Son testimonio de la vida de los 50 en las calles de Ponferrada que se les va derramando en los recuerdos octogenarios que comparten. Son los Amigos del barrio, se definen, y más allá de ser un apellido sin sustancia, han querido hacer de él el protagonista de una juntanza anual desde la que no dejar que se escapen esas vivencias de niños que ahora solo acarician al recordar. Fue Jaime De Vega el que, llegada la jubilación, quiso volver a compartir con los amigos de la infancia recuerdos.
Él fue jefe de Operación de la central de Compostilla. Trabajó para Endesa 37 años, su hermano también fue empleado de la eléctrica y su padre. Estuvo detrás de la puesta en marcha y, lo más complicado, el enganche a la red, de las centrales de As Pontes y Andorra. Ese fue su paréntesis intenso fuera de casa.
“De los 16 años para abajo”, es lo que más recuerda. Después, la vida les separó, cada uno se destinó a una dedicación. Algunos se quedaron y crecieron en la ciudad “cualquier idea que tuvieras se convertía en negocio”, recuerdan. Eran años en los que el paro no existía y solo se recuerdan trabajando, como habían visto hacer a sus padres, que eran los que soportaban las preocupaciones que ellos no tenían de niños. Lo suyo era solo jugar y buscar retos. “Jugábamos al peón, al almendruño, a los pitos, al aro, y que no faltara el fútbol en el campo de la M.S.P. con los mecánicos de los talleres de la zona”, recuerda De Vega.
Cada sábado, los amigos que quedan por Ponferrada de aquella hornada se reúnen a tomar el café matutino por un bar del barrio, antes o después de ir al mercado, eso ya depende de lo madrugador que sea cada uno…Se dicen del barrio, pero más bien es toda una zona desde la avenida de Valdés, la actual calle La Paz, el cine Morán, que era el centro de sus diversiones. Y es que, eran niños de calle, donde se hacía la vida “íbamos a la escuela de Don Rosendo, Doña Justa, a La Minero…”, recuerda. “La demarcación venía dada por las calles, Camino de Santiago (actual), Gómez Nuñez, gasolinera de Garnelo, y los terrenos de la Minero”.
“Íbamos al Edesa a cambiar cuentos, a jugar en la plaza de toros de la Plaza Interior, etc.. Los futboleros fuimos en bicicleta a jugar en Camponaraya, Flores del Sil, Columbrianos”. Y los barrios se juntaban “los Jesuitas comenzaron a impartir enseñanza en 1952, así se nos hizo más cercano el barrio de las Encinas”.
Y, cuando comenzaron el instituto, ese espacio de amistad se estiraba “suponía subir y bajar a la plaza del Ayuntamiento mañana y tarde. Ya íbamos al paseo a dar vueltas por Capitán Losada a ver a las chicas, en fin, tiempos idealizados, donde no teníamos mayores preocupaciones. Esas eran para nuestros padres”.
Aquella vida cambió a otra “cada uno seguimos nuestro camino para formarnos, encontrar un trabajo y formar una familia”. Él se fue a Sevilla a estudiar y el tiempo fue pasando. El contacto con todos aquellos chavales que aún ve De Vega al cerrar los ojos poblar las calles que ahora llevan otro nombre, se fue perdiendo, pero los recuerdos no.
En esos paseos y en esos cafés de sábado De Vega y sus amigos dijeron por qué no y se pusieron a trabajar en un reencuentro. Fue en 2004 cuando organizaron una comida intentando tirar de los hilos que pudieron para localizar a esos chavales que ahora andan por los 80. No fue fácil hacerlo, toda una labor de investigación entusiasta porque, como todo en la vida, siempre han sido de los que cogen el toro por donde hay que cogerlo. Reconoce De Vega que ahora las tecnologías se lo han facilitado mucho y todo está a golpe de correo electrónico.
Se juntaron en una comida en la que, como ahora, tienen claro que lo que menos importa es el menú. Solo eran 17, pero sembraron una intención que ya no tendría marcha atrás. Hoy suman unos 50 y vienen de distintas partes del país. Gijón, Valencia, Andalucía…hasta allí se fueron esos bercianos que jugaban a la peonza en la calle la Paz. Otros incluso han vuelto del extranjero solo con la intención de compartir una charla de recuerdos.
De la primera foto de reencuentro a la de hoy, algunos se han ido, pero forman parte también de esos recuerdos que siempre tienen un abrazo por parte de los que quedan.
Los Amigos del barrio vuelven a reunirse ahora y ya están en capilla para ello. Lo harán este 27 de octubre, con una comida en el Restaurante del Hotel Ponferrada Plaza, a las 14:15 horas. Tienen por norma ir a restaurantes a los que puedan llegar andando, tal vez porque así , el paseo complemente ese momento de reencuentro que se sumará a los recuerdos que quieren atesorar. Son historia viva de una ciudad para fue para ellos inolvidable y en la que todo crecía. Ahora, lo que más les duele, es tener que ver que no es así “todo está cayendo”, hasta las torres de Compostilla, y ven cómo los jóvenes tienen que buscarse el pan fuera de esas calles y barrios que a ellos les hicieron lo que son hoy.