Basta con escuchar el sonido de una gaita, ver aparecer una cabeza enorme al final de la calle o comprobar cómo los más pequeños corren delante de un cabezudo para saber que las fiestas han comenzado.
Los gigantes y cabezudos de Ponferrada forman parte de esa memoria compartida. Han acompañado a varias generaciones en las calles de la ciudad, han sobrevivido al paso del tiempo, a accidentes y al desgaste de décadas de fiestas. Ahora, 81 años después de su llegada, regresan con una nueva imagen.
La Concejalía de Fiestas ha emprendido este año la restauración de los gigantes, algunos de ellos muy deteriorados por el uso y el paso de los años. Para hacerlo ha recurrido a la empresa aragonesa vinculada a la fabricación de las figuras, una firma que ha conservado los moldes y que se ha encargado de restaurarlas.
Los gigantes llegarán para las fiestas de La Encina restaurados y con nuevas vestimentas. El objetivo es devolverles su presencia en las calles y, al mismo tiempo, comenzar un proceso de recuperación que continuará en los próximos años.
De los seis gigantes que integraban la comparsa, cuatro volverán a salir este año, mientras que otros dos han quedado apartados debido al deterioro de sus estructuras. La intención municipal es estudiar su recuperación en el futuro.
Con los cabezudos ocurrirá algo parecido. La comparsa está formada actualmente por trece figuras, aunque este año saldrán ocho. Diez estarán presentes durante el pregón y se incorporarán además tres cabezudos nuevos para recuperar figuras que se habían perdido.
Todos ellos podrán contemplarse también en el zaguán del Ayuntamiento, donde vecinos y visitantes tendrán la oportunidad de acercarse a unas figuras que habitualmente solo se ven en movimiento, entre música, carreras y fiestas.
Todo comenzó en 1945
La historia de los gigantes de Ponferrada se remonta a 1945. El entonces alcalde, Adelino Pérez, decidió incorporar esta tradición a las fiestas patronales y recurrió a artesanos especializados para hacer realidad el proyecto.
Las primeras cabezas y manos llegaron desde Valencia, mientras que los cuerpos y las estructuras interiores fueron construidos en Ponferrada con técnicas locales. Así nacieron Isabel y Valerio, los dos primeros gigantes de la ciudad.
Con el tiempo, la comparsa fue creciendo. En los años 70 se incorporaron Don Álvaro y Doña Beatriz, inspirados en los personajes de El Señor de Bembibre, de Enrique Gil y Carrasco.
Pero aquellas figuras también sufrieron los golpes de la historia. En 1973, un accidente obligó a renovar parte de la comparsa y se adquirieron nuevos gigantes. Desde entonces, el paso de los años y el uso continuado en las fiestas han ido dejando huella en unas estructuras que, aunque nacieron para bailar y recorrer las calles, también necesitan cuidados. Algunas llegaron a este momento especialmente dañadas.
Los gigantes y cabezudos no son únicamente un elemento decorativo de las fiestas. En Ponferrada, como en muchas ciudades, forman parte de un patrimonio popular construido durante décadas.
Su origen se remonta a las procesiones medievales del Corpus Christi, donde estas figuras representaban alegorías y personajes vinculados al bien y al mal. Con el paso del tiempo abandonaron el ámbito exclusivamente religioso para convertirse en protagonistas de las fiestas populares.
Los gigantes acabaron vinculándose a la historia y a la literatura berciana con la incorporación de los personajes de Don Álvaro y Doña Beatriz, mientras los cabezudos se convirtieron en los favoritos de los niños, encargados de perseguirlos por las calles con su aspecto exagerado y sus grandes cabezas.
La comparsa nunca viaja sola. El sonido de los gaiteros y tamboriteros ha marcado tradicionalmente el paso de los gigantes por la ciudad.
Durante años, formaciones como Os Montes de Lugo acompañaron sus desfiles y posteriormente otras agrupaciones tomaron el relevo. Entre quienes han mantenido viva esa música destaca Fernando Fernández, tamboritero de San Adrián de Valdueza, una de las personas vinculadas durante décadas a una tradición que se ha transmitido, en buena medida, de generación en generación.
La restauración de este año permitirá recuperar cuatro gigantes y devolverles una imagen renovada, con nuevas vestimentas y las reparaciones necesarias para afrontar de nuevo el recorrido festivo.
El trabajo continuará. La intención, según el concejal de Fiestas, es seguir recuperando el próximo año la vestimenta de los cabezudos y estudiar las posibilidades de rehabilitar las dos figuras que este año no podrán participar. Porque la restauración no termina cuando se cierra el taller. Los gigantes y cabezudos solo recuperan plenamente su sentido cuando vuelven a la calle.
Este año, durante La Encina, Ponferrada no estrenará simplemente unos gigantes restaurados. Recuperará una parte de sí misma. Una tradición nacida en 1945, golpeada por accidentes y por el paso del tiempo, que vuelve ahora a ocupar su lugar en las calles para recordar que algunas fiestas también se construyen con memoria.
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