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Desde la literatura romántica a la cámara fotográfica

Desde la literatura romántica a la cámara fotográfica

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Autorretrato de la artista. | CHAYO ROIG Ampliar imagen Autorretrato de la artista. | CHAYO ROIG
Mercedes G. Rojo | 10/04/2018 A A
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Desde la literatura romántica a la cámara fotográfica
Senderos artísticos leoneses, en femenino (III) Las instantáneas de Chayo Roig Saurí están llenas de esos rincones descuidados que nadie visita. Y es que en esta pasión artística reconoce la influencia que dejó en ella autores como Bécquer, Byron o Stoker
Vamos hoy otro paso más por estos senderos artísticos siguiendo el camino fotográfico que nos muestra Chayo Roig Saurí (Valencia, 1972). Ella es una valenciana afincada en tierras leonesas desde hace ya más de una década, una tierra a la que ha aprendido a amar y a disfrutar sin que haya dejado de latir en su alma toda la esencia del Mediterráneo, de su Valencia natal. Licenciada en Filología Hispánica, la vida le ha llevado por otros derroteros a nivel laboral pero reconoce que su formación ha marcado, tan profundamente como la herencia, la estrecha relación que tiene con el arte, en la que fotografía, pintura, escultura y literatura han sido siempre muy importantes, hasta desembocar actualmente en un tándem de danza, fotografía y literatura que caminan paralelamente en ella; tres maneras de hablar con el mundo de forma diferente, tres maneras de crear lenguajes a través de los cuales expresar los sentimientos, las emociones, los propios descubrimientos. Considera que si la literatura te hace sentir y vivir al leerla y te despoja de ti misma al escribirla, la danza te ayuda a ser feliz y a expresarte sin palabras, utilizando solo tu cuerpo. ¿Y la fotografía?

La fotografía forma parte intrínseca de la personalidad de Chayo Roig que llegó a ella a través de su madre a la que desde sus primeros años recuerda con una cámara de fotos entre las manos, queriendo inmortalizar cada instante de sus viajes, de sus momentos más especiales; cámaras muy antiguas en las que sacar el carrete con sumo cuidado para colocar otro nuevo suponía algo emocionante, que dotaba cada viaje de una magia especial. Y cuando comenzó a viajar sola continuó haciendo fotografías, para compartir con ellos los lugares en los que había estado. Y fue en ese momento cuando se dio cuenta de que no quería hacer las típicas fotos de recuerdo.

Sus instantáneas están llenas de esos rincones descuidados que nadie visita, la parte de atrás de una iglesia, la ventana abandonada abrazada por las zarzas… Y es que en esta pasión artística reconoce la influencia que dejó en ella la literatura del romanticismo español, a través de las obras de Larra, Espronceda, Zorrilla o Bécquer; de los grandes clásicos del terror como Bram Stoker, Mary Shelley y de poetas románticos como Lord Byron. Reconoce la increíble pasión que despertaron en ella los castillos abandonados, los monasterios y los cementerios y que busca plasmar en su fotografía; fotografía que ha convertido en su pasión buscando la belleza que existe en los lugares deshabitados, en el tiempo detenido entre las ruinas, un decorado perfecto que le invita a imaginar historias que busca recrear en sus imágenes. A veces solo a través del espacio físico, a veces interrelacionándolo con personajes en los que, sobre todo, cobran vida las mujeres.

Las obras de esta fotógrafa están dotadas de una gran fuerza expresiva que convierte lugares abandonados en lugares especiales, enigmáticos, transformados a través de su poderosa imaginación que logra que, tras un «clic», lo que hay en su mente se nos muestre como realidades habitadas por el «alma inquieta» de los personajes que pone a dialogar con los espacios, personajes para hasta los que hace bien poco ella misma posaba, en un proceso de autorretrato, y que poco a poco ha contagiado a otras mujeres que se van animando a participar en su mundo y a convertirse en sus modelos; circunstancia que siente como un auténtico privilegio.

Nunca ha pretendido vivir de la fotografía pero la siente como una verdadera pasión que la llena de vida y la mantiene unida a sus otros anhelos artísticos, la literatura y la danza, que también dejan su impronta en muchas de sus obras. Reconoce su bautismo público gracias al empuje de «mujeres con ojos increíbles que se enamoraron de mis fotos en la pantalla de un ordenador y me animaron a hacer mi primera expo», que se tradujo en ‘Espacios de un alma inquieta’. Pero a pesar del empuje recibido personalmente considera que vivimos en un mundo en el que sigue siendo más fácil la visibilización de los hombres que el de las mujeres, por lo que siente como vital la importancia de conocer el trabajo de otras artistas –cualquiera que sea su ámbito–, especialmente las precursoras. Conocer de sus fuentes de inspiración, empaparse de su trabajo, dice «te hace ver que es posible, que otras lo han logrado», a pesar de que muchas veces haya que robarle al sueño horas de creación. Y una vez conseguido esto es tan importante o más trabajar en esa visibilización pública, de las de entonces y de las de hoy. Por ellas mismas y por las que han de venir detrás.

Nuestra contribución hoy en dicho proceso, acercarles a la fotografía llena de magia, de luz y de «vidas» de Chayo Roig.
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