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Donde siempre deseas que sea media noche

Donde siempre deseas que sea media noche

EL BIERZO IR

Portada de la obra de Luis Artigue  ‘Donde siempre es medianoche’entre otros de la mesa de lecturas de Vega. Ampliar imagen Portada de la obra de Luis Artigue ‘Donde siempre es medianoche’entre otros de la mesa de lecturas de Vega.
Ruy Vega | 26/08/2018 A A
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Donde siempre deseas que sea media noche
Cartas a ninguna parte En ocasiones, necesitamos sumergirnos en la más absoluta oscuridad para ver con claridad todo lo que nos rodea
Puede que para todos, para cada uno de nosotros, en algún momento de la vida nuestro destino sea Silenza. Puede que sepamos que existe la oscuridad pero no por qué debe existir. Papá, te traigo un libro distinto, especial, único. Imprescindible.

Hoy te hablaré de ‘Donde siempre es medianoche’, de Luis Artigue. Sus manos, quizá bailando sobre un teclado reflejando pensamientos maravillosos, han escrito una sensacional novela que, bajo una historia de ficción, estoy seguro que habla de nosotros, de nuestros miedos, de nuestras idas y venidas, de esos días en los que crees que la vida te va a sonreír y sin embargo te golpea, sin esperarlo, por debajo de la mesa. También de aquellos otros en los que todo se ha venido abajo y tan solo deseas que la tormenta continúe hasta el final, pues tras ella crees, sin dudarlo, que llega un poderoso huracán. Sin embargo, sin buscarlo, un beso te devuelve a una sonrisa olvidada y todavía deseada.

Te voy a contar un secreto. Cada vez que leo una novela para enviarte una nueva carta, resalto en el propio libro aquellas expresiones o frases que me han llamado especialmente la atención. Puede que sea porque al leerlas escuche música de realismo, o puede que su significado vaya más allá, y nos golpee con certera verdad, o porque son de esas que las lees, sonríes, las lees, sonríes, las lees, ríes… Aquí, con Luis, he hecho lo mismo. Pero he aquí mi, ya nuestro, secreto. Había tantas, tantas, que he tenido que parar. Con las primeras páginas consumidas, ya sabía que tenía algo especial entre manos.

Te anoto algunas: «Escucho a mi lado a una dama lista con modales de pija genética hablando por teléfono: ‘¿Te has comprado un coche deportivo? ¿No hubiera más barato meterte un calcetín en el calzoncillo?’. Yo, sin detenerme, al pasar a su lado le susurro: ‘Debe de ser alucinante vivir dentro de su cabeza’». Especialmente puntillosa, ¿no crees? Otra maravilla: “Y no, de verdad que no, antes de embarcar no reservé habitación en hotel alguno por si el avión se caía durante el trayecto”. Venga, una tercera, es una conversación entre dos:

«-¿Me da un pitillo?
-No Fumo
-¡Serás hijoputa egoísta!»

Por cierto, justo tras este diálogo se puede leer: «De todos modos yo no voy buscando la cultura sino la contracultura».
Silenza, una ciudad bajo una oscuridad permanente, sirve de recipiente para que todos nos sumerjamos en un espectáculo literario y de vivencias sin igual. Viajamos a lomos de un fotógrafo, buscando, dice el texto, resolver un enigma casi irresoluble, pero, esto lo digo yo, lo que puede que busque no es otra cosa que a sí mismo, reencontrándose con miedos olvidados y con sueños prohibidos. Podría escribir en letra perenne que cada personaje es uno mismo, llevado al extremo de las circunstancias de la vida. Porque, y eso papá tú lo explicabas con realidad pasmosa, cualquiera de nosotros, en otras circunstancias, podríamos ser la misma persona, pero totalmente diferente.
Locos, cuerdos, abstemios o alcohólicos, lanzados o temerosos, fervientes defensores de la democracia o ávidos manipuladores para aprovechar la debilidad y pasar a un régimen totalitario. Defensores de lo imposible o fiscales de lo posible. Eso es aquel lugar que, bajo la pluma de Artigue, toma cuerpo tan fijo como indefinido debe ser.

Puede que nuestro día a día en algún momento nos lleve a Silenza, obligándonos a conocernos mejor, a lanzarnos de cabeza a la aventura de la vida. Puede que muchos traten de recuperar un amor olvidado, o por él hagan especiales locuras. Puede que bebamos hasta no mantenernos en pie en el primer bar para conocer al mejor amigo pasajero de nuestra madurez. Puede que todos necesitemos saber por qué hay oscuridad y de qué manera podemos dejarla atrás. Papá, ¿por qué hay oscuridad? Espera… no me lo digas, prefiero guardar el misterio. Hay sensaciones que es mejor experimentar que comprender.

‘Donde siempre es medianoche’ tiene algo que a mí personalmente me gusta y que te he comentado, creo que ya varias veces, en estas cartas. La originalidad a veces es el punto de inflexión que hace destacar a unas obras sobre otras. Y ésta te puedo asegurar, sin equivocarme ni una coma, que lo es. La forma y el estilo que Artigue utiliza creo que no está al alcance de muchos. La locura plasmada en la genialidad de sus personajes, el ambiente oscuro, las mil y una frases memorables… todo ello compone un conjunto de indestructible maravilla.

Me paro ahora para dejarte aquí algunas frases más de esta novela, que ya estoy seguro que tienes ganas de leer: «…queremos saber qué nuevo rostro tendrá la luz del día…», «…nadie se atreve a decirlo, pero este mundo nuestro necesitaba una crisis…», «…está claro que, o tú estás bebiendo mucho, o yo muy poco…». «…si se me permite la opinión, en esta ciudad éramos gente civilizada y correcta, estimado fotógrafo, pero el oscuro mal se introdujo entre nosotros…». Todas ellas son de algunos de las personas y personajes (ojo a la distinción) que habitan esta ciudad, que ahora ya entenderás necesaria.

Es este un libro de los que, como en la mayoría de los casos pero aquí más acentuado, necesita presentaciones allí donde exista un lector, pues se hace hermosamente necesario escuchar al propio Luis Artigue hablar de la novela desvelando secretos que ya no lo son y verdades fijadas que erran por completo. Cada personaje podría merecer un libro, pues su peso trasciende a la propia historia. Pero tampoco escondo, lo dejo aquí plasmado para que lo tengas en cuenta, que es una de esas novelas en las que sacar tus propias conclusiones, tu propia visión de los acontecimientos, tus propias sensaciones y revelaciones se hace necesario. Eso no lo tienen todas, pero esta sí. Sin duda que lo tiene.

Solo hay que mirar entre las líneas, esconderte tras cada párrafo o rasgar cada palabra para ver qué esconde en su interior, y así poder construir tu propia oscuridad que, como en Silenza, algún día puede (o no) que tenga su fin. El fotógrafo, protagonista de esta historia (¿o lo es la oscuridad?), te susurra en discreto silencio, sin que puedas percibirlo, que ahora eres tú quien, sin darse cuenta, se está haciendo las preguntas y también, por supuesto, debes de ser tú quien proporcione las respuestas que, certeras o no, te han empujado, irreversiblemente, a la siguiente pregunta.
Papá, estoy seguro que te gustaría leer ‘Donde siempre es medianoche’. Te imagino subrayando frases y expresiones. Te imagino riendo con algunas de ellas para luego comentarlas. Te imagino con él entre las manos, en aquellas largas y oscuras noches de invierno, nunca mejor dicho. Siempre quedará la duda de si ahora puedes leerlas. ¿Sabes?, estoy convencido de que sí puedes. Sí, así lo creo. Por eso estas cartas son especiales. Por eso creo que escribírtelas cobra un sentido necesario y sincero. Por eso y porque si hay algo que ha trascendido a cada uno de nosotros, sin duda, es y será la literatura.

Te dejo ahora, pero no sin antes prometerte enviarte una nueva carta, carta a ninguna parte, que leída o no, me sirve, palabra a palabra, para seguir igual de cerca de ti que siempre.
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