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El antruejo que le sale a León de las raíces

El antruejo que le sale a León de las raíces

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Antruejo de Velilla de la Reina este domingo. | SAÚL ARÉN Ampliar imagen Antruejo de Velilla de la Reina este domingo. | SAÚL ARÉN
T.G. | 04/03/2019 A A
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El antruejo que le sale a León de las raíces
Carnaval Velilla y Llamas sacaron este domingo sus ancestrales carnavales a la calle con la ilusión con la que se desempolvan las tradiciones legadas por los abuelos durante siglos
En muchos pueblos de León el Carnaval es Antruejo y los disfraces no son una caricatura de la actualidad ni la representación de ningún personaje de cuento. En ellos las máscaras guardan el significado de viejos rituales, son una tradición que ha pasado de padres a hijos a lo largo de los siglos en los que las viejas arcas han custodiado auténticas reliquias que vecinos de localidades como Velilla de la Reina o Llamas de la Ribera sacaron este sábado a relucir. Personajes de lo más variopintos, sacos raídos, manos enciscadas, enaguas, colores vivos y el sonido grave de los cencerros que penden de las cinturas de los custodios de las tradiciones.

Vejiga en mano corrieron calzados con las albarcas de piel de vaca los coloridos guirrios por Llamas de la Ribera. Sus abanicos se jaleaban con las carreras por prender la ropa de los muchos leoneses que acudieron ayer por la tarde a que les palpasen la tradición con las grandes tenazas de madera. Hubo a quien lo que le tocaron fueron los huevos, que para eso tienen un personaje propio: la gallina toca huevos. Madamas, toros, gomios, rositas, caretones, carneros... No faltó ninguno de los personajes que hacen tan característica la cita.

Igual de peculiar y con un gran valor etnográfico es el Antruejo de Velilla de la Reina, también ligado como el de Llamas, en buena medida a los ancestrales rituales ligados a la fecundidad. En este caso las miradas recaen en los toros, esos armazones de madera recubiertos con una sábana blanca y coronados por dos cuernos simulando el bravo animal. Y tampoco puede uno quitar ojo a los guirrios, hombres pertrechados de una colorida careta de expresión poco amigable que, vara de mimbre en ristre, cogen a las mozas para zarandearlas con soltura ante el toro. La representación del arado, los gigantes, los enanos, los barrigones, el oso... Otra sarta de personajes a los que no les falta la compañía de quienes pillaron los viejos sayones del doble para con gracia, poner las coplas y al cachondeo a una tarde en la que León sacó lo que le salió de las raíces.

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