Fundación Cultura Minera: "La mina no está muerta, la ponemos a vivir"

La Fundación convierte en Torre del Bierzo la memoria del carbón en una experiencia que crece con la incorporación de un restaurante y que ya atrae a visitantes de todo el mundo

18/09/2026
 Actualizado a 18/09/2026
Una de las visitas a la mina.
Una de las visitas a la mina.

"La mina no está muerta, la ponemos a vivir". Esa es la intención que resume el proyecto de la Fundación Cultura Minera en Torre del Bierzo, según explica Ana, una de las personas vinculadas a esta iniciativa que busca mantener vivo el latido de la minería berciana desde una perspectiva turística y cultural. Un proyecto impulsado por el empresario minero Manuel Lamelas Viloria y construido sobre la memoria de una comarca cuya historia está profundamente ligada al carbón, pero que pretende mirar esa memoria hacia delante.

Lo hacen, además, con una mezcla de sonrisa y nostalgia, pero sin intención de convertir la visita en una sucesión de vitrinas y explicaciones. "No queremos quedarnos en un museo, sino en un proyecto que se explica, que atrae y que crece a gran velocidad", resume Ana.

Y los datos del verano parecen darle la razón. Solo en agosto se contabilizaron alrededor de 600 visitas, mientras que una jornada dedicada al bateo de oro reunió a más de 120 personas. Pero, por encima de las cifras, hay otro indicador que la Fundación considera especialmente significativo: "Y lo más importante es que la gente sale con una sonrisa".

La propuesta parte precisamente de ahí: explicar la minería sin convertirla en una “chapa de museo”. "Aquí hablamos hasta de Harry Potter», cuenta Ana para explicar hasta qué punto las visitas se adaptan a la edad y a los conocimientos de quienes llegan a Torre. No es lo mismo enseñar la mina a un grupo de escolares que a antiguos trabajadores o a visitantes que apenas conocen la historia del carbón.

Entrar en una mina de verdad

El corazón de la experiencia está bajo tierra. La Fundación ofrece la posibilidad de adentrarse en una mina auténtica con más de un siglo de historia, ponerse el casco y recorrer sus galerías para conocer de cerca cómo era el trabajo de quienes pasaban su jornada bajo tierra.

En el recorrido aparecen los distintos oficios y sistemas utilizados en la explotación del carbón, desde los picadores y barrenistas hasta los maquinistas, además de los diferentes métodos de entibación empleados para asegurar las galerías.

El visitante no se limita a escuchar la explicación. La experiencia busca que forme parte de ella. Los participantes se ponen los cascos antes de entrar y son grabados durante el recorrido. Después, la Fundación cuelga en redes el vídeo para que puedan llevarse también ese recuerdo. "Les encanta verse aquí", explica Ana.

La fórmula está funcionando también con visitantes llegados de mucho más lejos de lo que cabría imaginar para un museo minero de Torre del Bierzo. París, Argentina o Nueva York figuran entre los lugares de procedencia de quienes se han acercado hasta este rincón del Bierzo atraídos por la historia minera. Porque lo que se pone en marcha durante la visita no es solo una maquinaria museística. Es la reconstrucción de un paisaje industrial y humano que durante décadas alimentó a la comarca y formó parte de la historia económica del país.

Tres espacios para entender el carbón

La experiencia de la Fundación Cultura Minera se articula alrededor de tres grandes espacios: la Mina, el Museo y la Nave. La mina constituye el elemento diferencial. Es el lugar en el que el visitante puede experimentar de forma directa las condiciones y el entorno en el que se desarrollaba el trabajo minero. El museo, por su parte, ocupa tres plantas de exposición permanente y reúne sistemas de iluminación, maquetas, herramientas, documentos y fotografías que permiten reconstruir la evolución de la actividad.

Pero el relato no se queda únicamente en la tecnología y la extracción. También aborda la dimensión social de la minería, desde las huelgas mineras hasta el papel desempeñado por las mujeres, además de acercarse a la historia compartida del Bierzo Alto y Cabo Verde.

A todo ello se suma la Nave, un espacio expositivo de 1.000 metros cuadrados en el que se conserva maquinaria pesada y herramientas vinculadas a las diferentes fases de la extracción del carbón, el mantenimiento y el transporte.

Las visitas son siempre guiadas, tanto para grupos como para visitantes individuales, con la intención de adaptar las explicaciones al público que tiene delante.

Una de las claves del proyecto está precisamente en conseguir que la minería no se perciba como algo lejano o aburrido para las nuevas generaciones. La Fundación trabaja ya con escolares, campamentos y grupos de niños, adaptando el discurso y utilizando recursos que permitan convertir la historia industrial en una experiencia.

De hecho, está prevista la llegada de un grupo de alrededor de un centenar de niños de entre 3 y 5 años, para quienes se prepara una experiencia teatralizada que les permita acercarse al mundo minero desde el juego.

Una visita habitual ronda las dos horas, aunque la intención es que el tiempo pase sin que el visitante esté pendiente del reloj. "Es muy entretenida, a la gente le encanta", señala Ana. Y dentro de ella hay un momento que concentra especialmente la atención: la entrada a la mina, un espacio interactivo en el que, como explica, "no te aburres".

El Guaje, una puerta de entrada a la memoria

El crecimiento de visitantes durante los últimos meses hizo aflorar también una carencia que hasta entonces podía pasar más desapercibida. Muchos de quienes llegaban a Torre del Bierzo preguntaban dónde podían comer, tomar un café o simplemente comprar un bocadillo después de la visita.

La respuesta llegó este verano con la apertura del restaurante El Guaje, también vinculado a Lamelas Viloria. 

El nombre tampoco es casual. El Guaje fue la primera mina de carbón en la que trabajó Manuel Lamelas Viloria durante su juventud, una explotación que le había cedido su abuelo, Benito Viloria, y que él mismo llegó a gestionar. Su mujer fue quien propuso recuperar aquel nombre para el establecimiento y, tratándose de un recuerdo tan personal, "no pudo negarse".

El restaurante prolonga así el relato del museo fuera de sus galerías. En sus paredes, dos grandes fotografías dominan la decoración: el rostro de un minero y el castillete de una explotación. No hace falta demasiada explicación para entender qué historia se quiere contar.

La visita, de este modo, no termina necesariamente cuando el visitante sale de la mina. Continúa por Torre del Bierzo y su patrimonio, por un territorio en el que la huella minera todavía puede reconocerse en el paisaje. "Aún se ve el carbón", recuerda Ana.

Las visitas al Museo y la Mina se realizan de martes a domingo, con pases a las 10:00, 12:00 y 17:00 horas, aunque los domingos por la tarde permanece cerrado y los lunes no hay visitas. Es necesario solicitar reserva o cita previa a través del teléfono y WhatsApp 640 282 244 o del correo fundacionculturaminera@gmail.com.

Un grupo de visitantes a las puertas del Museo.
Un grupo de visitantes a las puertas del Museo.
Algunas de las piezas que se pueden ver en el Museo.
Algunas de las piezas que se pueden ver en el Museo.
Los vehículos utilizados en las minas también forman parte de la colección.
Los vehículos utilizados en las minas también forman parte de la colección.

 

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