La falta de párrocos no es un problema para la Diócesis de Astorga "tenemos uno por cada 2.000 habitantes”

Su administrador, Francisco Javier Gay destaca que el reto no es la falta de sacerdotes, sino la dispersión y la caída de fieles en el medio rural

02/04/2026
 Actualizado a 02/04/2026
Francisco Javier Gay en el espacio Entre Nosotras.
Francisco Javier Gay en el espacio Entre Nosotras.

En plena Semana Santa, el administrador de la Diócesis de Astorga, Francisco Javier Gay —al frente de la institución tras la marcha del obispo Jesús Fernández— ha defendido que no existe un problema de falta de sacerdotes, sino de contexto demográfico y social.

Es más que no tenemos fieles que párrocos”, aseguró durante su participación en el espacio Entre Nosotras de COPE Bierzo y La Nueva Crónica de León. En este sentido, explicó que la diócesis cuenta con unas 200 parroquias atendidas por 12 sacerdotes, lo que supone una media de “un párroco por cada 2.000 habitantes, lo cual no debería ofrecer complicaciones”.

Sin embargo, matiza que la realidad del territorio condiciona esta aparente suficiencia. “La población está muy dispersa” y los núcleos son pequeños, lo que dificulta la atención pastoral y la vida parroquial en el medio rural.

Semana Santa y espera del nuevo obispo

Gay subrayó que la diócesis atraviesa un periodo de transición, en el que se mantiene la actividad ordinaria a la espera del nombramiento del nuevo obispo. “Llevamos adelante la tarea ordinaria de la diócesis”, indicó, mientras “estamos a la espera de que llegue nuevo obispo”. No hay plazos concretos para ello, dijo: “nos llegará la noticia cuando corresponda y lo agradeceremos”.

Durante estos días, la atención se centra en la Semana Santa, lo que obliga a aparcar otros asuntos “durante 15 días estarán parados”, apunta . Y confía en que estas celebraciones se vivan “en un ambiente de fe”, recordando que “no hay punto de la diócesis que no haya algún acto y son muy sentidas por la gente”.

También destacó el componente emocional de estas fechas, con el regreso de muchas personas a sus localidades de origen, que “reviven su infancia” y se reencuentran con sus familias, “por eso invitamos a que lo vivan en la fe”.

Sobre el aumento de cofrades en El Bierzo, Gay se mostró prudente “son cuestiones muy de fondo, no es la fe de un día o un año, marcan la vida de la persona”. Aun así, percibe una evolución respecto a hace una década, “sobre todo en medios de comunicación que se empieza a ver de una forma distinta”, como algo que “da sentido” al ser humano, un cambio que considera que es “el más interesante”.

Este impulso también se refleja en la Semana Santa de Ponferrada, que aspira a ser declarada de Interés Turístico Internacional. Para el administrador diocesano, supondría “un aplauso a la labor realizada hace tantos años”, aunque advierte que también “implica una responsabilidad de cuidarla”. Insiste en que, más allá del atractivo turístico, debe mantenerse su esencia: “debemos cuidar que responda también a una raíz de fe y profundamente humana”.

En paralelo, la diócesis trabaja en la conservación de su patrimonio. La Basílica de la Encina avanza en la creación de un Museo de Arte Sacro y un mirador. “Estamos por buen camino, no podemos poner plazo de inauguración”, señaló Gay, quien destacó que “el compromiso con el patrimonio es muy grande”. También puso en valor la labor del rector, Antolín de Cela, que ha permitido que estos proyectos, tan perseguidos, “estén cerca” de ser una realidad.

El mantenimiento de iglesias supone uno de los principales retos económicos para la diócesis, apunta Gay. “Hay que pensar que una iglesia siempre es una responsabilidad y un gasto, nunca un ingreso”, afirmó, recordando que la diócesis destina alrededor de 2 millones de euros anuales —de un presupuesto total de 7 millones— a este tipo de actuaciones.

Entre las intervenciones urgentes figura la iglesia de Arganza, cuyo tejado se ha derrumbado, además de otros templos afectados por el agua, como el de Balboa, o por incendios, como los de Orellán, Fervenza o Cesures, estos dos últimos en Galicia. “Estamos trabajando en los proyectos de reconstrucción”, explicó, subrayando el valor emocional de estos espacios, para los vecinos que no cuentan con templo: “hay que ponerse en su piel para entender la pena que sienten cuando llegan sus fiestas y no tienen iglesia”. De ahí que esto sean los retos que se plantea, aunque reconoce que, por el momento, su día a día lo marca la tarea de mantener más que la de introducir novedades. Esas, dice, llegarán con el nuevo Obispo.

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