sociables que necesitamos comunidad y pertenencia, más cuando estás viviendo una situación vulnerable. Ver al otro que pasa por lo mismo que tú permite apoyaros. Necesitas ese apoyo. Se genera una pertenencia muy fuerte.
-Y cuando acaba todo esto, ¿tiene un fin o un enfermo de cáncer va a necesitar terapia de por vida?
-No siempre un enfermo de cáncer va a necesitar un tratamiento mental, porque un proceso psicológico empieza y termina. Pero sí se necesitan herramientas para poder afrontar ciertas cosas. Los procesos terapéuticos tienen unos objetivos que cumplir. Una vez que los cumplo, dejo la terapia, pero puede que haya una recaída emocional, que se reactiven los miedos y tal vez tenga que volver a tratamiento. Hay que ver qué vida anterior hayas tenido, si has estado abandonado emocionalmente o has tenido arrope...
-Porque un cáncer puede llegar a sacar a la superficie otros problemas que hasta ese momento no se hubieran declarado en el paciente...
-Sí, porque el cerebro es muy inteligente. Si llevas una vida estable, en la que gestionas emociones sencillas, puedes seguir, pero cuando la vulnerabilidad entra en el círculo, se activan los mecanismos de defensa y es más sencillo que todo eso salga a la luz.
-O sea, que si tienes un cáncer todavía puede empeorar...
-Sí o no. O igual ahí salen también las herramientas que te han dado tus padres para afrontar ciertas cosas. Lo que sí va a demostrar es que va a hacer que tus patrones de comportamiento aprendidos salgan, porque lo hacen de manera irracional; no lo vas a poder controlar.
-Digamos que te haces más real...
-Sí, puede ser, porque en tu día a día manejas las emociones, pero esos patrones dormidos van a salir con esa vulnerabilidad.
-¿Qué consejo, dentro de que cada persona es un mundo, le podría dar a pacientes y familiares para tener esa herramienta desde la que gestionar un diagnóstico de cáncer?
-Creo que lo más básico que hay es comunicar. No tiene que haber secretos y debe ser una comunicación constante, porque es fundamental saber lo que te pasa. Si el otro lo sabe, puede tener una mejor manera de sostenerte. Tiene que haber mucho respeto, mucha comunicación y mucha empatía.