Durante décadas, el Entroido se quedó en el recuerdo de los que aún quedan en los pueblos, pocos ya. La despoblación se convierte en demencia para esas tradiciones que ahora El Filandón cura. Y lo hace recuperando la celebración, como fuerte del patrimonio inmaterial berciano, que asegura que se permanecerá viva mientras "esté en la memoria de aquellos que crecieron disfrutando de él".
Fue Raúl Ochoa el que quiso volver al ayer, que aún palpitaba, y contagió al resto de la agrupación con esa intención "El Filandón ha vuelto a iluminar esta tradición con preguntas a los mayores y sembrando ilusión en los más jóvenes".
El Entroido se identifica por un elemento característico, la figura del hombre de paja, sobre el que pivota toda la celebración. Antiguamente, este hombre podía llegar a medir siete metros de altura y estaba diseñado con pajas. Después se hizo de "xestas" y más bajito.
Es el "espantallo" de la fiesta, al que se le realiza un "juicio". Los asistentes se encaramaban a esta construcción y pronunciaban argumentos a favor y en contra para proceder o no a su quema. Pero el veredicto, fueran los que fueran los argumentos, siempre acababa igual en "lume".
El fuego recobra vida este viernes en Valtuille llegada la noche, en la explanada de la cantina, las antiguas escuelas, donde está la asociación. Allí, con música, pasacalles y "vino a esgalla" se celebrará el Entroido como si los tiempos pasados y presentes volvieran a encontrarse.
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