Del hoy (ciudad) al ayer (pueblo grande)

Nueva entrega de la sección 'Del hoy al ayer', de Rafa Casas

Rafa Casas
15/03/2026
 Actualizado a 15/03/2026
En primer plano la Casa Cubelos, el puente de la Puebla y la espadaña de la iglesia de San Pedro..
En primer plano la Casa Cubelos, el puente de la Puebla y la espadaña de la iglesia de San Pedro..

Hoy, al decir el nombre de Ponferrada, podemos afirmar que suena lo suficiente como para identificarla como capital de una comarca singular: El Bierzo. Urbe con una nueva proyección urbanística, más acorde con los tiempos que vivimos, alberga poco más de 63.000 almas. En el pasado, eran pocas las gentes que supieran ubicarla correctamente; venía a ser como un “pueblo grande”, asociado a la minería, sin zonas verdes, ni fuentes, ni avenidas, ni instalaciones deportivas… Con un trazado urbanístico precario, era una ciudad carente de alicientes culturales. El censo de población rondaba los 24.000 habitantes.

Hoy cuenta con unos 4.000 nuevos residentes extranjeros, mayormente procedentes de Cuba, Venezuela o Colombia, debido a las difíciles circunstancias políticas y económicas de sus países de origen. En el pasado eran inmigrantes procedentes de las zonas rurales de la propia comarca o bien de regiones de España como Galicia, Asturias o Castilla, destacando la provincia de Zamora. Un dato a tener en cuenta es que la ciudad pasó de unos 45.000 habitantes en los años 70 a los 53.000 en apenas una década.

En los tiempos actuales se aprecia un mayor potencial en el sector agrícola. A nivel vinícola cabe destacar variedades de uva como la mencía o la godello; en frutas, productos de primera calidad como la manzana reineta, la pera conferencia o las cerezas; también hortalizas y, cómo no, el pimiento, las castañas y, cada día con mayor auge, la miel y el queso. En el ámbito industrial destacan el mundo de la pizarra, la fabricación de palas y fustes para aerogeneradores, la del vidrio aislante y las empresas cárnicas de embutidos. Asimismo, se especula con el desarrollo de Caylog (centro logístico), con conexión ferroviaria y acceso a puertos.

En el pasado, el motor económico era la minería del carbón —destacaba la MSP— junto al sector eléctrico —ENDESA— con la central térmica de Compostilla II. Este desarrollo se debió en gran medida a la política franquista basada en la autarquía y en la explotación de recursos nacionales. También tuvo importancia la metalurgia de talleres y fábricas auxiliares que giraban en torno al mantenimiento de maquinaria minera y ferroviaria. Como caso aislado cabe mencionar la empresa Roldán, ubicada en Santo Tomás de las Ollas.

Como otras muchas ciudades españolas, cuenta hoy con grandes superficies comerciales que abarcan todo tipo de sectores: alimentación, calzado, ropa o complementos. En el pasado no existían supermercados —salvo los economatos de la MSP y de la Térmica— ni grandes centros comerciales. Eran locales de ultramarinos, sastrerías, panaderías, ferreterías…, junto al comercio de ropa, calzado o droguerías. En su mayoría eran negocios familiares en los cuales al cliente de confianza se le fiaba.

En educación existían las escuelas nacionales de La Puebla —parte baja— y Campo de la Cruz —zona alta—; las de la MSP; y, a nivel particular, la de doña Lucrecia Canal o la Academia Berciana de don Baldomero. Como centros religiosos destacaban San Ignacio, las Concepcionistas o las Alemanas. Las aulas estaban separadas: niños por un lado y niñas por otro. Como línea pedagógica predominaban la pizarra, la palmeta y la memorización, típicas de aquellos años. También existían institutos con muchos años de historia, como el “Gil y Carrasco” y el “Sindical-Virgen de la Encina”.

En pleno siglo XXI, un Campus Universitario dependiente del de León permite cursar estudios de Enfermería, Fisioterapia, Podología, Nutrición, Ingeniería Agroalimentaria, Geomática y Forestales; en un futuro no muy lejano, también el Grado de Medicina. A ello se suma el colegio universitario “La Tebaida”, de reciente construcción, y el centro de estudios de la UNED.

Las zonas habitadas de la Ponferrada que conocí y empecé a descubrir se reducían básicamente a dos lugares: la zona alta (casco viejo) y la zona baja (barriada de La Puebla). Otros núcleos importantes, pero separados de la ciudad y con apenas conexiones, eran el barrio de Flores del Sil, Cuatrovientos, La Placa y la Térmica.

Vista actual del barrio de La Rosaleda de Ponferrada. | QUINITO
Vista actual del barrio de La Rosaleda de Ponferrada. | QUINITO

Flores del Sil, en sus comienzos —hacia 1920—, eran terrenos agrícolas de cereales y huertas de secano pertenecientes a Toral de Merayo. Se le conocía con el nombre de “Cerámica Berciana” o “Camino de los Burros”. Un visionario de aquella época, José Merayo Reguera, “Morete”, dio impulso y nombre a este paraje a la vera del río Sil. La construcción de la presa de La Martina, con origen en la zona del Jericol, contribuyó a dar un cambio radical al barrio. La zona conocida como la Cemba Alta vería, en el año 1958, la creación de 394 viviendas destinadas a trabajadores de la empresa MSP. Así nació el espacio conocido como poblado de la Minero, con las carboneras fuera de la propia vivienda.

Cuatrovientos, hasta 1921, era un campo de centeno, pedregales y pastos de ovejas pertenecientes a Columbrianos. La construcción del ferrocarril de la MSP (1918), junto con la del Canal Bajo del Bierzo, atrajo numerosa mano de obra. Así, llegado el año 1961, se contabilizaban unas 400 viviendas ocupadas por alrededor de 500 familias. Su nombre surgió de un brindis “a los cuatro vientos” en la cantina de los hermanos Ovalle. Tanto este barrio como el anteriormente citado cuentan hoy con centro de salud —III y IV, respectivamente—, centros educativos —tanto públicos como concertados—, zonas verdes, parques, instalaciones deportivas, supermercados y farmacias.

En lo referente a lo que en un primer momento se denominó poblado de la Térmica y que, con el devenir del tiempo, pasó a ser el barrio de Compostilla, eran construcciones destinadas a albergar a trabajadores relacionados con la construcción de la Central Térmica de Compostilla I. En sus inicios fueron 141 viviendas organizadas siguiendo el modelo de ciudad jardín. En el centro del poblado se situaba la iglesia de Nuestra Señora del Refugio.

Con el transcurrir del tiempo y por diferentes circunstancias empecé a conocer el barrio de La Placa, al haberse instalado en dicha zona las piscinas para uso y disfrute de empleados y familiares de la MSP. A escasa distancia se extendía un terreno donde se encontraban los talleres de RENFE, destinados a reparar y mantener las locomotoras de dicha empresa ferroviaria. En uno de sus hangares existía una placa giratoria de unos 25 metros de longitud que permitía girar las locomotoras para dirigirlas a las distintas naves. Esa estructura dio nombre a este nuevo barrio ponferradino.

Al asistir al fútbol para ver jugar a la Sociedad Deportiva Ponferradina en el desaparecido campo de “Santas Martas”, descubrí un peculiar conjunto de viviendas denominado poblado de Ciudad Jardín. Al acudir a bañarme a la zona de la “V” —casi a los pies de la Fuente del Azufre— comencé a caminar por el barrio de Las Encinas, el colegio del Espíritu Santo (las Alemanas) y el famoso “Camino Negro”. Poco a poco fueron surgiendo barrios como el de la Estación, Temple, los Judíos, Huertas del Sacramento o Puente Boeza… y, en la década de los 90, chalés unifamiliares en una zona de entorno natural junto a la carretera Ponferrada-Molinaseca: la urbanización Patricia. Ya en tiempos más recientes, el moderno barrio de La Rosaleda.

En los últimos años, en el desarrollo y avance de Ponferrada, he podido comprobar la evolución y conversión de espacios como el de Compostilla I en La Térmica Cultural; la antigua central térmica de la MSP en La Fábrica de Luz-Museo de la Energía; la Casa de los Escudos en Museo de la Radio; la Real Cárcel-Palacio de los Condes de Toreno en Museo de El Bierzo; o la antigua escombrera de la MineroMontaña de Carbón— en el Parque de la Juventud, entre otros.

En el plano personal —nací a finales de 1952, por lo que soy ya un señor de cierta edad— pertenezco a esa generación para la que finales de los años 70, y más concretamente el año 1977, supusieron un antes y un después en varios aspectos de nuestras vidas. Las elecciones generales del 15 de junio de 1977 marcaron el comienzo de una carrera trepidante hacia la democracia y el abandono de las cuatro décadas de franquismo.

La utopía —o el anhelo— de acontecimientos como la legalización del PCE, el aborto, el divorcio, la supresión del servicio militar obligatorio, el topless o el nudismo en las playas abría una ventana a todo tipo de cambios culturales, sociales y económicos, así como a la integración en una Europa con garantías democráticas de las que no habíamos podido disfrutar hasta la muerte de Franco. La aprobación de la Constitución de 1978, con sus pros y sus contras, trazó la línea que supuso una reconciliación y reencuentro entre las dos Españas en que había quedado dividido el país a consecuencia de la Guerra Civil de 1936 a 1939.

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