Escribo esta reseña con un cielo soleado. Hace calor y la sensación es de satisfacción, agradable. También encuentro alguna nube a lo lejos, que parece observarme amenazando lo que espero sea una buena tarde. Y puede que de eso hable la poesía, de lo hermoso, de lo que se puede torcer y de lo que nos rodea. Por eso me gusta tanto, no lo dudo. Creo que, como a otros muchos, nos sentimos identificados con ella no solo por lo hermoso de sus composiciones y la magia a la hora de utilizar las palabras, combinándolas en ritmos perfectos, sino también porque me hablan de lo que siento, de lo que padezco, de lo que temo y de mi esperanza. Leo a los poetas como me leo a mí mismo, a mis pensamientos. Me siento identificado.
Por todo ello y por más razones que ahora os comentaré, me apetecía dedicar esta nueva Lectura de un alma vagabunda a la última creación del poeta José García Alonso, el fantástico libro que lleva por título Código postal del caos. Tras leer Erosión, con el que quedé gratamente satisfecho, me apetecía leerle de nuevo. Pensé que tardaría más en publicar, que mi espera tornaría en impaciencia; pero no fue así. Ha vuelto a las librerías con otra obra que os recomiendo.
Recuerdo que este mismo verano, entre la apoteosis futbolística, Noemí Sabugal, Manuel Ángel Morales y yo dimos una charla en la librería Quiñones de Ponferrada sobre las últimas décadas de la literatura leonesa. Y, entre los nombres destacados, llegamos también a mencionar al poeta del que hoy os hablo.
Código postal del caos es un poemario distinto al anterior. El autor nos lleva hasta un universo de dificultad y dolor. Recomiendo leer la Nota del autor antes de sumergiros en la obra. Habla mucho y con certeza de lo que se encuentra en él.
El ejemplar, por cierto, ha sido premiado en el Premio de Poesía y Dramaturgia Social de Santa Coloma de Gramanet, que tiene por finalidad premiar trabajos literarios en las especialidades de dramaturgia y poesía con contenido de tipo social. No leí (evidentemente) el resto de propuestas del premio, pero estoy seguro de que el galardón es más que merecido. Excelente obra.
El libro, como gran parte de los libros de poesía, se puede leer en una tarde (¿de lluvia?), en una noche de tranquilidad o en tu sitio favorito, disfrutando de buena música mientras te sumerges en los textos. Hacerlo así, sin pausa, también te sirve para entender mejor el contexto y el contenido, viéndolo como un global que nos transmite fuerza y nos lleva a la reflexión.
En el primer poema, que lleva por título «Un pasillo que se alarga», leemos versos como los siguientes, que, como os comentaba, conforman parte de un todo, sumado al resto de poemas del libro: «Un ventanal que se dedica a cultivar la luz. / Un balcón abierto al río. Una puerta / abierta a un pasillo que se alarga / para desembocar en el exilio / olvidado y extraño de las cosas / que un día quise y me quisieron».
No hay que avanzar mucho, justo hasta el siguiente poema, para darnos cuenta de la potencia de las palabras que José García Alonso nos entrega. Lleva por título «La vieja estantería», y dice así: «No deberíamos olvidar que / existe un silencio de las cosas, / existe un silencio de los lugares, / existe compasión / en las palabras / que regresan al hogar para nombrarlo». E insisto, bajo ese silencio los poetas, almas de la literatura, crean textos bellos.
En el poema «El baño», que el autor comienza mencionando nada más y nada menos que a Pizarnik, Plath y Sexton, repite en sus versos la palabra «mañana» para llevarnos a los pensamientos de quien se obsesiona con llegar a algo, pero que las circunstancias detienen caminos lastrados con pesos de diversas procedencias. Atentos: «Algunos azulejos se han caído / y su escombro permanece allí: / mañana los retiraré, / mañana los repondré, / mañana barreré su argamasa seca y / trizada, / mañana vaciaré la bañera llena de plásticos e inyectables, / mañana reciclaré esos restos, / mañana sellaré la grieta del espejo, / mañana cambiaré la maquinilla de afeitar / mañana retiraré las maquinillas de afeitar / que como insectos pueblan el suelo de este baño». Y yo, añado: mañana dejaré (yo) de pensar que el domingo era el último día para cambiar, el primero para permanecer.
Como os comentaba antes, creo que si tenéis la oportunidad de acercaros a esta obra y dedicarle el tiempo suficiente como para leerlo de una única vez, llegaréis a apreciar los sutiles detalles que los poemas nos entregan, y que conforman una composición de conjunto. Varios de ellos destacan por llevar a lo poético la cotidianeidad, a lomos de quien sufre, de quien alarga el dolor con la vida. «El brazo del tocadiscos dibujando / el baile de un círculo interminable. / Estar ahí, girando, / dando un paso que avanza y vuelve / tras su revolución al mismo / sitio. / Estar aquí pero no ahora. / Estar aquí y en su reverso. / Ser dos y / uno», son versos extraídos de «La repetición». Decidme, no somos todos (o la mayoría), ¿dos y uno?, ¿no tenemos un reverso, una cara B?
La magia que ha logrado José García Alonso es que, manteniendo una calidad indiscutible, ha hecho algo realmente difícil, que es cambiar la poesía de su anterior Erosión, para darle una vuelta de tuerca en Código postal del caos, llevándola al punto de vista de un tercero que habla a través de los versos de García Alonso.
Doy un pequeño salto hasta «Un domicilio», del que extraigo estas líneas que tanto me han gustado: «Vivo en los márgenes de una ciudad / pequeña y sin pájaros / carpinteros / que ayuden a saber de los árboles / que incumplen la obligación de vivir. / Vivo tras una puerta, cuarta planta, / a la derecha: macetas sin flor / y un felpudo que dice bienvenido. / A efectos de notificaciones, vivo». Me gusta especialmente el último: «A efectos de notificaciones, vivo». Tiene tantas connotaciones en distintos contextos que merece un tatuaje en la piel de quien, a efectos de notificaciones, efectivamente, está vivo.
Al igual que en el caso anterior, Código postal del caos, está plagado de textos que no solo tienen encaje dentro del poemario y lo que nos transmite, sino que también tienen su potencia y fuerza en otros contextos e incluso sin él. Os llevo hasta otro caso bien claro, que extracto de «Lo inexacto»: «Pago mi ilusión con una tarjeta de crédito y asisto a una fiesta de afectos engañosos». Me parece genial: pago la ilusión con dinero, en una fiesta de afectos engañosos. Esa frase merece un libro. Por cierto, se completa con «escucho música en el jardín, escucho algunos nombres conocidos, escucho batir la sangre en las sienes, escucho al camión de la basura».
Os quiero dejar con uno de mis poemas favoritos de este libro, que además se encuentra ya en la parte final del mismo. En esta ocasión, el título es «Madre», y dice así: «Bajo este frío de enero han muerto / las últimas moscas, / la avenida, la ciudad entera, / el río bajo el balcón varado. / Ha renunciado a tus paseos para vigilar mi calma. / Ya hace mucho de todo entre nosotros, / madre. / y seguimos aquí, a debida distancia / respirando dolor». En una ocasión, hace ya mucho tiempo, cuando comenzaba a dar los primeros pasos en este bello mundo de la literatura, recuerdo haber escrito un texto que decía algo así como que la fuerza y el amor de una madre se veía en gestos tan sencillos, pero a la vez con tanto significado, como cuando daban el único paraguas a su hijo para que no se mojase, quedando ella bajo la tormenta sin protección. No era más que un símil de la vida, pero creía que la fuerza de la imagen lo decía todo.
Cierro ya esta nueva Lectura de un alma vagabunda con la recomendación de la lectura de Código postal del caos. Creedme, es fantástico; muy recomendable para reflexionar, entender a muchos y pensar en uno mismo. Es uno de esos libros a los que merece mucho la pena acercarse, de los que disfrutar.
José, te espero en el siguiente.
Entre mi biblioteca y yo
Código postal del caos es un poemario fantástico. Sus poemas conforman un conjunto entre todos ellos que recomiendo leer sin pausa, disfrutando de cada uno. Los versos nos transmiten fuerza y vida, pero no vida entendida como instantes de alegría y positividad, sino también de momentos de dificultad y dolor.
José García Alonso da un salto en su poesía, algo realmente difícil tras Erosión, su anterior libro, que resultó premiado y que en mi opinión, tras su lectura, era y es realmente bueno. Por eso, girar los textos hacia un lenguaje diferente, para explicarnos y contarnos otras circunstancias, me parece no solo difícil, sino digno de elogio si lo haces como él lo ha hecho, con una gran calidad. En mi biblioteca particular, como sabéis, hay muchos libros de poesía. Nunca he contado cuántos (realmente es algo que no me interesa, el saber qué cantidad), ni qué porcentaje son del total, pero estoy seguro que son realmente muchos. Me encanta leer poesía. Por eso, tanto este libro como el anterior del mismo autor, tendrán un lugar especial en mis estanterías, aquel que reservo para los que quiero localizar fácilmente. Sé que regresaré a sus versos más de una vez.
Más que un libro un autor
Creo que la primera vez que coincidí con José García Alonso fue en la presentación de uno de mis libros. Si no me falla la memoria, fue en ese momento. Con el nexo común de Noemí Sabugal, que nos juntó a ambos en algún momento de nuestros caminos, he coincidido con él en presentaciones, otros eventos y cenas (las cenas entre amigos nunca deberían dejar de celebrarse). Hablar con él no solo es descubrir a alguien que ama la literatura, sino que sabe mucho de ella. Puedes estar horas a su lado, tratando la cultura como parte de la vida, de su vida y de la mía, y de muchos otros que nos rodean.
Me alegra conocer a gente con tanto que aportar. Además, su calidad como autor creo que es indiscutible. Hace no mucho, recuerdo estar hablando con una gran escritora de aquí, y que ambos coincidíamos en que José García Alonso escribía realmente bien. Quizá no le conozca tanto y en tanta profundidad como a otros, pero sospecho que seguirá regalándonos poemas en un futuro y, si es así, ahí estaré yo para leerlos con alegría y aprendizaje.
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