Otro mirador global es el del Castro de la Ventosa, en Pieros, donde los romanos construyeron las murallas de Bergidum Flavium, similares a las de Lugo (patrimonio de la Humanidad, muy bien conservadas, mientras las del Bierzo siguen sepultadas bajo el peso de toneladas de tierra, ignorancia y desidia). Desde el Castro Bergidum, también se divisa la comarca circular, con las viñas verdes o doradas, según la estación, enredando sus sarmientos por las colinas. Fue el Castro preferido de Enrique Gil.
También están el mirador de Lombillo y el de la Peña de Congosto, el pico de la Aquiana, a vista de águila; y por supuesto Catoute, las crestas de Ferradillo, el castillo de Cornatel y el mirador de Santalla, con toda la vega del Sil a los pies. Todos ellos son atalayas en las que la vista se relaja y distrae, y el corazón de los bercianos -y de nuestros visitantes- se ensancha al contemplar la belleza de la comarca a la que solo se puede llegar bajando…
Pero quizás nos falte un mirador introspectivo, un punto de vista que nos haga reflexionar sobre nuestra reciente historia: podría ser la espantosa torre de la Rosaleda, ese ciprés urbanístico, devanado a sí mismo en loco empeño, testigo de un tiempo en el que todos éramos mu finos y mu ricos, y los más tontos del pueblo hacían relojes. Queda descartado por su fealdad.
Ese mirador introspectivo es la chimenea de Cubillos: ya sé que dicho así, sin anestesia, parece un disparate; pero dos bercianos entusiastas, Pedro Fernández Andrés y María Fernández Muiños, padre e hija, han diseñado un proyecto apasionante y viable: adaptar la chimenea de los grupos 1, 2 y 3 de Compostilla (290 metros de altura) con ascensor y miradores seguros para su explotación turística por parte del ayuntamiento de Cubillos del Sil.
Ahora que Endesa solicita ideas y proyectos innovadores para reemplazar a la vieja central térmica y dar nueva vida, utilidad y funciones a sus vastos terrenos en Cubillos, es de agradecer que dos ciudadanos emprendedores tomen la iniciativa de proponer ideas frescas. La propuesta de María y Pedro Fernández no es una ocurrencia: en un proyecto amplio, bien razonado, los autores enmarcan el mirador de Cubillos en un conjunto de medidas y acciones de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS 2030), que los lectores de La Nueva Crónica que siguen esta página conocen por las 17 entregas monográficas.
Aviso a lectores frívolos y apresurados: no es (solo) un mirador lo que se propone. La propuesta es un Proyecto de Sostenibilidad «para hacer frente al actual problema de despoblación, desindustrialización y pérdida de empleo que está sufriendo el municipio de Cubillos, y el resto del Bierzo, desde hace más de diez años». Por tanto, sugiero a Endesa, a la Ciudad de la Energía, al Ayuntamiento de Cubillos, a la Mesa por el Bierzo, y a todos los agentes sociales implicadas en la transición ecológica, que estudien y valoren este proyecto con el máximo interés. En estos momentos hay sobre la mesa ayudas europeas y estatales para afrontarlo. Quizás Endesa deba dar el primer paso, desde su responsabilidad histórica con El Bierzo: igual que se hizo en Ponferrada con La Fábrica de la Luz-Museo de la Energía, dar un nuevo uso simbólico y limpio a las raídas chimeneas de Compostilla, enviaría un mensaje claro de renovación y futuro, de creatividad y vanguardia. Donde había humo tóxico, contaminación y enfermedades respiratorias, tenemos un nido de cigüeñas virtual, un observatorio astronómico, un nuevo mirador del Bierzo: otro lugar hermoso donde declarar el amor. La primavera avanza.
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