La Iglesia de Santiago de Villafranca del Bierzo

La Iglesia de Santiago de Villafranca es uno de los templos más emblemáticos del Camino de Santiago a su paso por la comarca berciana

Ramón Cela
05/07/2026
 Actualizado a 05/07/2026
Uno de los Años santos, al abrir la puerta del Perdón. | RAMON CELA
Uno de los Años santos, al abrir la puerta del Perdón. | RAMON CELA

Corría el siglo IX, cuando los peregrinos caminaban, arrastrándose por el Camino de Santiago y con ellos cientos de monjes que hacían penitencia en busca de la Salvación Eterna, algo que movía voluntades a la vez que incredulidad de aquellos que no sentían dentro de sí la fe que los monjes y peregrinos derrochaban, no pensando en sí, sino en trasladar a generaciones venideras, para que, como sucedió siempre a través de los tiempos, en todas las épocas y religiones, la iglesia de Santiago de Villafranca fuera un eslabón más en el Camino de la Fe.

Esto nos da una muestra más de que en El Bierzo se llegaron a construir bastantes iglesias de estilo románico y prerrománico, algo que fácilmente podemos advertir con una pequeña vista a esta comarca privilegiada.

Mucho antes, los celtas ocupaban distintos baluartes en los abundantes castros que están documentados.  Tales son los que rodean Villafranca, lo que sin duda da mucha verosimilitud al hecho de que siglos después se hubieran edificado iglesias y monasterios, muchos de ellos hoy abandonados y olvidados, como en el caso flagrante de Corullón, que fue en tiempos pasados la población berciana que contaba con más iglesias de toda la comarca y que hoy conserva tres iglesias románicas, al igual que Villafranca, que, entre otras circunstancias, la hacen acreedora del mayor número de toda la comarca berciana, sin contar con las capillas de gentes adineradas que existen en algunos palacios de la villa.

Pero hoy toca hablar de la iglesia de Santiago de Villafranca del Bierzo, que no hace mucho tiempo fue restaurada en su totalidad y que tiene, como es sabido, la Puerta del Perdón, pues de todos es conocido que en el año 1122, los papas Calixto III y Urbano II concedieron el privilegio de ganar las mismas indulgencias que en la Catedral de Santiago de Compostela, siempre en Año Santo y cuando el peregrino tenga enfermedad o accidente que así lo acrediten. Algo que ha sucedido recientemente y en tiempos pasados.
Hoy, restaurada, son miles los peregrinos que no quieren continuar el Camino sin haber visitado esta iglesia que tanto les dice y de la que hoy me permito revelar un secreto que incluso muchos villafranquinos no conocen.

Hace setenta años, bajo las órdenes de Norberto Beberide, Don Mariano Remacha, Ramón López Mallo, Manuel Valdés y José Villarejo, se realizó una restauración de esta iglesia y de la Puerta del Perdón, que permanecía tapiada con mampostería, con un tejado en muy malas condiciones y un altar de estilo barroco de escaso valor. 

Se halló bajo el ara del altar una caja con restos óseos que se enviaron al Obispado y que devolvieron varios meses después con la orden de que se pusieran en el altar de piedra que se había construido y que nadie hablara sobre el particular.

Como yo era un niño, me entretenía ayudando a los obreros a sacar centenares de carretillas de huesos encontrados bajo el piso, que era de madera vieja y que fue sustituido por un suelo de baldosas de piedra.  Al mismo tiempo, se colocó en el altar el Cristo de estilo bizantino, cuya espalda había servido de escalón en la sacristía y que tenía la cara pintada con un chapapote de brea. Cristo que se bajó a la Iglesia Colegiata y que hoy preside el Altar Mayor, después de una costosa restauración.

Esta iglesia fue testigo involuntario de la batalla contra los franceses, donde se afirma que los heridos eran llevados a ella para bien morir, mientras la imagen del Cristo pasaba desapercibida al servir su espalda de escalón en la sacristía. 

La batalla y el incendio del castillo contribuyeron a que los cientos de cadáveres encontraran la paz en un recinto sagrado, como sin duda es la Iglesia de Santiago, en Villafranca del Bierzo.

Un peregrino ante el templo villafranquino. | RAMÓN CELA
Un peregrino ante el templo villafranquino. | RAMÓN CELA

 

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