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Desmemoria histórica

Desmemoria histórica

OPINIóN IR

30/01/2020 A A
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Desmemoria histórica
Hay columnas que buscas y acabas encontrando y otras que por mucho que persigues no eres capaz de atrapar. Pero también hay las que de manera inesperada te llaman y aunque en un primer momento les des la espalda casi inconscientemente, vuelven a golpear la puerta de tu conciencia las veces que sean necesarias hasta que no tienes más remedio que parirlas, eso sí, cambiando el rojo de la sangre por el negro de la tinta. Dos colores que precisamente juegan un papel vital en la historia que hoy nos ocupa. El rojo de la sustancia viscosa que corre por nuestras venas y arterias y el negro de la pólvora y de los pasamontañas.

La primera llamada, llamémosle así, tuvo lugar mientras leía el best seller ‘Yo confieso’ del periodista Fernando Rueda y en el que Mikel Lejarza ‘El lobo’, cuenta cómo se infiltró en ETA y las vivencias más o menos intensas con las que tuvo que lidiar. Entre sus reflexiones muestra su indignación porque nos hayamos conformado con aceptar que el número de víctimas fue de 854, cuando éstas, según su opinión, superan las 1.200, incluyendo también las del GAL. Pensaba que podría haber algún desfase en esta estadística, pero nunca me imaginé que pudiera ser tan violento. La verdad es que esas cifras removieron mi conciencia durante unos instantes, pero quedaron relegadas a un segundo plano debido a la vorágine de información de todo tipo que recibimos diariamente.

A los pocos días, el destino quiso que cayera en mis manos una bandera de España de la Asociación Pro Guardia Civil en la que aparecen serigrafiados los nombres de todas las personas asesinadas por ETA, incluyendo lógicamente al Guardia Civil José Antonio Pardines, primera víctima oficial de la banda terrorista. La aparición de esta bandera en mi vida mientras estaba inmerso en la lectura de ‘Yo confieso’ lo entendí como una mera coincidencia.

Pero unas jornadas después, leía en varios medios de comunicación que el Parlamento Europeo había acordado enviar al País Vasco una comisión para investigar sobre el terreno los 379 crímenes de ETA que están a día de hoy sin resolver. No sé lo que ustedes hubieran pensado en mi lugar, pero la explicación de las meras casualidades ya comenzaba a caerse por su propio peso, motivo por el cual comencé a barruntar la opción de tirar de ‘memoria histórica’.

Y en estas llegan los Goya, que como siempre traen bastante resaca y opiniones varias sobre lo acontecido y dicho tanto en el escenario como en la zona del ‘photocall’, que paradójicamente estaba cubierta de una moqueta roja. Y entre todos los comentarios y reflexiones la más inteligente y certera fue la del escritor Fernando Aramburu, autor de ‘Patria’, quien a través de Twitter pió lo siguiente: «La gala de los Goya, como se sabe, se celebró en el palacio Martín Carpena de Málaga. Martín Carpena... Martín Carpena... ¿De qué me suena este nombre? ¿Alguno de los refulgentes y felices asistentes hizo alusión a esta persona?». Y es que Martín Carpena fue un político del PP asesinado por ETA en el verano del año 2000 delante de su mujer y su hija. Está bien lo de pedir dinero para mejorar el cine español, denunciar todo tipo de desigualdades e incluso oponerse a conflictos bélicos, pero es paradójico, y lo dejo ahí porque se me hincha la yugular, que nadie se acordara bajo el techo del Martín Carpena del motivo por el que ese edificio lleva dicho nombre.

Entenderán entonces las razones que me han obligado a dedicar este espacio a la asquerosa ‘desmemoria histórica’ con este asunto y también con otros que se merecen un humilde recordatorio como éste. Sirvan estas palabras para honrar a las víctimas de ETA y mostrar todo el apoyo a las familias que vieron cómo sus seres queridos fueron víctimas de la dictadura del terror, que por suerte hoy ya no existe, pero que nunca debemos olvidar que existió.
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