Casi 16 años lleva Bierzo Aire Limpio poniendo la tilde a la importancia ambiental de una comarca que quiere respirar sin miedo. Un tiempo en el que se ha enfrentado a proyectos industriales de calado, impidiendo muchos de ellos y en el que ha sacado las uñas para pelear porque no se considere a este rincón leonés una "zona de sacrificio". Y lo ha hecho desde un voluntariado que ahora estudia los efectos de los fuegos de agosto y que busca medidas de corrección futuras...si las administraciones escuchan.
-Ya conocemos el estudio del CSIC en el que parece que la situación del daño de los fuegos en Las Médulas es reversible. ¿Qué les parece? ¿Coincide con la percepción que tienen de esos daños ocasionados por el fuego?
-Estamos deseando conocer los informes completos del estudio realizado por el CSIC para poder hacer una valoración rigurosa y honesta. Sí nos ha sorprendido el cambio de tono respecto a documentos previos, en los que se hablaba de daños irreversibles e incluso de colapso del terreno. De estos informes se derivan decisiones políticas, presupuestarias y de restauración, por lo que tenemos mucho interés en conocerlo. Cuando tengamos acceso a toda la documentación podremos compartir una valoración de nuestro equipo técnico. De momento, es pronto para adelantar conclusiones. Lo que sí tenemos claro es que los incendios de alta severidad dejan huellas profundas en el suelo, en los ciclos hidrológicos y en la biodiversidad, y que exigen un plan serio de restauración ecológica.
-Bierzo Aire Limpio fue el primero que ha considerado que esto necesitaba una respuesta desde Fiscalía, que ha abierto una investigación. En principio al presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco y al consejero de Medio Ambiente, Suárez-Quiñones, pero ahora han querido ampliar esa denuncia hasta el consejero de Cultura Gonzalo Santonja ¿por qué?, ¿qué es lo que han visto en concreto para engordar esa denuncia?
-Los incendios no solo dañaron gravemente nuestro patrimonio natural, si no también nuestro patrimonio cultural. Esa responsabilidad recae en personas que tienen entre sus obligaciones legales proteger ese patrimonio. Hablamos de decisiones, de omisiones y de marcos normativos que han dejado al territorio en una situación de vulnerabilidad extrema. Llevamos meses recopilando información: fuentes oficiales, expedientes, solicitudes de documentación y testimonios de personas afectadas. En el caso de Las Médulas, Patrimonio de la Humanidad, existe una posible responsabilidad en la infracción de su mantenimiento y protección. La ampliación de la denuncia responde a esa acumulación de indicios: no es una cuestión personal, y esto es algo que queremos recalcar, es una cuestión de responsabilidades institucionales, simplemente.
“La ampliación de la denuncia a Santonja es porque llevamos meses recopilando información. Responde a esa acumulación de indicios”
-Agosto fue un mes nefasto para el medio ambiente berciano. ¿Cree que quedarán secuelas?
-Las secuelas ya las estamos sufriendo. Hay problemas serios con el agua, arrastres de lodos y cenizas en los ríos, también daños profundos en los bosques y una alteración grave de los ecosistemas que tardará años, incluso décadas, en recuperarse. Las consecuencias de los incendios no desaparecen al apagarse: continúan en forma de erosión, pérdida de suelo fértil, contaminación de aguas y pérdida de biodiversidad. El suelo fértil tarda decenios en formarse y puede perderse en días tras un gran incendio. Sin suelo, no hay bosque; sin bosque, no hay regulación hídrica; sin regulación hídrica, hay riadas, sequías más extremas y mayor vulnerabilidad. También hay otra secuela igual de importante y mucho menos visible de la que apenas se habla: el trauma colectivo. El Bierzo ha vivido durante semanas con miedo. Cuando avance la primavera y llegue el verano, ese miedo volverá, porque casi medio año después sentimos que, en lo esencial, poco ha cambiado. El debate posterior a los incendios ha sido pobre y poco constructivo. Hemos visto anuncios vacíos, promesas de inversiones en restauración que no se traducen en actuaciones y un escaso interés por aplicar medidas estructurales que reduzcan de verdad el riesgo y ataquen las causas directas. Hacen falta cambios profundos en el modelo forestal, tenemos que hablar de los cultivos de especies pirófitas, que no se está hablando, de la vigilancia, de la planificación, la prevención, la necesidad de trabajar en campañas educativas y, por supuesto, en la restauración ecológica. Sin eso, seguiremos condenando al Bierzo a apagar incendios. Pero no quiero dejar una imagen pesimista, porque hay un importante capital humano impulsando un movimiento en defensa de un territorio que merece el esfuerzo. Somos cada vez más conscientes del privilegio que supone vivir en el Bierzo.
“En el caso de Las Médulas existe una posible responsabilidad en la infracción de su mantenimiento y protección”
-Se están notando los efectos del cambio climático sí o sí. Las alertas por nevadas, por lluvias torrenciales, las etapas de sequía nos lo vienen diciendo ¿creen que se están poniendo los medios para aplacar esa situación?
-Los efectos del cambio climático son una realidad. Nevadas extremas, lluvias torrenciales, sequías prolongadas, olas de calor y fenómenos cada vez más violentos nos están diciendo, de forma clara, que el clima está cambiando y peligra la vida, incluida la de los seres humanos. El problema es que se actúa de forma reactiva, cuando llega la emergencia, pero no hay una estructura. Falta planificación, falta prevención y, sobre todo, falta voluntad política para asumir que la adaptación al cambio climático y la protección del medio ambiente son una cuestión de derechos fundamentales: el derecho a la salud, al agua y a un entorno seguro. Se sigue priorizando el beneficio económico a corto plazo frente al interés general, la prevención y el bien común. Casi parece que sea un delito hablar de la defensa del bien común. Y eso es profundamente peligroso, porque el cambio climático no espera ni negocia. O se toman decisiones valientes ahora, aunque incomoden a determinados intereses, o el coste (ambiental, social y humano) será cada vez mayor.
-¿En El Bierzo nos lo estamos tomando en serio?
-Esa es una pregunta que deberíamos hacernos como ciudadanía. Si de verdad nos estamos tomando en serio lo ocurrido, o lo que pueda llegar a ocurrir, los cambios deberían ser visibles: en presupuestos, en prevención, en restauración ecológica, en protección de la salud y en exigencia de que se lleve a cabo. Sinceramente, creo necesaria mayor contundencia. Tomárselo en serio implica aceptar que el modelo actual precisa cambios, precisa pensar en las generaciones que vienen detrás. Implica asumir costes políticos y replantear un modelo que prima intereses económicos por encima de la propia vida.
-Esta comarca parece ser un paraíso de proyectos que pretenden destrozarla, desde parques eólicos o fotovoltaicos a proyectos contaminantes contra los que se han levantado ¿se sienten muy solos en esa lucha?, ¿consideran que la sociedad berciana está asumiendo sin más esos proyectos que le llegan sin discernir si son acertados o no?
-Ramón Carnicer dijo hace más de 30 años que a la provincia de León solo nos quieren por la energía que producimos. Cambian muchas cosas, pero todas giran alrededor del mismo eje: promesas de empleo vacías, un enorme coste ambiental y, a cambio de ese sacrificio, cuyas consecuencias futuras desconocemos, una limosna. Se hace necesario preguntar a las administraciones, ¿cuál es la tasa de sacrificio que le corresponde a nuestra tierra? Como en otras zonas de sacrificio, el conflicto social es protagonista, y es que se juega con la necesidad y la desesperación de la gente. En una comarca con dificultades económicas, es fácil vender cualquier proyecto como tabla de salvación. Pero demasiadas veces esa tabla es de plomo. Además, vivimos en una sociedad sin tiempo: las pantallas, el trabajo, problemas cotidianos… Informarse en profundidad exige un esfuerzo enorme. Hay proyectos de más de dos mil páginas. Nuestra labor en Bierzo Aire Limpio exige analizar esa información, traducirla, entenderla y explicarla. La información compromete. Sin información no hay decisión libre, solo resignación ante unos intereses económicos que para nada se preocupan por la salud de las personas y la del medio ambiente. Recordemos, además, que existe un vínculo indisoluble entre unas y otro. Sentimos que constantemente se intenta enfrentar empleo contra medio ambiente, como si respirar aire limpio y tener trabajo digno fueran incompatibles. El verdadero conflicto no es ese: es entre un modelo extractivo de corto plazo y un modelo de territorio que piense en el futuro.
“La adaptación al cambio climático y la protección del medio ambiente son una cuestión de derechos fundamentales”
-Han caído los grandes proyectos eólicos, como el de Repsol, en Gistredo, pero hay grupos ecologistas que consideran que es un no antes de un sí, y que esas grandes eléctricas lo que harán es lanzar otra solicitud que pase el corte de alguna manera ¿cree que no estamos a salvo aún? ¿qué debería hacerse para estarlo y que no sigan intentando "colarla" constantemente?
-Me encanta que hables de “estar a salvo”, o que “intenten colarla”. Es así. Creo que sería ingenuo pensar que estamos a salvo. Las grandes eléctricas, multinacionales y fondos de inversión no abandonan territorios y el Bierzo ha estado siempre en el mapa de la producción energética. Nuestras inmensas infraestructuras energéticas nos condicionan. La mejor autovía que posee nuestra comarca no está diseñada para que circulen las personas, sino la electricidad. Cuando un proyecto cae suele preceder a una pausa estratégica para volver con otro nombre y, a veces, con el mismo o mayor impacto aún. El caso de Gistredo es una demostración de que la movilización social, el rigor técnico … funcionan, pero también de que el modelo que empuja estos macroproyectos sigue intacto. Para estar realmente a salvo no es solo tumbar expedientes uno a uno, sino cambiar las reglas del juego. Eso implica una planificación energética vinculante, con criterios territoriales, ecológicos y sociales claros, que diga dónde sí y dónde no, y por qué. Implica reconocer de una vez que hay territorios ya saturados, que han aportado mucho y que les corresponde una compensación, como el caso del Bierzo, que no pueden seguir siendo tratados como zonas de sacrificio energético permanentemente. También implica reforzar los mecanismos de control y participación real: evaluaciones ambientales independientes, acumulación de impactos, respeto estricto a la Red Natura, a los corredores ecológicos y al paisaje como patrimonio común. Y, por supuesto, ejecutar y respetar las sentencias. En un Estado de derecho, no puede ser que una entidad pierda en los tribunales y vuelva a intentarlo como si nada hubiera pasado. Mientras el modelo siga premiando la rapidez, el volumen y la rentabilidad a corto plazo por encima de otros valores más abstractos, pero mucho más valiosos, como la biodiversidad, lo intentarán una y otra vez. Por eso la verdadera seguridad radica en que exista una política energética que ponga límites claros, que apueste por generación distribuida, autoconsumo, eficiencia y proyectos verdaderamente compatibles con el territorio. No se trata de decir no a todo, se trata de decir sí a un modelo respetuoso con el entorno en el que pretende ubicarse.
-También recientemente hemos visto como, pese a la argumentación para proceder a la paralización de la Central de Calor, esta sigue activa, a expensas de otra resolución judicial ¿tienen esperanzas en que finalmente esa central pueda caer o no?
-En primer lugar, es necesario aclarar que la situación de la Central de Calor de Ponferrada es de ilegalidad y exigencia de cese de actividad, por sentencia de julio de 2025. Es la tercera vez que se declara ilegal, anteriormente en 2020 y 2021. De hecho, la central de calor solo acumula sentencias que la declaran ilegal y gasto de dinero público. Como ejemplo está el último acuerdo de la Junta de Gobierno que concede un millón y medio de euros para climatizar las piscinas del pabellón Lidia Valentín. Como la última sentencia aún no es firme, solicitamos la ejecución provisional, que en principio fue concedida, pero al no darse traslado a Somacyl, se anuló, y tras sus alegaciones se ha desestimado esa ejecución provisional. Ahora toca esperar a la resolución del recurso presentado por Ayuntamiento y Somacyl ante el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León. En sus alegaciones contra la ejecución provisional, Somacyl reconoce que hay calderas alternativas en algunos edificios, pero no en otros, como la estación de autobuses, y que en la residencia de mayores el depósito de gasoil es insuficiente, algo fácilmente subsanable. Entonces la pregunta es evidente: con una nueva sentencia que declara ilegal la central, ¿por qué no se detiene la actividad y, sobre todo, por qué siguen adelante las obras? El propio alcalde lo dijo en la radio recientemente: están “ganando tiempo”. Ganar tiempo, a nuestro entender, significa avanzar las obras para dificultar, llegado el momento, la ejecución real de la sentencia. La central de calor es ya un nudo gordiano de ámbito autonómico e incluso estatal, que arrastra una grave pérdida de confianza en la justicia. La ciudadanía se pregunta por qué las administraciones no cumplen sentencias que el resto de la población sí debe cumplir. Eso erosiona el estado de derecho y debilita los valores democráticos. Pero hay otra derivada fundamental: ¿calefactar edificios públicos y ofrecer ese servicio a edificios privados justifica cercenar todo un barrio de Ponferrada? El barrio de Compostilla ya estuvo históricamente segregado por la montaña de carbón. El Parque de la Juventud se concibió para compensar ese aislamiento. Hoy, en lugar de integración, los vecinos se encuentran con un polígono industrial que vuelve a aislarles y, además, les genera un problema sanitario. Es un dilema moral que tampoco se ha tratado, pero es que, el lado humano nunca se ha planteado. En líneas generales, hay que explicar que la central de calor no es una infraestructura moderna: es un sistema arcaico que incinera biomasa para producir calor y distribuirlo mediante una red de canalizaciones. Cuanto mayor es la longitud de las canalizaciones, mayor es la pérdida de calor, por lo que estas centrales se ubican necesariamente cerca de la población o, como en este caso, dentro. Arcaico, ineficiente, ambientalmente cuestionable y sanitariamente arriesgado. A ello se suma que todo el proceso (extracción de madera, tratamiento y transporte) requiere una fuerte dependencia de combustibles fósiles. La central de calor debe caer, porque es ilegal y porque es de justicia. Lo contrario convertiría a Ponferrada en otro símbolo del absurdo y la ilegalidad, como el Algarrobico (en Almería). Ocurra lo que ocurra en el Tribunal Superior de Justicia, esta infraestructura ya es un emblema de lo que no puede permitirse. Tenemos esperanza, porque no vamos a cejar. No es buena para Ponferrada: nos cuesta dinero público que necesitamos para sanidad, educación, transporte o extinción de incendios; agrava un problema ambiental; y genera ya un problema sanitario real. Hoy, con una sola caldera, vecinos del entorno nos dicen que no pueden ventilar ni tender la ropa. Con dos o tres calderas, la situación será aún más insostenible. La central de calor es infumable se mire por donde se mire. Su paralización será un triunfo para la ciudadanía, para el estado de derecho y para la defensa de los valores democráticos.
“En una comarca con dificultades económicas, es fácil vender cualquier proyecto como tabla de salvación. Pero demasiadas veces esa tabla es de plomo”
-No ha caído Forestalia, aunque ha tenido problemas desde su desembarco ¿qué auguran con respecto a ese proyecto?
-La central de biomasa de Forestalia, (Fuerzas Energéticas del Sur de Europa), se concibió como una de las mayores del sur de Europa. Se publicitó como solución frente a los incendios y como salida para los restos de poda agrícola. Pero ese relato nunca se sostuvo técnicamente: la poda real disponible no cubre ni una fracción de su enorme demanda. La planta necesita en torno a 30.000 toneladas mensuales de biomasa para funcionar a pleno rendimiento. En el Bierzo solo se cubre un porcentaje ínfimo de esa demanda y con un coste brutal sobre los ecosistemas forestales. Eso obliga a transportar biomasa desde radios de hasta 150 kilómetros. Hablamos de buena parte de Galicia, Zamora, la provincia de León completa, alcanzando también a Asturias, con un enorme coste económico, incremento de emisiones y deterioro de carreteras. En la práctica, el abastecimiento se basa en tala intensiva, especialmente de coníferas y eucaliptos, especies pirófitas que han estado en el centro de los incendios más virulentos del verano de 2025. Tras esos incendios, la planta ha encontrado biomasa barata: madera quemada. Es decir, su viabilidad económica se construye literalmente sobre la catástrofe ambiental, social y humana. No es la primera vez que ocurre. Ya pasó con la madera de la Sierra de la Culebra en 2022, que acabó quemándose en esta misma instalación. La llamada “valorización” convierte los desastres ambientales en combustible barato, algo profundamente perverso desde el punto de vista ambiental y ético. Además, la normativa autonómica ha facilitado la saca masiva de madera quemada, incluso de frondosas, a pesar de que la principal justificación son las plagas en coníferas. Pero la madera muerta no es un residuo: es un componente esencial del ecosistema. Cumple funciones clave para la regeneración, la retención de suelo, la biodiversidad y el ciclo de nutrientes. Su retirada masiva, con maquinaria pesada, provoca daños ecológicos graves y duraderos, como advierte buena parte de la comunidad científica. Aún más, la quema de biomasa forestal no es realmente neutra en carbono a corto plazo. La combustión libera de forma inmediata el carbono acumulado durante décadas, generando una deuda de carbono que los nuevos bosques tardarán mucho tiempo en compensar. Desde el punto de vista climático, no es una solución, es un aplazamiento del problema. Desde el punto de vista económico, el proyecto nace lastrado. Con una inversión de unos 120 millones de euros, volvemos a hablar, nuevamente, de dinero público, y promovido por Forestalia junto con Somacyl y Sodical, ya necesitó inversión pública para evitar el cierre. Eso demuestra su inviabilidad económica. Volvemos a los incendios, inevitablemente. En la provincia de León, en 2025, de 297 incendios, 266 fueron provocados por el ser humano. Sin embargo, seguimos sin abordar los debates de fondo: el modelo forestal basado en plantaciones de especies pirófitas, la planificación real contra incendios y la restauración de la biodiversidad. Las imágenes más dolorosas del verano de 2025 vienen de pinares y eucaliptales, especies cuya plantación fomenta este tipo de industria; las más esperanzadoras, de encinares y robledales maduros que frenaron el fuego sin intervención humana. Mientras no cambiemos ese modelo, seguiremos atrapados en un círculo vicioso: incendios, madera barata, “valorización” en centrales de biomasa y, de nuevo, incendios. Un modelo que se lucra de la pérdida de biodiversidad, del empobrecimiento social y del deterioro del territorio.
-Por otro lado, en Ponferrada, los indicadores del aire en la zonas de bajas emisiones dan cuenta de que casi nunca es bueno. Con niebla llega a ser Muy desfavorable, pero no pasa nada cuando esos niveles cambian ¿qué se debería hacer para salvaguardarnos de ese aire y cree que en algún momento se hará? ¿Considera que la ZBE se activará en algún momento?
-Llevamos años reclamando un Plan de Calidad del Aire para todo El Bierzo, no solo para Ponferrada y no solo centrado en el tráfico. Un plan que incluya industria, calefacciones, quema de biomasa, contaminación de fondo y episodios de inversión térmica, que en un valle como El Bierzo hacen que la contaminación quede atrapada durante días. La ZBE actual cumple el expediente, pero no aspira a proteger la salud, ni siquiera está diseñado para entrar en funcionamiento. Falta una red adecuada de medición, mejor distribuida, y falta la activación automática de medidas cuando el aire es de mala calidad. En otros territorios se restringen actividades altamente contaminantes; aquí asumimos la mala calidad del aire como algo casi normal y las alertas por mala calidad del aire son tardías o inexistentes. Respirar aire limpio es un derecho. Los incendios pusieron en evidencia que no hay un plan comarcal serio con datos suficientes, y eso, desde el punto de vista de la salud pública, es inaceptable.
-Bierzo Aire limpio creo que cumple 15 años de reivindicación, voluntaria, gratuita...no sé qué necesidades tienen y qué balance hace, como última presidenta de lo efectuado...
-Realmente nos faltan un par de meses para los 16 años. En general, el balance es profundamente humano, porque solo apelando a valores humanos se ejerce el voluntariado. Ha habido muchas dificultades, pero también muchas satisfacciones. Quiero destacar el capital humano, el equipo técnico, científico y jurídico es inmejorable. Sin ese rigor y esa generosidad, nada de esto sería posible. Hemos conseguido poner temas incómodos en la agenda pública, generar debate social y frenar o cuestionar proyectos que hoy sabemos que habrían tenido un impacto muy negativo. Pero queda muchísimo por hacer. El Bierzo sigue teniendo retos enormes en calidad del aire, modelo energético, modelo forestal y protección de la salud pública. Nuestra filosofía: rigor, independencia...y libertad, que nos permiten defender el interés general, aunque resulte incómodo.
“El Bierzo aparece una y otra vez en el mapa como territorio en venta a precio de saldo”
-¿Qué amenazas ven venir contra las que ya están cosiendo un escudo?
-Aquí no hay ningún escudo. Bierzo Aire Limpio está formado por personas voluntarias que nunca han dejado de dar la cara, que ponen su tiempo, que es lo más valioso que tenemos, y su conocimiento, para defender lo que es de todas. Somos ciudadanía organizada frente a un modelo mucho más poderoso. Enfrente, la principal amenaza no son personas concretas, sino un sistema energético y económico que está agonizando, pero que, precisamente por eso, intenta extraer el máximo beneficio en el menor tiempo posible, sin preocuparle las consecuencias. En ese modelo, El Bierzo pierde sus derechos y se convierte en un recurso. Y las personas solo somos consumidoras prescindibles. En su agonía, ese sistema necesita ampliar sus zonas de sacrificio. Ya no solo hablamos de minerales, sino también del agua, la biomasa, los bosques, la tierra fértil. Cada ciclo de negocio abre una nueva frontera extractiva, y El Bierzo aparece una y otra vez en el mapa como territorio en venta a precio de saldo, expropiable. A esto se suma otro frente igual de peligroso: la desactivación del pensamiento crítico y la búsqueda deliberada del conflicto social. Se alimenta una narrativa infantilizada, una especie de síndrome de Peter Pan colectivo, donde nunca somos responsables de nuestras decisiones y la culpa de todo se proyecta sobre otros: ecologistas, personas LGTBI, feministas, inmigrantes, desfavorecidos, incluso elementos de nuestra biodiversidad, cualquiera que estorbe al relato. Es absurdo y peligroso socialmente, pero ha calado, y sirve para desacreditar, atacar, justificar la violencia y poder así, colonizar nuevos espacios sociales y políticos. En ese caldo de cultivo, el bien común desaparece del debate. Defender el aire, el agua, el monte o la salud se convierte casi en un acto heroico, cuando debería ser lo más normal del mundo. Se potencia la individualización, se rompe la solidaridad y se sustituye el debate democrático por ruido, miedo y enfrentamiento. Lo hemos visto ya: la incineración de biomasa, que exige primas de dinero público para ser viable; el hidrógeno verde, que exige enormes recursos hídricos, fracaso que incluso Bruselas empieza a reconocer. Y mañana será otro vector: más agua, más suelo, “más madera”, como decían los hermanos Marxs en aquel tren que se autofagocitaba, destinado a la autodestrucción …. Y más conflictos, expectativas falsas y presión sobre el territorio. Las personas no necesitamos crecer de manera infinita. Quienes lo necesitan son las grandes multinacionales, que deben aumentar su cuenta de beneficios año tras año para sostener un modelo que, en el fondo, ya no es sostenible ni económica, ni social, ni ecológicamente. Esa es la verdadera amenaza: un sistema que, antes de caer, intenta llevarse por delante todo lo que aún no ha convertido en mercancía.