Las castañas también se suben a la cita, porque no hay reunión de otoño sin magosto y las nieves llaman a que el fruto chispee entre la lumbre para dar sabor a una tarde compartida. Es la fiesta de las hojas caídas que regresa recuperando una tradición conocida, no solo en casa. Es la vuelta a la rueca de las hilanderas, las que ‘fiaban’ (hilaban) mientras derrochaban historias, la «rolda das vellas» en Galicia, recuerda Valentín Carrera o la «rolda das mulleres casadas», tal vez con más expectativas que la primera.Todo en torno al fuego, en círculo y con la luz de las velas acompañando una copa de vino en la mano «es una tradición oral que queremos que nos permita ver que podemos prescindir del teléfono móvil y del dichoso whatsapp dos horas».
Y, en ese tiempo «soltar la imaginación y recuperar las historias de la infancia que nos contaron nuestros padres», esas, o las que se vayan hilvanando desde ese compartir.Al final, el hilo de las historias se convierte en el resultado de esas hilanderas «es una forma de encontrarse que estamos perdiendo por culpa de que siempre está en medio la televisión o el móvil. Hay que recuperar el tiempo de la conversación», dice Carrera. Dos horas «de calidad», se abren desde una casona en la plazadel Herrador de Villar, un sitio particular,donde escuchar, dejarse oír, frenar y «desengrasar», dice el director del filandón, venciendo la timidez y «bebiendo compartido», provocando que la garganta cante.La cita tiene aforo limitado y la entrada es de 15 euros.
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