La madrugada del 4 de julio de 2020 quedó grabada para siempre en la memoria de Daniel Marqués. Lo que debía ser una noche de ocio acabó convirtiéndose, según relata, en el inicio de un calvario personal, médico y judicial que todavía continúa seis años después.
«Estábamos jugando al futbolín y me acerqué a la barra. Allí dos tipos me empezaron a increpar y no entendía lo que me decían. Les pregunté qué pasaba y uno me dio un cabezazo. Yo le di un puñetazo y ahí empezó todo», recuerda.
Tres minutos que describe como una auténtica locura y que terminaron, según su relato, con varias patadas en su cabeza y una lesión ocular que le ha dejado ciego de un ojo. Los hechos ocurrieron a las puertas del Pub Ciclos de Vega de Espinareda, localidad de la que es natural su madre, aunque él reside en León.
Daniel sostiene que fue víctima de una agresión por parte de dos personas, identificadas bajo las siglas RM y JM, y que aquella paliza le provocó importantes secuelas físicas y psicológicas que alteraron completamente su vida. «Todo cambió aquel día. Me han quitado seis años y un ojo», asegura emocionado.
Según explica, hasta entonces llevaba una vida completamente normal, pero las consecuencias de la agresión marcaron un antes y un después tanto para él como para su entorno más cercano. Durante este tiempo no ha podido trabajar, tuvo que regresar a vivir con su madre y, según reconoce, fue incapaz de entrar en un bar durante más de un año después de lo ocurrido.
Tras los hechos comenzó un largo proceso de recuperación. Daniel tuvo que someterse a consultas médicas, tratamientos especializados e intervenciones quirúrgicas. A ello se sumó una dura etapa a nivel emocional. Reconoce que llegó a perder cerca de 15 kilos de peso y que necesitó años para empezar a recuperar cierta normalidad. «Tardé aproximadamente tres años en empezar a encontrarme un poco mejor», relata.
Fue una etapa marcada por la incertidumbre sobre su recuperación y por la espera de una resolución judicial que, finalmente, tampoco resultó como esperaba. Cuando el caso llegó a juicio, Daniel confiaba en que se reconociera su versión de los hechos. Sin embargo, la sentencia, según relata, atribuyó la responsabilidad únicamente a él, una decisión que sigue sin comprender y que considera profundamente injusta.
El berciano sostiene que durante el procedimiento judicial la Fiscalía respaldó sus argumentos y que el informe forense señalaba que la lesión ocular se había producido por una patada directa en el ojo. Además, asegura que el Ministerio Fiscal llegó a solicitar la nulidad del juicio, aunque dicha petición fue finalmente rechazada.
La resolución judicial supuso un nuevo golpe para Daniel, que después de años de recuperación física se encontró inmerso en otra batalla, esta vez en los tribunales. Afirma que posteriormente consultó el caso con distintos abogados y que varios de ellos mostraron su sorpresa por el contenido de la sentencia.
La situación se complicó aún más por circunstancias personales. Durante este tiempo tuvo que afrontar el fallecimiento de su padre, una pérdida que se sumó al desgaste acumulado por años de litigios y problemas de salud. Además, explica que su anterior abogado no llegó a presentar el recurso de casación, lo que le obligó posteriormente a solicitar asistencia jurídica gratuita para continuar defendiendo su caso.
Lejos de abandonar, Daniel decidió seguir adelante. En la actualidad tiene presentado un recurso extraordinario de amparo ante el Tribunal Constitucional, una última vía con la que espera que se revisen las circunstancias del procedimiento y la resolución adoptada. «Aunque me han dicho que es muy difícil», reconoce.
En las últimas semanas decidió romper su silencio y hacer pública su historia. Lo hizo a través de un texto difundido en redes sociales que rápidamente encontró eco entre vecinos, amigos y numerosas personas que desconocían la dimensión de lo sucedido. La respuesta recibida le sorprendió. «No esperaba semejante apoyo. Me ha servido de mucho porque no había contado nada en estos seis años», asegura.
Ahora,con 42 años, sabe que su situación sigue siendo complicada. «El ojo no está bien y me han dicho que en el futuro tendrán que vaciarlo», explica.
Daniel lamenta especialmente el desenlace judicial. «Me ha dolido más la sentencia que perder el ojo», afirma. Considera que el proceso fue incomprensible para él y asegura que durante el juicio tuvo la sensación de que nadie entendía lo que había vivido.
«Parecía que se estaban riendo de mí, como si no me hubiera pasado nada. Y te sientes como si no valieras nada», lamenta. Mientras espera la respuesta del Tribunal Constitucional, continúa defendiendo su versión de los hechos y reclamando que se escuche su testimonio. Seis años después de aquella madrugada de verano en Vega de Espinareda, asegura que sigue luchando por cerrar una herida que no solo fue física, sino también emocional y personal.
«Lo único que quiero es que se conozca lo que pasó y poder seguir adelante. No quiero polémica ni venganza», concluye.