El Archivo Histórico Municipal de Castropodame

Rogelio Meléndez
08/11/2026
 Actualizado a 08/11/2026
Algunos de los legajos aparecidos en la Nave.
Algunos de los legajos aparecidos en la Nave.

Yo fui estudiante de la que se denominaba (en enseñanza secundaria) rama de ciencias y, en ese campo, el estudio de la historia parecía no encajar mucho. No obstante, yo sostengo y he sostenido desde hace décadas que la historia se debe analizar con criterios matemáticos, para ser estudiada de modo racional. Esto implica que hay que dar cifras y números. En cualquier caso, no fueron estas consideraciones las que me llevaron, ya desde muy joven (años 70), a interesarme por la historia. Fue el interés por saber la historia de mi pueblo natal, que en parte despertó en mí el hecho de hallar, siendo casi un adolescente, unos viejos papeles abandonados en casa de mi abuelo materno, que en tiempos de la II República Española fue alcalde pedáneo de Castropodame.

Poco a poco entré de lleno en el tema. Aunque en Madrid estudiaba Geología, la búsqueda de la historia local me fue seduciendo. Antes de terminar la carrera, ya estaba investigando la historia de Castropodame… en la Biblioteca Nacional de España, donde copié a mano y tratando de que fuese literal un documento del año 1187, cuyo original procede del Tumbo Viejo del Monasterio de San Pedro de Montes. El conocido investigador Augusto Quintana Prieto (lo conocí personalmente), en los primeros años de la década de los 70, publicó el contenido del citado tumbo, que es un libro manuscrito en la Edad Media, como bien es sabido. En el año 1980 y tras finalizar la carrera en la universidad y «la mili», fijé mi residencia en Castropodame. Para entonces ya mi afición a la historia local era imparable y pronto presté atención a la documentación que, en un estado de semiabandono, existía en la casa consistorial.

Había entonces en esa casa un trastero y en el mismo, en total desorden y cubiertos de polvo, hallé numerosos libros y legajos de papeles. Su destino bastante probable era el basurero. Tuve que poner una funda de trabajo y, tras la pertinente autorización del alcalde (Guillermo Pernía), poco a poco fui catalogando lo que había. Esto sucedió antes del año 1983. La gran mayoría eran documentos del siglo XIX, que a mí en aquella época me parecían poco importantes, pero que catalogué como mejor pude. Un geólogo no tiene por qué tener muchos conocimientos de ordenación y catálogo de archivos de índole histórica.

Me di cuenta de que había auténticas joyas. Un libro de visita de términos y otros detalles que se iniciaba en el siglo XVI y contenía datos hasta el siglo XVIII. Unas ordenanzas locales (concejo de Castropodame) del siglo XVIII (1779), inventarios de los bienes de la villa de Castropodame de los últimos años del siglo XVIII y dos tomos del celebérrimo Catastro de Ensenada, del año 1752. También, y ya del siglo XIX, había datos a partir del año 1820, es decir, del tiempo en el que los llamados ayuntamientos constitucionales (los que aún tenemos) se estaban formando, en medio de dificultades más o menos importantes. La mayor parte de la información, es decir, 27 cajas archivadoras y algunos documentos sueltos más (de un total de 30 cajas), eran documentos del siglo XIX en general, aunque también los había del siglo XX. Por ejemplo, la correspondencia del período 1935 a 1939, que hace no muchos meses he vuelto a revisar para analizar la repercusión en el municipio de Castropodame del inicio de la Guerra Civil.

En 1986, y siendo yo concejal de Cultura del ayuntamiento precitado, conocía la probable existencia de un pergamino del año 1497, que debería estar en la casa consistorial. En junio del año 1986 (notas personales), yo sospechaba que ese valioso documento había desaparecido. Sin embargo, felizmente, en octubre de ese mismo año y también según mis notas personales, había sido localizado. Este pergamino, que yo no logré descubrir (pese a interesarme por el mismo), apareció unos años después gracias a la labor de un chico de Castropodame (Avelino Lorden Reguro) que, de modo eventual, había sido contratado por el ayuntamiento de la localidad. La fortuna en este caso estuvo de parte de la historia y la cultura. Una vez descubierto y hasta la fecha, ha sido objeto de cuidados especiales. Últimamente se ha digitalizado para evitar que su información y otros detalles se pierdan, aun cuando el original desapareciere por alguna desgracia. Ha sido una excelente labor del ayuntamiento de Castropodame (Josefa Álvarez), aunque no sé hasta qué punto a los vecinos de Castropodame les importa lo que diga ese viejo documento que… ¿para qué vale? Yo considero que vale para mucho, pero…

Más documentos. Revisión del año 2019 

Antes de 1993 ya existía en la casa consistorial de Castropodame el denominado por mí Archivo Histórico Municipal. Se formó esencialmente con esas 30 cajas y algunos documentos más a los que me referí anteriormente. La denominación de histórico se la puse para distinguirlo de documentos mucho más recientes (entonces), resultado de la actividad cotidiana del ayuntamiento. El volumen de información que contenía (y contiene) es mayormente del siglo XIX. Además, había entonces en la casa consistorial de Castropodame un conjunto de libros que parecían, digamos, normales y bien encuadernados, pero que contenían datos de carácter histórico resultado de la actividad del ayuntamiento a lo largo del siglo XIX. Algunos datos son del siglo XX, pero pocos y siempre anteriores al año 1910. Es decir, asuntos que los vecinos consideraban como «agua pasada». Por ejemplo, asuntos referidos a la contabilidad relacionada con las escuelas. No eran novelas, ni libros de poesías, ni de ciencia… eran documentos que reflejaban la actividad y el funcionamiento del municipio durante el siglo XIX. La historia del municipio, en definitiva.

Estos no se hallaban, como debería haber sido «normal», en el trastero o en la planta superior de la casa consistorial. Yo supongo que se cuidaron y conservaron de modo aceptable porque, a lo largo del siglo XX, las diversas corporaciones y los secretarios vieron que tenían buen aspecto. No eran legajos de papeles con «mala pinta». Las noticias contenidas en los mismos, además de ser referentes a las escuelas de todo el municipio (son 7 pueblos), también aluden a diversos aspectos de la economía municipal y otros detalles datados en el siglo XIX e inicios del XX. Son en total 40 libros con un aspecto «bonito» y etiquetados en general. A veces pienso que, gracias a ese aspecto tan «guapo» que tienen, se salvaron de ir a parar a la basura o ser quemados, ya que los datos que contienen y, desde el punto de vista «práctico», hace muchas décadas que han dejado de ser «útiles».

Creo que con cierta periodicidad se debió proceder a la destrucción de documentos. Muchos de ellos procedían del juzgado municipal y se referían a litigios que se juzgaban en el municipio de Castropodame, sin necesidad, por lo que veo, de acudir a tribunales de Ponferrada. En algunos casos eran asuntos que hoy día entiendo que han de ser vistos en Ponferrada, pero mis conocimientos en materia del funcionamiento de la justicia no dan para mucho. Son litigios que afectaban, lógicamente, no solo a Castropodame, sino también al conjunto de los otros 6 pueblos que forman su municipio (Calamocos, Villaverde de los Cestos, Matachana, Turienzo Castañero, San Pedro Castañero y Viloria). Parte de esos documentos que en su momento fueron tirados literalmente a la basura se han recuperado y los que yo he visto son referentes, en efecto, a asuntos y litigios diligenciados en los primeros años del siglo XX, en el juzgado municipal de Castropodame.

Es hasta cierto punto «comprensible» que se destruyesen de modo periódico documentos. Hay que tener en cuenta que las sucesivas corporaciones municipales estaban formadas por personas con un nivel de cultura que no permitía apreciar el valor de esa documentación. Se consideraba que aquellos papeles (casi siempre manuscritos) hablaban de asuntos que, al ser cosa ya pasada, no tenían interés práctico. Yo, desde luego, y como historiador aficionado, creo que no se debieran haber tirado. Cualquier noticia del pasado, en cualquier momento del presente, puede tener algún detalle, por pequeño que sea, de interés.

He sugerido que sucesivas corporaciones municipales e incluso secretarios han debido ser personas con poco afán por conservar la historia del municipio de Castropodame a lo largo de los siglos XIX y XX. No obstante, me resultó un tanto sorprendente descubrir (ya en este siglo XXI, creo) que en los años 50 del pasado siglo alguien (seguramente el secretario municipal de turno) sabía que en el ayuntamiento había un pergamino del año 1497. En una enciclopedia realizada en plena etapa franquista en aquellos años, así se hace constar. Por tanto, y por fortuna, incluso en los años 50 del pasado siglo había alguna o algunas personas con un nivel de cultura y sensibilidad suficientes como para darse cuenta de ese detalle. Enhorabuena debo decir.

En el año 2019 de nuevo yo volví a ser concejal de Castropodame, si bien por muy poco tiempo, pero suficiente para volver a analizar esos viejos papeles de la casa consistorial. Entonces comprobé que el conjunto de esas 30 cajas que, en los años finales del siglo XX, se hallaban catalogadas (no sé si de modo muy correcto) eran solo una parte mínima del volumen total de la documentación de valor histórico. Entonces de nuevo intenté hacer unos breves apuntes y tomar una serie de notas sobre la documentación de la casa consistorial, con el fin de añadir al catálogo de esas 30 cajas más documentos que son del mismo valor histórico y que en el siglo pasado no tuve en cuenta, seguramente porque no se hallaban en el trastero, donde se encontraban, por ejemplo, los dos tomos del Catastro de Ensenada.

Documentación de la Nave municipal

Para entonces (2019), una considerable parte de la documentación se hallaba en una dependencia municipal fuera de la casa consistorial propiamente dicha. En un edificio conocido como la Nave. Considero que entre esta documentación de la Nave hay asimismo información muy valiosa referente a los siglos XIX y XX. Por ello, la última labor que he llevado a cabo, con la colaboración del ayuntamiento de Castropodame e incluso del de Bembibre y de la Diputación de León, es realizar un apunte-resumen del contenido de esa documentación de la Nave. Es, digamos, un primer y somero análisis con vistas a la evaluación de su interés. La Diputación de León estima, en efecto, que esta documentación es lo bastante importante para ser debidamente custodiada. El ayuntamiento de Castropodame está analizando qué se debe hacer al respecto.

Cuando en los años 70 y 80 del pasado siglo empecé a ocuparme de la documentación de la casa consistorial y dado que era casi toda muy «moderna» y además referida al conjunto de los 7 pueblos, me pareció que no era de gran interés. Ahora, sin embargo, no pienso así. En la documentación moderna también hay datos que interesan a la sociedad, incluso más que los lejanos. Por ejemplo, los referentes al ya extinto servicio militar obligatorio. Los sucesos referentes a la Guerra Civil (1936-39) y años posteriores siguen siendo muy buscados por los investigadores e interesan al público en general. Además, el hecho de que sean referidos no solo a Castropodame, sino a los demás pueblos del municipio, es un valor añadido.

La documentación de la Nave municipal contiene, por ejemplo, noticias referentes a asuntos militares desde el año 1838 hasta al menos los años 70 del pasado siglo XX. Incluso… ¡¡yo mismo!!, que hice la «mili» en 1979, aparezco en esos papeles. También otras muchas personas del municipio a quienes conocí personalmente. La repercusión en el municipio de Castropodame de todas las guerras en las que España se vio involucrada desde 1838 (guerras carlistas, guerras de Cuba y Filipinas, guerras de África, Guerra Civil, Guerra del Ifni) ha de tener obviamente cierto reflejo en esta documentación de la Nave Municipal.

La conservación de viejos documentos es siempre una buena noticia. Es la memoria colectiva, que hay que preservar para el futuro al igual que preservamos nuestros recuerdos personales. La documentación generada por el ayuntamiento de Castropodame (se conservan datos desde 1820) ha llegado hasta nosotros en parte por suerte. Es bien conocido que accidentes fortuitos (robos, incendios) o deliberados intentos de destrucción de la misma se han sucedido en el tiempo. La casa consistorial de Castropodame fue objeto de un intento de incendio en los años previos a 1936, según ha relatado en sus memorias José Manuel Reguro Prieto, que fue alcalde del ayuntamiento, concejal, presidente de la junta vecinal, juez, fiscal y algún cargo más. Por fortuna no prosperó ese conato de incendio. De haber ardido por completo, como sucedió en Bembibre, la pérdida de patrimonio histórico de Castropodame y demás pueblos de su municipio habría sido enorme. En nombre de nobles ideas (derechos sociales) se han cometido barbaridades contra el patrimonio cultural de todos.

Añadir La Nueva Crónica como fuente preferida de Google de forma gratuita

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora
Archivado en
Lo más leído