La Virgen de la Encina volvió a presidir en la plaza del Ayuntamiento la celebración del día grande de las fiestas de La Encina, en una jornada en la que la Patrona volvió a reunir a los bercianos en torno a una de las tradiciones religiosas más arraigadas de la comarca.
La jornada comenzó con la tradicional misa de la Natividad de Nuestra Señora, celebrada en la plaza ante la gran afluencia de fieles que cada año desborda la capacidad de la Basílica. La eucaristía estuvo presidida por el administrador diocesano, Javier Gay Alcain, y contó con la presencia de autoridades y representantes de distintos puntos del Bierzo.
El momento central llegó con la ofrenda del Ayuntamiento de Borrenes a la Morenica, protagonizada por su alcalde, Eduardo Prada Blanco y por las mujeres de sus pueblos que pidieron incluso llevar a la patrona, pero finalmente caminaron a su lado con la ofrenda. El municipio repitió así una tradición que inició en 1990 y que tiene un significado especial, ya que Borrenes fue uno de los pueblos que recibió a la Virgen durante su gran peregrinación por el Bierzo en 1958.
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En la ofrenda, bicas, manzanas, peras carujas de Orellán, miel, aceite de San Juan de Paluezos, pimientos, un libro de la localidad y un recuerdo velado de las Médulas que el año pasado cambiaron de color por el paso del fuego. Y en las palabras, el alcalde, que fue porteador de la virgen en la anterior ofrenda que se le hizo, volvió al escenario recordando esa vez, en 1990 "hoy me toca representar la municipio", dijo. Lanzó cuatro ruegos, por sus gentes "para que no se sientan solos y para que tengan todas las atenciones", dijo. Pidió también por los niños "por los pocos que ahí", dijo, rogando el cambio de tendencia a una mayor natalidad. Y pidió también por los jóvenes, que se sacrifican estudiando "y muchos después tienen que irse al extranjero. Le rogamos que cambie esa tendencia". Y su último ruego fue por la paz en el mundo, recordando los conflictos bélicos actuales.
Tras la ofrenda, los mozos pimenteros tomaron las andas de la Virgen para emprender el regreso a la Basílica y completar la procesión. Son ellos, los jóvenes del municipio que cada año realiza la ofrenda, quienes mantienen la tradición de portar a la Patrona durante este momento de la celebración.
La imagen recorrió las calles de Ponferrada sobre unas andas de plata realizadas en el taller sevillano de Villarreal, regalo del pueblo de Ponferrada con motivo del centenario de la Coronación de la Virgen, celebrado en 2008. La pieza está cargada de referencias bercianas, desde la puerta de la Basílica y la Cruz de Peñalba hasta la representación de distintos santuarios marianos del Bierzo.
La Morenica lució además este año su manto de seda color beige, confeccionado y bordado en el taller del monasterio benedictino de las Carbajalas de León, una donación de una berciana residente en la capital leonesa. El conjunto se completó con un adorno floral blanco compuesto por lirios, rosas y verónica sobre un fondo de lentisco y hojas de palmera, preparado este año por Flores Prado.
La historia de esta celebración está estrechamente ligada a la propia historia reciente del Bierzo. En 1958, con motivo del cincuentenario de su Coronación, la Virgen peregrinó por los pueblos de la comarca, donde era recibida por alcaldes, sacerdotes, escolares y numerosos vecinos. Los municipios decidieron entonces devolver aquella visita llevando cada año flores y frutos de la tierra como ofrenda a la Patrona.
Aquel mismo año, Pío XII concedió al Santuario el título de Basílica, que fue consagrado por el obispo José Castelltort. Cincuenta años después, en 2008, la celebración del centenario de la Coronación volvió a llevar a la Virgen por distintos pueblos bercianos.
Fue también en 1908 cuando la Virgen de la Encina fue coronada, y precisamente un siglo después, con motivo de aquel centenario, Alfonso XIII concedió a Ponferrada el título de ciudad, poniendo fin a su condición de villa.
Las flores y frutos que los pueblos aportan tradicionalmente en sus ofrendas tienen además un destino que va más allá de la celebración. Cuando son aprovechables, son entregados posteriormente al Comedor Social y al Hogar del Transeúnte que mantiene la Basílica, convirtiendo la tradición de la ofrenda en ayuda para quienes más lo necesitan.
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