La empresa Lezama es la encargada de unos trabajos que se llevarán a cabo este jueves a primera hora de la tarde y que no se esperan tan espectaculares como el derribo de la chimenea pero sí un símbolo de un fin minero en la zona.
La pólvora alemana pondrá fin a esta estructura que llegaba a alcanzar 370 grados de temperatura y que era básico para la producción berciana.
La chimenea de 90 metros marcó ya el final de cuatro décadas de trabajo duro y este es un paso más, aún con el sabor de que el carbón se muere sin alternativas y sin estar completamente acabado, como decían durante las voladuras anteriores los vecinos.
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