Auténtico hervidero de transeúntes en las mañanas de miércoles y sábado. Ya sean de Ponferrada, de los alrededores o foráneos, todos caminan en una misma dirección: la del Mercado de Abastos, en cuyo entorno se celebra el mercado semanal en esos días señalados. Las gentes acuden con el fin de adquirir productos alimentarios básicos como pescado o carne, así como hortalizas, frutas, huevos o frutos secos —nueces y avellanas— procedentes del cultivo de las tierras del Bierzo.
Es un momento propicio para darse una vuelta y ojear los diferentes puestos que se instalan alrededor de la plaza de Abastos. Un paseo que, casi sin darse cuenta, suele desembocar en la compra de alguna prenda de ropa, calzado o complemento, ofrecidos a precios más bajos que en los establecimientos ordinarios.
Esta zona vivió una de las etapas más dinámicas de Ponferrada, especialmente entre los años cincuenta y setenta del pasado siglo. Era entonces un eje comercial muy activo, con gran cantidad de tiendas familiares que pasaban de padres a hijos, bares y comercios de proximidad a ambos lados de la calle, atrayendo a vecinos de toda la ciudad y de la comarca.
Con el posterior boom urbanístico y comercial, el lugar experimentó una profunda transformación. La calle del Cristo sería, ya en los años ochenta, la primera vía peatonal de la ciudad.
La toponimia de la calle y la plaza tiene su origen en la ermita del Santo Cristo de la Misericordia, construida en esta barriada. Entre 1752 y 1864, una capilla con el mismo nombre formaba parte de la antigua iglesia de San Pedro, situada en la avenida de La Puebla —donde hoy se levanta el edificio de Telefónica—. Fue demolida para dar paso a la carretera Madrid-La Coruña, que hasta entonces no atravesaba la capital berciana.
La Cofradía del Santo Cristo de la Misericordia solicitó en numerosas ocasiones la construcción de una nueva capilla y, finalmente, en 1894 se edificó en la actual plaza del Cristo. La ermita permaneció en funcionamiento hasta 1960, cuando, por motivos urbanísticos y ante la falta de culto, fue demolida. Se trataba de una capilla humilde y sencilla, con una pequeña fachada coronada por una campana, que gozaba de una gran devoción entre los vecinos del barrio de La Puebla.
El Ayuntamiento decidió vender el solar: una parte se destinó a la plaza y la otra —la trasera— fue adquirida por la familia De la Puente, que abrió allí una droguería.
Hoy, al recorrer este espacio, acuden a la memoria los nombres de algunos de los establecimientos más emblemáticos que en su día le dieron vida. Sirvan como ejemplo los que a continuación se citan, historia de un pasado que sigue haciéndose presente en el recuerdo de muchos bercianos.
Por un lado, estaban Casa García, taller de marmolería; el bar Bolo Comidas; Iris, droguería; las galerías de ropa juvenil El Catalán —donde destacaba la clientela de la generación yeyé—; la relojería Canon Decomisos; la droguería Drober y, desde 1972, Rubén el Chato, pionero en la venta de pantalones vaqueros, procedente de una tienda que tenía en la plaza de la Encina.

Otros negocios a destacar eran la droguería De la Puente, donde se podían adquirir colonias, jabones, pinturas y artículos de higiene, y la tienda de ropa Aniano Hombre.
En la otra margen se encontraban la confitería-bombonería La Florida, que también daba a la avenida de La Puebla; Cuqui, tienda de ropa; la charcutería Cerezales; y el señor Antonio Gancedo, con su tienda de ultramarinos finos y pescadería.
Su abuelo, Ángel Gancedo —camarero del Casino—, fue intérprete y acompañante de los anglosajones que visitaban El Bierzo. Hablaba inglés, algo que en torno a 1910 resultaba insólito. No menos llamativo fue que, en abril de 1954, se abriera en Ponferrada la primera academia de inglés.
También formaban parte de este paisaje comercial la venta de prensa Franesqui; Angélita "la Asturiana"; Bombillas Calleja; Curtidos Cajide; la joyería Diamante; Hilos Benjamín; el gimnasio y judo Blume; la carnicería El Bolo; y Casa Benavente, abierta en 1952 y dedicada al material eléctrico.
En plena plaza del Cristo se situaban los ultramarinos de Las Musias; el Teatro Adriano, uno de los principales cines y salas de espectáculos de la ciudad hasta su incendio en 1977; la cuchillería Germán; la zapatería Los Peques; el bazar Barcelona; Casa Federico, pionera en ropa de hogar desde 1933; y la librería-papelería Zorrilla.
Enfrente se alineaban Fotografía Valfer; Comestibles Folgueral; la tintorería La Moderna; el bar La Barra; el bar Prada; y la discoteca Saryma.
En la pasarela conocida como Los Hornos, que comunicaba con la calle Eladia Baylina, se encontraba el quiosco del señor Atanasio, junto a otros kiosqueros como la Merina y Pedrín; además de la pescadería Los Campanero y la peluquería Pepe.
Girando a la izquierda, en la calle Juan de Lama, estaban el bar Virginia, todo un referente de la época, y Almacenes Bodelón.
Hoy la plaza presenta un aspecto distinto. Las obras iniciadas en 2011 le devolvieron espacio al peatón, con un único carril de circulación, aceras más anchas y la desaparición de las antiguas zonas de carga y descarga.
Y, sin embargo, más allá de los cambios urbanísticos, permanece en la memoria la figura de Pilufo, en realidad Miguel Ángel Barrio Herrero. Habitual junto a la puerta del desaparecido Teatro Adriano, acompañado de sus perros y un cartón de vino, fue uno de los personajes más queridos y reconocibles de Ponferrada.
Cada Navidad montaba su particular belén en la calle del Cristo y celebraba los grandes éxitos del Real Madrid bañándose en la fuente de la plaza Julio Lazúrtegui.
Su "hogar" se encontraba en la calle La Cemba, en Flores del Sil, en el solar de las antiguas instalaciones de Campsa.
Como si de las dos caras de una moneda se tratara, este lugar fue durante décadas un gran centro comercial a cielo abierto y, al mismo tiempo, el corazón de la vida cotidiana de Ponferrada, donde comerciantes, mineros, transportistas y vecinos compartían conversación alrededor de un vino o mientras hacían la compra.
Hoy, caminar por este rincón de Ponferrada sigue siendo un ejercicio de memoria. Un espacio donde pasado y presente conviven, donde las huellas del comercio tradicional permanecen visibles y donde el Mercado de Abastos continúa siendo el gran motor que mantiene viva la esencia de uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad.
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