En la seguridad del Camino, acompañado por Hermes

Pedro J. Villanueva
27/12/2021
 Actualizado a 27/12/2021
Unidad aérea de la Guardia Civil en el Camino, al lado del Villanueva caminante. | P.V.
Unidad aérea de la Guardia Civil en el Camino, al lado del Villanueva caminante. | P.V.
Estamos sumidos en un bucle de ida y vuelta hacia las restricciones; y en el mes de mayo, mientras estaba haciendo el tramo del Camino entre Astorga y Foncebadón, pensaba equivocadamente, que poco a poco estábamos volviendo a la normalidad.

Los peregrinos, son la sangre que nutre las venas que conforman los diferentes caminos rumbo a Santiago, o aún más lejos Finisterre; y como un enfermo en recuperación los “homines iter”: hombres y mujeres del Camino, van dejándose ver de vez en cuando entre montes y veredas.

Está todo dicho sobre el Camino de Santiago, el camino hacia donde lucen y titilan las estrellas, y no es necesario argumentar mucho más. El tiempo y la distancia en soledad, dan para mucho; y es bien cierto que, en algunos lugares, uno tiene una sensación constante de peligro; esa sensación en la que la naturaleza nos parece extraña y enemiga nuestra. Solos, nos sentimos desprotegidos, y apelamos a la vida en sociedad para sentirnos más seguros. También apelamos a la imaginación, conformando seres fantásticos que protegen a los viajeros en la soledad del caminar.

Desde tiempos inmemoriales, los hombres han rogado a los Dioses para sentirse seguros. Los etruscos, egipcios, griegos y romanos, han ido conformando una cultura de criaturas-dioses alados para proteger a los hombres en la inseguridad de los caminos; Hermes, puede ser el más significativo y el que más se adapta al fin de este relato.

Hermes, fue hijo de Zeus y Maya; un nacimiento relatado en el Himno Homérico entorno al siglo VI a.C. Nada más nacer, Hermes dio muestras de la que sería una de sus principales atribuciones: la salvaguarda de los viajeros.

Fue un dios polifacético, conductor de rebaños (crióforo), mediador entre los hombres y los dioses, y que tuvo entre sus muchos cometidos el de ser protector de los caminos terrestres e incluso de los del más allá en su función de conductor de almas (psicopompo) al otro mundo. Fue patrón de pastores, viajeros y comerciantes. Etimológicamente, el nombre procede del término griego ermai con el que se designaban los mojones que jalonaban los caminos e indicaban los límites de las tierras. También tenía a su cargo la protección de dinteles y puertas, así como los rebaños. Por todo ello gozaba de gran estima popular. Se le representó como a un hombre joven, vestido con una túnica corta, con el caduceo, el pétaso, las sandalias y el casco alado.

En la soledad del camino, entre miedos y dudas, la sombra y el retumbar del rotor de unas hélices, alejan mis temores y el de tantos viajeros rumbo al fin del mundo. Por suerte, este Hermes actual y tecnológico, dirigido por hombres valientes, vela los caminos y cuida de los viajeros que por ellos transitan; en la distancia entre aire y tierra, buscando al que acecha, para ponerlo a los pies de la Justicia de los hombres, no la de los dioses.
Son la Unidad Aérea de la Guardia Civil. Sin oírnos y saberlo, a buen seguro, ambos pronunciamos en nuestro pensamiento, un sincero Ultreia et Suseia. Sigue adelante y más allá.

Pedro J. Villanueva es politólogo y escritor

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Este artículo está referenciando al escrito sobre el Camino de Santiago y el Bierzo de la Revista Oficial de la Guardia Civil número 927
www.guardiacivil.org

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