Esencia. Quizá, justo de eso mismo, es de lo que están construidas las almas de aquellas personas que observan el mundo desde los ojos de la poesía y la literatura más sensible. Marien del Canto es una de esas plumas, una de las que nos llevan hasta ese momento, hasta ese instante, donde la belleza se busca no solo en lo que cuentas, sino también en cómo lo cuentas.
Es la primera vez que os voy a hablar de ella. Es la primera vez que, a través de estas páginas, os acerco a una de las autoras leonesas que, a día de hoy, forma sin duda parte del protagonismo de las letras.
Precisamente Esencia es el título de su último libro. Título que, por cierto, no podía ser más que acertado. En su parte inicial os encontraréis con un prólogo que da paso a un excelente texto del poeta Emilio Vega, quien destaca que «Marien escribe con la dulzura inmensa que arropa los secretos, con la candorosa expresividad del niño que deja en su cuaderno algún rastro de lluvia». Emilio, siempre, escribe con el alma y con las manos del profesor de incalculable valor.
El libro está compuesto por distintos relatos breves, con los que la escritora seduce nuestra imaginación y alimenta la curiosidad por seguir leyendo. Precisamente uno de los que a mí particularmente más me ha atraído es el primero, que lleva por título «El hombre de gris», que remata con magia en una última frase a la que recomiendo acercaros. Justo después de este, y a lo largo de todo el libro, en algunos casos el relato va acompañado por una canción, con un código QR habilitado para ello. Antonio Vega, Nacha Pop, Luz Casal o Viva Suecia, entre otros, nos acompañan en la lectura. Buena elección de canciones, Marien, algunas de ellas son también de mis favoritas.
Una de las características que la autora tiene a la hora de escribir es la capacidad para llevarnos hasta el mundo en el que transcurre la acción. Un buen ejemplo lo encontraréis en una de las primeras páginas, en el relato que lleva por título «La escuela de pueblo»: «Dos aulas diferentes contenían pupitres biplaza de madera tallada a mano; sus cajoneras albergaban, como un tesoro, la única enciclopedia que compartían todos los alumnos y un simple cuadernillo de rústicas y amarillentas hojas, que incluían en sus páginas diversos ejercicios. Completaba el mobiliario un armario al final del aula, que contenía diferentes volúmenes usados, sobre materias dispares; un reloj de pared voluminoso que los alumnos observaban impacientes y donde las horas parecían haberse congelado para que nunca llegase la hora del recreo».
Otra de las características de Esencia es cómo Marien nos desvela una gran capacidad para escribir sobre distintos temas, usando para ello variados relatos, pero todos ellos, como os decía al principio, con la idea de mantener el hilo de la realidad de los sentimientos. Por ejemplo, en «Impresiones», podréis leer: «Me siento distraída, cansada, insegura y confusa. Perdida y asustada como una niña pequeña, que entre el bullicio de la gente en una feria, se soltó accidentalmente de la mano de sus padres». Venga, otro buen ejemplo, esta vez extraído de «Regreso a la infancia»: «Cuando caía la noche sonaba el teléfono; esperaba ansiosamente que fueses tú. No conseguía evitar ponerme triste al oír tu voz. Mis ojos se enturbiaban porque te echaba de menos. Algunas veces me enfurruñaba y no quería atender tu llamada. Me daba rabia no poder olerte, pues aunque se me pasara pronto, luego me pesaban los remordimientos». Estoy de acuerdo, ¿cuánto pesan los remordimientos?, ¿cuánto nos gritan en la noche y nos recuerdan algunas decisiones?
En la literatura siempre hay una fuerte influencia por lo que los seres humanos sentimos. Novelas y ensayos enteros hablando del miedo, del dolor, de la alegría y del amor. Por supuesto, también la poesía y la prosa poética. Marien del Canto, sensible, también aprovecha Esencia para eso mismo. De una forma más directa y clara, de un modo más discreto y secundario, a veces de una forma indirecta, pero lo hace. Muchos de sus textos nos llevan a estos instantes vitales. Este libro no podía ser menos. Textos como «Reflexiones sobre el amor» nos empujan a uno de los sentimientos más importantes, el amor. Puede que eso sea una parte importante de lo que nos define como especie. Puede que existan otros seres en el universo infinito que sean tan o más inteligentes que nosotros, pero que desconocen lo que es el amor. Por eso puede que nosotros seamos tan especiales, no por la capacidad de construir edificios o desarrollar teorías científicas de lo más vanguardista, sino que la capacidad para amar y para crear arte sea lo que nos convierte en algo único y especial. El amor no solo define una parte importante de nuestras vidas, sino que ha sido el motor de gran parte de la historia humana. Marien nos habla de ello muy bien, de ese sentimiento que no sabríamos definir en una frase, que no podríamos describirlo con precisión científica, pero que todos y cada uno de nosotros sabemos perfectamente lo que es. Como os comentaba, en este relato, ella nos habla de eso mismo. Leed: «El amor es un gran rompecabezas en el que cada pieza debe ubicarse en el lugar exacto, para que halle el sentido y se complete; un laberinto en el que dos amantes juegan a encontrar la salida».
A veces, la literatura busca palabras que crean belleza por sí misma para describir instantes y situaciones. Es algo de lo que la poesía o la prosa poética saben mucho, algo que cuidan enormemente. El libro del que hoy os hablo, de la mano de Marien del Canto, también se alimenta de ello, buscando lo hermoso en lo cotidiano. Un buen ejemplo es el relato «Evocación nostálgica», que comienza así: «Los ojos… ¡Ay!, los ojos, los ojos de esa mirada perdida hacia un horizonte no descrito, abstraídos del mundo como si nada importase, ni siquiera tú mismo». Por cierto, aprovecho para mencionaros y resaltaros justo el siguiente texto, el que se encuentra en la página a continuación del que ahora os he hablado, y que lleva por título «La señora Ana». Echadle un vistazo, deteneos en él. De los que más me han gustado, sin duda.
Otro de los que también me ha atraído especialmente es «Dana», por cómo está escrito y por lo que representa. Comienza así: «El pueblo amaneció bajo un gran diluvio que trajo consigo una enorme riada, arrasando con fuerza todo aquello que encontraba en su camino y ocasionando una de las catástrofes naturales con mayor número de víctimas de los últimos tiempos. Las calles se convirtieron en afluentes de las vías principales, cando lugar a escenas dantescas y desoladoras, que superaban la ficción con creces». Duro, realmente duro.
Cierro ya esta nueva lectura, Lectura de un alma vagabunda, deseando adentrarme en una siguiente lectura que traeros a estas páginas. Siempre es un placer, después de tantos años, poder hablaros de un escritor o escritora de la que no os había hablado hasta este momento. Sé que Marien del Canto lleva consigo la cultura, por eso, sin saberlo, creo que es muy posible que ya esté trabajando en un nuevo libro y que nosotros disfrutaremos de él. Me encantará leerlo, no tengo duda.
Esencia es una buena lectura, para leer con tranquilidad, relajados y con pose reflexiva, deseando disfrutar de cada página, de cada relato, de cada texto. Esencia es, también, una buena forma de adentrarnos en el mundo literario de su autora de la que también os recomiendo que busquéis su ojo fotográfico, que merece mucho la pena.
Marien, sigue viviendo la cultura con fuerza y entusiasmo. Nosotros seguiremos tu pista.
Entre mi biblioteca y yo
Esencia es un libro para tener en nuestra biblioteca y disfrutar de él en cualquier momento. Su riqueza de textos lo convierte en un perfecto amigo tanto para los días en los que queremos disfrutar de una buena lectura como en aquellos otros en los que nos sentimos más reflexivos. Por otro lado, la disposición de textos a modo de relatos independientes nos lleva a poder leerlos en el orden que deseemos. Os recomiendo señalar aquellos que más os gusten, para regresar a ellos cuando tengáis un rato. El texto de este libro es cuidado, y se nota el amor de su autora por la poesía y la prosa poética. Por mi parte, lo he disfrutado y lo he podido devorar en una o dos tardes. Varios de los relatos me han encantado especialmente, alguno de ellos por el tremendo cimiento de nostalgia y significado que lleva tras él. Por otro lado, la inclusión de canciones como introducción en los relatos creo que es muy acertado, más en mi caso, que sin saberlo creo que Marien del Canto y yo, por lo que ha incluido como grupos o músicos, tenemos un gusto musical muy parecido.
Más que un libro, un autor
Conocí a Marien del Canto, si no recuerdo mal, a través de redes sociales. Luego, tuvimos la fortuna de vernos en persona en una de las presentaciones que hice en León de mis novelas, en concreto de La última misión Apolo. A partir de ahí ya pudimos coincidir en distintas ocasiones. Como ocurre con otros artistas, no solo expresa con sus textos lo que siente y quiere mostrar, sino que también podemos disfrutar de sus fotografías. Es una autora muy activa en el mundo cultural leonés, y ya ha dado el salto más allá, presentado su obra literaria tanto en Ponferrada como en Valladolid. Como buena poeta, es sensible y observa el mundo que nos rodea como solo lo hacen los creadores de versos, con esos ojos especiales que ellos tienen, y que muchos de nosotros no. Presiento que la obra, el libro, del que hoy os hablo no será el último, creo que habrá más y más de uno y de dos. Muchas veces, por los que corre tinta y no sangre por nuestras venas, tenemos la necesidad de, pase lo que pase, seguir hablando en las hojas en blanco, aunque solo nos lea una persona, aunque lo hagan miles. He conocido a muchos autores y autoras durante todos estos años. Algunos cruzamos nuestros caminos para luego alejarse, pero hay otros, como es en el caso de Marien, de los que creo que seguiremos coincidiendo en muchos lugares, en muchos momentos y en muchos instantes. Al menos, convencido de ello estoy, siempre que exista la posibilidad de encontrarnos entre libros.

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