Los grandes incendios que este verano han obligado a desalojar pueblos en El Bierzo, Madrid o Ávila están cambiando la forma de entender el fuego. Ya no basta con hablar de incendios forestales. Las llamas atraviesan montes, carreteras, explotaciones agrícolas, infraestructuras y núcleos de población hasta convertir la emergencia en un problema que afecta al conjunto del territorio. Esa es la principal reflexión que plantea el catedrático de la Universidad de León Alfonso Fernández Manso, que propone incluso un cambio de concepto. A su juicio, los grandes fuegos actuales deben entenderse como "incendios territoriales", porque sus consecuencias van mucho más allá de la masa forestal.
Las imágenes del sistema de vigilancia por satélite FIRMS de la NASA muestran esa realidad. Los incendios que afectan estos días a Ávila, Madrid y Toledo dibujan enormes cicatrices sobre el territorio que engloban bosques, cultivos, carreteras, embalses y municipios completos.
Fernández Manso recuerda que el incendio originado en Burgohondo, en la provincia de Ávila, ronda provisionalmente las 50.000 hectáreas, una dimensión nunca antes registrada en España. La emergencia ha obligado a evacuar a más de 25.000 personas y a confinar a otras 8.700, mientras miles de efectivos trabajan sobre el terreno con apoyo internacional.
Una realidad conocida en El Bierzo
La definición encaja también con lo ocurrido durante las últimas semanas en la comarca berciana. El incendio de Castropodame obligó a desalojar San Pedro Castañero y Turienzo Castañero, mantuvo durante horas la incertidumbre sobre Torre del Bierzo y llegó incluso a alertar a los vecinos de Matavenero por la posible evolución del frente. Días después, otro incendio obligó a movilizar un importante dispositivo en Balboa, mientras Quintela volvía a situarse entre las principales preocupaciones del operativo autonómico.
Para el profesor de la ULE, estos episodios reflejan que el problema ya no consiste únicamente en apagar el monte, sino en proteger a la población, las infraestructuras y toda la actividad económica vinculada al medio rural.
Tres causas que alimentan los grandes incendios
Fernández Manso identifica tres factores que explican el aumento de estos grandes incendios. El primero es el abandono rural, que ha reducido la actividad agrícola y ganadera y favorecido la acumulación de vegetación continua que sirve de combustible.
El segundo es el cambio climático, con olas de calor más intensas, sequías prolongadas, humedades extremadamente bajas y episodios de viento que hacen prácticamente imposible detener el avance de las llamas en determinados momentos.
Y el tercero es el crecimiento de la denominada interfaz urbano forestal, es decir, la expansión de viviendas y núcleos habitados junto a terrenos forestales, una circunstancia que multiplica el riesgo para las personas y obliga a destinar buena parte de los medios a defender las poblaciones.
Manso insiste en que aumentar únicamente los medios de extinción no resolverá el problema.
La solución, sostiene, pasa por trabajar durante todo el año sobre el territorio. Entre las medidas que considera prioritarias figuran recuperar el paisaje en mosaico, impulsar la agricultura y la ganadería extensiva, gestionar la vegetación, crear áreas de protección alrededor de los pueblos, ordenar adecuadamente el territorio y mejorar los planes de autoprotección y evacuación.
En su opinión, solo una estrategia que combine prevención, gestión del territorio y actividad económica en el medio rural permitirá reducir el impacto de unos incendios que cada verano resultan más difíciles de controlar.
La conclusión de Fernández Manso es clara: cuando un incendio amenaza simultáneamente ecosistemas, pueblos, viviendas, carreteras, explotaciones agrarias y servicios esenciales, ya no estamos únicamente ante un incendio forestal, sino ante un "incendio territorial", un fenómeno que exige una respuesta igualmente amplia y coordinada.
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