El Bierzo como identidad: la historia detrás de una marca territorio

Fue el Consejo Comarcal el que cogió las riendas de un DNI que pedía un símbolo que condensara su orgullo colectivo

01/02/2026
 Actualizado a 01/02/2026
Juan Orive es el autor de la marca. | MAR IGLESIAS
Juan Orive es el autor de la marca. | MAR IGLESIAS

Había una necesidad latente, casi palpitante, que brotaba desde dentro del propio Bierzo. No surgía tanto de las administraciones como del pulso social, de un territorio que llevaba años respirando identidad propia. Ese sentimiento, tan extendido entre los bercianos, fue el que acabó contagiando al Consejo Comarcal —la única comarca reconocida como tal en Castilla y León— y lo llevó, durante el mandato de Gerardo Álvarez Courel, a dar un paso inédito: crear una marca territorio que condensara ese orgullo colectivo.

El encargo recayó en Juan Orive, diseñador salmantino afincado en El Bierzo y casado con una berciana “de pro”, como él mismo dice. “Tuve que venir yo de fuera para dibujar vuestra identidad”, comenta entre risas, aunque reconociendo que el reto era “gigante”. Junto a sus compañeros Pedro y Alberto, desde el estudio Genuine, comenzó a trazar las primeras líneas de lo que debía convertirse en un símbolo común para todos.

La idea no era sencilla. ¿Cómo traducir una identidad tan compleja, tan emocional, en una imagen que funcionara para todos? ¿Cómo unificar un sentimiento colectivo sin caer en tópicos? La solución, explica Orive, fue convertir la tipografía en la propia marca. Más de una decena de propuestas pasaron por sus manos —y por sus seis ojos— antes de dar con la definitiva.

Desde su presentación en 2022, esa palabra en mayúsculas, BIERZO, dibujada en azul y rojo, sin huecos, con una grafía exclusiva que remite a la roca y al mineral, no ha dejado de hacerse grande.

Una tipografía con carácter: robusta, redonda y pétrea

La marca territorio debía representar al Bierzo de los de dentro, conectar con el turismo y, al mismo tiempo, reflejar el vínculo emocional de quienes lo habitan. Para ello, Orive y su equipo definieron una tipografía “robusta”, en alusión al carácter berciano; “redonda”, por sus frutos y su fertilidad; y “pétrea”, como las raíces mineras y la fuerza de la tierra.

“Queríamos que fuese una imagen democráticamente creada, que cualquiera pudiera sentir como propia”, explica el diseñador. Y así nació una marca “con peso, contundencia y solidez”. Su éxito, asegura, radica en que no es común: “Fue una propuesta arriesgada porque no lleva símbolos. La tipografía es el símbolo”.

La emoción que despierte, dice, ya dependerá de la experiencia que se construya alrededor de ella. “Las posibilidades son infinitas, da muchísimo juego”.

El Bierzo como DNI emocional

“Cada marca es como un DNI”, reflexiona Orive. En el caso del Bierzo, ese documento visual expresa un orgullo que ya existía antes: “No hay berciano al que no le guste llevar Bierzo en el pecho”. Y si es con los colores de su bandera —también presentes en la Ponferradina—, mejor aún. El rojo, recuerda, representa incluso “la consanguinidad”.

Uno de los momentos clave del proceso fue comprobar que podían usar Bierzo, sin artículo, tras realizar consultas a la RAE. “Eso nos dio mucho juego”, afirma. A partir de ahí, buscó recuperar la mirada infantil, casi primitiva, para dar con una imagen “superpotente”, capaz de verse en bolsas, latas de conservas, productos locales, cojines, o incluso rotulando glorietas.

De la marca a la constelación de subidentidades

A partir del diseño principal se han creado submarcas específicas —como hace ‘Tierra de Sabor’— y otras piezas más emocionales como el lema “Yo soy del Bierzo”, que ha conectado de inmediato con el público. La respuesta, reconoce Orive, ha sido “una bomba”.

Pero falta dar el siguiente paso, insiste: “Primero hay que contar bien qué es. Representa a mucha gente y no es fácil. Tiene que unir y ser propio”. Está convencido de que la marca lo consigue, aunque señala un obstáculo que todavía se arrastra: “El berciano no se cree lo bueno que es”.

Confía en que esta nueva seña de identidad —cada vez más presente, más reconocible, más adoptada— ayude por fin a romper ese techo invisible.

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