Esta web utiliza las cookies _ga/_utm propiedad de Google Analytics, persistentes durante 2 años, para habilitar la función de control de visitas únicas con el fin de facilitarle su navegación por el sitio web. Si continúa navegando consideramos que está de acuerdo con su uso. Podrá revocar el consentimiento y obtener más información consultando nuestra Política de cookies.
ACEPTAR
Publicidad

¡Dios salve a los panaderos!

¡Dios salve a los panaderos!

LNC VERANO IR

Talí Riaño, el panadero de Valdeón que también reparte en Oseja y Cangas de Onís, es de los que cree que hay que llegar con el pan, como sea. Ampliar imagen Talí Riaño, el panadero de Valdeón que también reparte en Oseja y Cangas de Onís, es de los que cree que hay que llegar con el pan, como sea.
Fulgencio Fernández | 03/02/2019 A A
Imprimir
¡Dios salve a los panaderos!
LNC Domingo En medio del ciclón Helena los panaderos leoneses siguieron llegando hasta el último pueblo de la provincia, en muchos casos para una venta exigua pues están casi vacíos, pero a ninguno se le pasa por la cabeza dejarlos sin pan
La nevada fue importante. El viento azota a las ventanas y las mujeres mueven los visillos para ver la calle, los remolinos de nieve que levantan las torvas. «Está malísimo», repiten, pero en ese momento suena un claxon: «¡El panadero!», dicen alborazadas, conscientes de que se ha vuelto a cumplir el viejo dicho de que «un pueblo está aislado cuando no llega el panadero».

Salen las mujeres a por el pan, embozadas en sus echarpes, y riñen al panadero: «Pero bueno, ¿tú cómo vienes con este temporal? Tampoco nos va a pasar nada porque un día nos quedemos sin pan». El panadero sonríe mientras le va dando a cada una su barra o su hogaza, que lo sabe de memoria.

- Vete con mucho cuidado, que dice que está muy mala la carretera. Y no vengas mañana.

Todos saben que mañana vuelve. Parece ir en el código genético de los panaderos. «Hay que ir a donde haga falta, no se puede dejar a la gente sin pan...». Y sin noticias y muchas veces sin los medicamentos, que los panaderos son mucho más que los que reparten el pan.

El autor de la frase de «no se puede dejar a nadie sin pan» es Talí Riaño, el panadero de Posada de Valdeón, uno de los que tiene un recorrido más complicado en tiempos de nevadas pues no solo recorre el valle de Valdeón, también acude al de Sajambre y baja hasta Cangas de Onís, en Asturias. Pero exactamente la misma frase la decía en una entrevista publicada este sábado Sofi Barrio, ex panadera, una pionera de conducir un Land Rover que repetía la misma frase, palabra por palabra. Y recordaba alguna vez que tuvo que llevar hasta un ataúd, pues el coche del panadero es al que siempre se acude en situaciones difíciles.

Hablaba Talí Riaño de las carreteras que le toca recorrer. En algunos casos las fotos nos evitan mayores comentarios . Talí es de los que sufre el problema del argayo que incomunica Sajambre con Cangas de Onís, una situación que ilustra cómo es el comportamiento de esta gente con otra anécdota, que no lo es tanto. Ocurrió que a Benito, otro panadero de Oseja, le pilló el argayo para el lado asturiano y no podía regresar, ni amasar el pan para sus clientes de la vertiente astur...

¿Qué ocurrió? Nos lo contaba el periódico asturiano El Comercio, su redactora Gloria Pomarada: «Son competidores directos en los negocios, pero ante todo la suya es una rivalidad sana. Y lo es tanto que el panadero leonés Benito Díaz ha encontrado en sus colegas de Santillán, en Amieva, a sus mejores aliados para vencer las vicisitudes del temporal. (...) Díaz acude desde Oseja para repartir sus hogazas por todo el Oriente, desde Infiesto hasta Ribadesella, pasando por Arriondas y Cangas». El leonés acudió a la panadería de Amieva a pedir que le hornearan el pan que vende en aquella comarca y la respuesta fue... «por Benito, lo que sea». Y así fue.

Son así. Así es Talí Riaño o Manolo, el panadero de Senra, que este sábado andaba calentando el tractor para abrir camino porque se le había helado el gas-oil.

- ¿Cuántos pueblos repartes?
- Todos los de Omaña y Murias, creo que son 61.
- ¿Y cuánta gente son?
- Uff. Cada día menos.
- ¿Habrá pueblos en los que pierdes dinero al ir a repartir?
- No se trata de dinero.

Parece otro código, como el de «no se deja a nadie sin pan». No hablan de dinero. Talí anda por caminos más peligrosos: «Hay que ir».

- Pero perderás dinero.
- Déjate de dinero. Es otra cosa. Es que te estén esperando, que te llaman si tardas, por si te pasó algo, es ver cómo te reciben... No todo es dinero. Y menos en este oficio.

Tendrán razón, pero el mundo no se maneja con esos códigos y así tienes que ver como un milagro que hoy llegue el panadero hasta el último pueblo, con ciclogénesis o sin ella, con Helena o sin ciclón. Y si no llega el panadero es que el pueblo está aislado, oficialmente aislado.
Volver arriba
Newsletter