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El arte femenino como compromiso reivindicativo

El arte femenino como compromiso reivindicativo

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Carmen San Juan trabajando en una de sus obras. Ampliar imagen Carmen San Juan trabajando en una de sus obras.
Mercedes G. Rojo | 10/07/2018 A A
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El arte femenino como compromiso reivindicativo
Senderos artísticos leoneses, en femenino (XVI) Carmen San Juan, artista plástica de Jiménez de Jamuz, se define como alguien al que le gusta «ir a contracorriente». Interesada desde niña en el dibujo, ha protagonizado exposiciones individuales y colectivas y ha ganado varios premios
"Cada uno pasamos por diferentes etapas en la vida. Las experiencias, lo que nos sucede en ella, nos moldean para ser quienes somos". (Carmen San Juan, artista plástica).

Esta semana nos acercamos a conocer a otra de nuestras creadoras que desarrolla sus dotes artísticas desde tierras jiminiegas y que no es otra que Carmen San Juan (Jiménez de Jamuz, 1976) una mujer que se define como «alguien a quien le gusta ir a contracorriente, que disfruta del arte conceptual por lo que tiene de libre, crítico y transgresor» y que, partiendo de esas premisas, en vez de buscar la belleza en sus obras como objetivo final prefiere que la gente se detenga ante ellas y reflexione, que no se quede indiferente ante ellas, intentando para ello despertar pasiones encontradas en el espectador.

Interesada desde pequeña en el dibujo, Carmen San Juan se recuerda a sí misma siempre con los bolsillos llenos de lápices, tizas y hasta trozos de ladrillo, porque cuando no tenía papel a mano «cualquier soporte era válido para plasmar todas aquellas ideas y sentimientos que de pronto se agolpaban en mi cabeza, sintiendo la necesidad de expresarlos mediante dibujos», faceta que combinaba con otra mucho más manual con la que trataba de darle una segunda y diferente oportunidad a los objetos que se iba encontrando. Es este segundo aspecto el que sin duda la ha hecho desembocar en la pasión por el reddy-made, esa expresión artística tan característica del dadaísmo propio de principio del siglo XX que busca la transformación de objetos de uso cotidiano en obras de arte, sin modificar su aspecto externo, para provocar sensaciones de absurdo y de sorpresa capaces de socavar todo concepto artístico tradicional; una pasión que se extiende al arte contemporáneo en general. Y así, partiendo de una base pictórica sustentada en el trabajo con óleo y acrílicos, preferentemente aplicados con espátula en la que las texturas de empastes están muy presentes, Carmen elimina de su trabajo cualquier tipo de límite que los materiales, el estilo o la técnica puedan marcarle y su curiosidad a nivel artístico la lleva a probar continuamente cosas nuevas, a hacer cambios que le impidan encasillarse en un único registro. En ese camino sin fronteras reconoce estar ahora mismo en un momento en el que la presencia de Robert Rauschenberg y su frase «un par de calcetines es tan apropiado para realizar una pintura como la madera, los clavos, el óleo o un lienzo» y del arte conceptual de Carmen Calvo ejercen una clara influencia sobre ella, influencia que la ha llevado ha considerar la validez de cualquier soporte para manifestar su arte, igual da si es un blíster o un rostro, como podemos observar en algunas de sus piezas artísticas.

Considerando el arte como la forma de expresión en la que se siente más dueña de sus creaciones, en la que deja aflorar sus propias emociones («sin emoción no existe obra», nos dice), le cuesta dar el paso para salir de su «zona de confort», a pesar de que ya son varias las exposiciones tanto individuales como colectivas en las que ha participado, incluso con algún que otro premio de por medio. Con respecto a su percepción del papel del arte en la sociedad nos deja la idea que tan necesaria es su práctica continuada para aquellos que tienen innatas las capacidades artísticas como para quienes participan del mismo en su papel de espectadores, a través del cual pueden alcanzar completas experiencias sensoriales; una realidad en la que ha de estar, sin duda, presente la mujer. En este sentido considera que contar con referentes femeninos en el mundo del arte servirá de guía a inspiración para las artistas actuales y venideras contribuyendo a una mejor valoración de las mismas y a una mayor visibilización en un campo en el que hasta ahora han estado bastante relegadas, aunque poco a poco va cambiando pero en el que aún queda mucho por hacer.

Socialmente el arte nos sirve como medio, forma y fuente de expresión, considera, y en ello estamos también las mujeres quienes «por siglos hemos sido silenciadas y relegadas a ser la sombra de un hombre». Carmen San Juan cree necesario «el arte femenino como un compromiso de reivindicación con nuestro pasado presente y futuro» y considera que aunque León es una ciudad con bastante movimiento artístico, en la que la presencia del Musac (Museo de Arte Contemporáneo) es un punto positivo a tener en cuenta, aún hay muchas cosas que se pueden mejorar. Y en este sentido apunta como uno de los pilares fundamentales, para la presencia y la potenciación del arte en general, la buena divulgación y, en cuanto a su faceta en femenino, también considera importante la presencia continuada de exposiciones de mujeres artistas como manera de paliar la larga invisibilidad en el que hasta ahora se ha venido manteniendo su trabajo artístico.
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