José Luis Cavero: "Hacemos una función que no hace ninguna otra institución, la investigación"

El nuevo presidente del Instituto de Estudios Bercianos inicia su mandato con la deuda cubierta y con la intención de relanzar el proyecto con nuevas ideas relacionadas con la arquitectura o el senderismo

19/01/2026
 Actualizado a 19/01/2026
El nuevo presidente, José Luis Cavero en el salón de su casa.
El nuevo presidente, José Luis Cavero en el salón de su casa.

Es socio del Instituto de Estudios Bercianos (IEB) por parte de padre. Fue él, trabajador de la MSP, quien le transmitió el espíritu de un proyecto que nacía con la voluntad de aglutinar todo lo que oliera a cultura en los años de la Transición. Recuerda que comenzó a participar en las excursiones que organizaba el Instituto acompañado de su padre; la primera fue a Las Médulas, una experiencia que aún evoca como todo un descubrimiento. Incluso una zona inundable le pareció entonces un lago interior. Desde aquel momento, reconoce que no ha dejado de interesarse por la mina romana.

Analista programador informático, posteriormente consultor y gestor de proyectos, su trayectoria profesional siempre contrastó con una vocación cultural muy marcada y con un vínculo permanente con El Bierzo, al que regresaba siempre que su Madrid de adopción se lo permitía o cuando algún proyecto cultural así lo requería.

Siempre ligado a grupos de teatro y al proyecto de CIMA, que impulsó junto a otros catorce monitores, todo lo que tenía que ver con la cultura formaba parte de su agenda, bajo una premisa clara: “si no te dan cultura, la generas”. Y así lo ha hecho, aunque reconoce que no estuvo solo: “éramos unos cuantos culturetas, casi siempre los mismos”, que en los años ochenta dejaron un poso que hoy adopta nuevas formas.

En su caso, ese legado se concreta ahora en asumir la dirección del Instituto de Estudios Bercianos tras uno de los momentos más difíciles de su historia, con una deuda que llegó a alcanzar los 120.000 euros y que puso a la institución contra las cuerdas. Superada esa etapa, Cavero toma las riendas con el objetivo de seguir construyendo Bierzo desde la cultura y desde dentro.

-¿Qué es lo que le llevó a interesarse por la presidencia del IEB?

-Siempre tienes cosas en la cabeza, pero lo que ha primado para decidirme ha sido la responsabilidad. Teníamos claro que no podíamos continuar con una gestora una vez asumido el esfuerzo de saldar la deuda; había que convocar elecciones.

La deuda se ha amortizado al cien por cien. Queda pendiente una subvención de la Junta de Castilla y León, sobre la que aún no sabemos qué va a pasar, pero en el peor de los casos supondría devolver alrededor de mil euros, algo que cabe dentro de lo asumible.

Sabíamos que, aunque se hubiera pagado la deuda, nadie iba a presentarse al proceso electoral, así que preparamos una candidatura que finalmente ha sido elegida en asamblea. Parte de la gente de la gestora no podía continuar, otros no podían seguir por distintos motivos.

Mar Palacio, presidenta de la gestora, quería retirarse, pero le puse como condición que continuara. La quiero en el equipo. Su experiencia es fundamental: lleva 20 años vinculada a la institución y sus contactos y conocimientos son impagables. Es un archivo con patas, y su presencia es clave para el futuro del Instituto.

"Ponferrada se está desguazando.  Antes había una tipología arquitectónica definida; ahora no"

-Se ha rodeado de un equipo que ¿cómo lo presentaría?

-Tenemos a los dos jóvenes, Ángel y Valeria. Lo teníamos claro con Valeria después de que ganara el Premio Antonio Estévez. Está sacándose el doctorado y tiene muchas ganas de investigar. Eso llamó la atención cuando ganó el premio. Tiene capacidad e ideas.

Ángel es director de la Fundación Cultura Minera y también teníamos claro que queríamos contar con él. Se lo propusimos y dijeron que sí.

Quisimos contar con la experiencia de Teresa, siempre colaboradora con su marido, el fallecido Mariano. Conoce muy bien la institución y aceptó estar.

Miguel Ángel es arquitecto y es algo en lo que quiero incidir. Llevo años con eso en la cabeza. Me gusta la arquitectura como valor patrimonial. Ponferrada se está desguazando. Hay casas “cebra”. Antes había una tipología arquitectónica definida; ahora no. Es un tema que me interesa. Hemos perdido la arquitectura tradicional, incluso la de los años 30.

No tenemos grandes edificios en Ponferrada; los hemos retirado y vamos a trabajar en ello. Hay ciudades en las que las visitas guiadas a edificios son una posibilidad y es algo que me gustaría. Hay que conservar los edificios que van a ser el patrimonio de mañana. Ahora admiramos el Castillo porque lo hemos conservado.

-Además de ese proyecto de meter las manos en el tema de la arquitectura, ¿con qué otras ideas inicia su mandato?

-Con la pandemia se paró la sección de senderimos y queremos recuperarla, relacionada con otros temas como la arqueología, la botánica. Colaboraremos con la Peña Gisterdo y con otros grupos.

-¿Qué potencial le ve en la actualidad al IEB?

-Es enorme su potencial porque hacemos una función que no hace ninguna otra institución: la investigación. En Ponferrada no se puede hacer esa labor porque el personal tiene que hacer otras cosas. La gente nos ofrece sus propias investigaciones porque somos editores. Somos un referente y tenemos un potencial que no tienen otros.

Como cubrimos toda la comarca, hay municipios que no tienen capacidad para hacer actos culturales. Nosotros no tenemos muchas subvenciones, pero vamos haciendo cosas.

-En los últimos años, con el problema de la deuda generada por el anterior grupo de dirección ¿les sorprendió el respaldo social e institucional que se dejó ver para recuperar la entidad?

-Nos sorprendió y no. Pensamos que el desprestigio social había sido mayor. La prensa empezó a ayudarnos y la gente se creyó nuestra versión. Al principio, muchos no se creían que estuviéramos en banca rota. Se habían peleado con todas las instituciones y se habían metido en charcos con el IEB en los que no debían.

El IEB es cultura y patrimonio, y es apolítico, y esa es la clave. A nivel institucional nos costó que se dieran cuenta de que no éramos los mismos. En el tema de Las Médulas, se acusaba a la Junta de lo sucedido (no se pagaba a los trabajadores del Aula Arqueológica que gestionaba el IEB).

Desde el momento en el que volvimos a hacer actividades, los socios respondieron y seguimos adelante. Las instituciones se han dado cuenta de que cubrimos campos a los que ellas no llegan y nos han ayudado a hacer cosas. Nos hemos ayudado entre todos y se ha visto que hay cosas que solo hacemos nosotros.

La gente se ha dado cuenta de lo que hacemos y tenemos el respaldo de casi 700 socios, y eso hace que tengamos muchos contactos, algo que es fundamental.

"Las instituciones se han dado cuenta de que cubrimos campos a los que ellas no llegan"

-Es una red amplia que ¿tienen en previsión que crezca? 

-Sí. Ha crecido durante la crisis económica. Muchos se fueron en ese momento, pero después volvieron y hemos crecido en unos 100 socios, y hay gente esperando para hacerse socia. Queremos recuperar el número de socios que teníamos en tiempos de Mar como presidenta, que eran más de 700. Es un reto alcanzable, porque la cuota es pequeña.

Tenemos subvenciones, pero no todo se cubre con ellas. La deuda no se sufragó con ese dinero, porque no puede ser así: las subvenciones se conceden para actividades y deben destinarse a ese fin. Al menos hemos conseguido mantenerlas y no se nos ha expulsado del local.

En este tiempo hemos trabajado el doble, porque la deuda era el doble de lo que es nuestro presupuesto anual. Desde los 60.000 euros que se reconocieron inicialmente como deuda, hasta los 85.000 euros que nos encontramos después, y lo que fue surgiendo, se llegó a un total de 120.000 euros.

Actualmente contamos con 27.000 euros en subvenciones y alrededor de 20.000 euros aportados por los socios.

-La institución ha pasado tal vez por su peor momento en la historia, con esa deuda que casi hizo que desapareciera ¿cómo lo ha vivido desde dentro?, ¿hay culpables?, ¿quedan flecos por resolver?

-Claro que hay culpables: la anterior directiva, no solo por su mala gestión, sino también por no frenar el gasto a pesar de darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Seguían organizando actos y asumiendo gastos con las cuentas ya en negativo. Y hablamos de una abogada y de un técnico de la Unesco al frente de la entidad.

Si quedan flecos, económicamente puede que aún quede alguno, porque no elaboraron la memoria de una actividad para la que solicitaron una subvención. Lo hicieron a sabiendas y es posible que haya que devolver esa ayuda. Todavía no nos ha llegado ninguna reclamación, pero hemos presentado ya esa memoria y estamos a la espera, con la esperanza de poder evitar la devolución.

Cavero con un libro de Noemí Sabugal entre manos.
Cavero con un libro de Noemí Sabugal entre manos.

-Y si no libran ¿podrían llegar a sentar en el banquillo a esa directiva?

-Sí, eso es lo más desagradable de todo este proceso. No me duele tanto que cometieran errores en la gestión, porque puede haber fallos; a veces no se pueden justificar determinados gastos. Pero para eso están los presupuestos, para atar las cosas y no pillarse los dedos.

Lo que más me duele es que no lo reconocieran, que no fueran honestos con los socios, que les mintieran, que cerraran el Aula Arqueológica y no pagaran a los trabajadores, que ni siquiera pudieron cobrar el paro. No reconocieron que habían cometido errores graves.

Les hemos enviado cartas y no han respondido. Se han dado de baja del IEB. Es una situación muy desagradable, pero la asamblea de socios nos pidió que intentáramos recuperar parte de la deuda por posible negligencia.

Si se demuestra falsedad documental o que se actuó a sabiendas de la deuda real que se tenía, tendrán que responder. Fueron muy poco elegantes y ahora debemos seguir adelante con una demanda, en función de lo que nos indique el abogado.

-Habla de Médulas. Ahora es la Junta la que gestiona el Aula Arqueológica. En su cabeza no está recuperar la gestión de ese patrimonio o de otro  en la comarca, ¿es algo que no contempla?

-Seguimos siendo patronos de la Fundación Las Médulas, colaboramos con ella, pero no hemos pensado en seguir con aquella fórmula. No nos lo han pedido. En Castilla y León éramos los únicos que gestionábamos algo así siendo una asociación. Teníamos ese privilegio. Hoy Médulas sigue sin resolver sus problemas en la gestión, y eso hace que la gente vaya y no sepa lo que ve. Nunca he visto ese tipo de problemas en otros patrimonios.

-¿Augura que esa situación llegue a cambiar en algún momento?

-Mi opinión personal es que solo con un mando único puede resolverse. Alguien debe ordenar. Se puede hacer mucho y a nivel del IEB vamos a ayudar  a la Fundación para que sea así.

"Si se demuestra falsedad documental o que se actuó a sabiendas de la deuda real que se tenía, la anterior directiva tendrá que responder"

-Como presidente ¿qué es lo primero que va a hacer?

-Tenemos que sentarnos porque contamos con una memoria de actividades de la gestora que queremos mantener, como el concurso de composición de órgano, el certamen de acordeón, las Jornadas de Autor o las Jornadas de Historia. Nos piden que demos continuidad a estas iniciativas y creemos que es importante hacerlo.

Queremos, además, impulsar un congreso de arqueología para la presentación de trabajos de investigación, porque son muchos los investigadores que acuden a nosotros. Somos un garante de calidad y saben que, si lo organiza el IEB, el proyecto tendrá difusión y rigor, algo que nos estimula y nos compromete. Todo eso hay que mantenerlo.

Me sentaré con todo el equipo para elaborar una lista de todas las ideas que han ido surgiendo. Algunas se podrán llevar a cabo y otras no, pero siempre nos ajustaremos al presupuesto, que es limitado. Para hacernos una idea, hay asociaciones de vecinos que manejan más recursos que nosotros, ya que solo contamos con 7.000 euros de la Diputación y 20.000 del Ayuntamiento. Aun así, intentaremos hacer todo lo posible con esos fondos.

Ideas hay muchas, y cuando empecemos a reunirnos las iremos contando. Una de las propuestas que queremos desarrollar es una extensión del ciclo de música clásica Corteza de Encina, que se celebra en verano en el Castillo. Este año probaremos a sacarlo, tal vez, a varios pueblos del municipio.

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