No podía moverse del cuello hacia abajo. Eso fue lo primero que sintió hace cinco años, desde una cama de hospital en Mallorca, donde trabajaba el ponferradino Will Anthony, tras sufrir un accidente de tráfico que cambiaría su vida por completo tras dejarle parcialmente tetrapléjico.
Will era deportista, soldador y, además, trabajaba por las noches como portero de discoteca. Reconoce que fue precisamente ese segundo empleo el que lo llevó al límite: se quedó dormido al volante un día del Pilar, camino a casa. A punto estuvo de perder la vida con apenas 34 años.
Pasó casi un año ingresado en el Centro de Referencia Estatal de Lesión Medular de Toledo, luchando por salir de una pesadilla que pesaba sobre su cuerpo inmóvil. “Confiaba en mí. Le di tiempo a mi cuerpo para procesarlo todo y sabía que podía salir adelante”, recuerda.
Will admite que lloró, pero también que mantuvo la fortaleza desde el primer día. “Estuve preparado para asumir lo que venía”, dice.
Quizá el deporte, compañero de toda su vida, jugó al fútbol y practicó culturismo, le dio ese carácter de disciplina y paciencia que necesitaba en aquel momento.
En Toledo comenzó a adaptarse a una realidad que no quería aceptar. “Confiaba en volver a ponerme en pie, pero mi cuerpo no respondía. Estaba en una silla, con pañales, con una sonda... Es un golpe que no te esperas”, confiesa.
Sus compañeros lo llamaban “alma en pena” porque, aunque intentaba impulsarse en la silla con las manos, no podía hacerlo. Pero algo tenía claro, algo que fue determinante incluso frente al diagnóstico médico: “Quería intentarlo”.
Empezó entonces un camino de rehabilitación intensa, con un objetivo firme: levantarse. Y aunque sus piernas no volvieron a responder, sus brazos sí. “Nadie se cree que soy tetrapléjico”, asegura con orgullo. “Ni los médicos apostaban por una recuperación así” en un joven con tetraplejia parcial.
De vuelta a casa y al gimnasio
Tras el accidente, Will regresó a su Ponferrada natal. “Necesitaba los cuidados de mi familia. Fue como volver atrás, a casa de mis padres, después de tener mi vida hecha. Todo era chocante, pero seguí con la rehabilitación y decidí meterme en el gimnasio”.
Sus amigos le regalaron un equipo de adaptación para poder entrenar. “Fue lo mejor que pudieron hacer”, reconoce.
Volvió al mismo gimnasio donde entrenaba antes de marcharse a Mallorca. “Llegar allí y no poderte poner de pie fue muy duro”.
Sin embargo, empezó a levantar peso, a sufrir, a superar límites. Hoy entrena dos horas al día, más otra dedicada al atletismo y ese esfuerzo, convertido en rutina, le cambió el rumbo, reconoce.
Del gimnasio al podio internacional
Cuando comenzaba a asumir su nueva vida, alguien le propuso participar en una exhibición de culturismo adaptado. Su primera reacción fue negarse. “Quería competir, pero cuando pudiera estar de pie, no en una silla de ruedas”. Sin embargo, una segunda reflexión le hizo cambiar de opinión. “Lo hice, y vi que podía disfrutar del deporte desde otro punto de vista. Me enganché al deporte adaptado”.
Desde entonces, ha probado varias disciplinas. En lanzamiento de disco, ya ha ganado dos campeonatos de España y batido el récord nacional.
En culturismo, compitió por primera vez en el International British Finals, Men’s Open Pro Bodybuilding & 2026 Olympia Qualifier, en Inglaterra, tras su debut el año anterior en Alicante, donde ya subió al podio en segunda posición. “Vi que podía llegar más lejos”, cuenta.
Este año logró el primer puesto en ese exigente certamen. “En la tarima no te das cuenta de lo que pasa, pero cuando llegué al vestuario, no podía dejar de llorar”. Lloraba por los cinco años de esfuerzo y por haber puesto cada pieza de su vida de nuevo en su sitio.
Recuerda los nervios de aquella final en Gran Bretaña. “Ves a contrincantes que están muy bien y sientes miedo, pero cuando subí a la tarima me vine arriba”. Su fuerza interior, dice, es lo que lo mantiene firme. “La vida me dio un golpe duro, pero ahora me ofrece algo espléndido”.
Ha recuperado masa muscular y, con ella, la confianza. “Perdí 12 kilos, ahora tengo músculo. Los que no me conocen ni siquiera creen que sea tetrapléjico”.
El deporte adaptado, asegura, le ha devuelto el ritmo y el sentido a la vida. “Había cosas que no podía hacer y solo pensaba en el deporte. Lloré entonces, lloro hoy y lloraré mañana… pero también de alegría”, dice convencido.
Hoy se considera una persona completamente distinta. “Ya no pierdo el tiempo en cosas absurdas. Quiero disfrutar de la vida. Estoy limitado para moverme, pero no para vivirla”.
Aun así, denuncia las barreras del día a día que siguen dificultando la vida en silla de ruedas: aceras sin rebajes, lluvias que impiden salir, entornos sin accesibilidad. “Me busco la manera, pero ves que muchas cosas siguen sin estar pensadas para nosotros. Son pequeños detalles que antes no valoraba y que ahora te condicionan”.
A por las olimpiadas
Ahora, Will mira al futuro con la misma determinación. Su próxima meta: participar en el Campeonato Europeo de lanzamiento de disco y formar parte de la expedición paralímpica dentro de tres años. “Me quedé con ganas de ir a París”, reconoce.
También tiene otro gran objetivo: el Mister Olympia de Las Vegas, el equivalente al Mundial en culturismo, al que podrá acudir gracias a la tarjeta “Pro” que consiguió en Inglaterra. “Es el sueño de todo culturista. Creo que tengo opciones para estar allí”, asegura.
Hoy, Will Anthony sigue entrenando cada día, convencido de que la vida no termina en un diagnóstico. Su historia es la de un hombre que, tras perder casi todo, volvió a levantarse, aunque fuera desde una silla, para conquistar el mundo.
