Un patriarca que también es patrón

Histórica victoria del más veterano del circuito, Javier Oblanca, derrotando a ilustres de ligeros y jóvenes pujantes, para compartir podio con Moisés, ‘El Rubio’ y ’El Junco’

Fulgencio Fernández
19/07/2015
 Actualizado a 13/09/2019
Adrián Fierro (Fierro III) escucha las opiniones de su rival en semifinales, Javier Oblanca.
Adrián Fierro (Fierro III) escucha las opiniones de su rival en semifinales, Javier Oblanca.
- Esa es una caída anticuada; voceó un paisano en la grada en el combate de Adrián Fierro.

- Querrá decir antigua; le corrigen.

- Es lo mismo, es antigua y se quedó anticuada, ya nadie lo hace así; se defendió.

No le faltaría razón. Hay formas de hacer, no solo de luchar, que se están quedando antiguas. Y es un buen día para decirlo porque por Villafañe pasó un luchador antiguo y de siempre, con una forma de hacer admirable siempre. No es bueno que quienes asistieron al corro no tengan la sensación de haber visto algo grande, porque lo vieron.

Seguramente está escribiendo una de las páginas más bellas de los últimos años en la lucha y lo hace con una humildad que no se corresponde con la historia que él sabe que está escribiendo, porque conoce la historia de este deporte como muy pocos. Es Javi Oblanca, Javier Oblanca Sánchez, de Villabalter.

Estaba bien el corro. Hacia buena tarde, a la sombra, se escuchaba ese sonido de los chopos que un libro convirtió en aplauso. Y es que los chopos de Villafañe saben de lucha y ayer aplaudían. A Javier Oblanca.

Ya es mérito que esté allí Javi. Y está. Pero después dejó lecciones de todo tipo, varios capítulos de la mejor lucha. Ganó con oficio al joven Guiller; después con mucho más oficio al gran favorito de esta Liga (Ibán El Guerrerín) a quien dio la caída a falta de un segundo para que no pudiera reaccionar, de hecho no se agarró el de Barrillos consciente de que era misión imposible.

Después se agarró con el imprevisible Halconero, Alejandro Franco, que tuvo muchos problemas para encontrar cinto pues no los hay para su cintura de avispa. Nada pudo hacer con ningún cinto ante Javi y, además, en la última caída se le salió el hombro. Pronto lo vio Javi, que se separó de su lado, lo sacó en brazos del corro y después fue con él a la ambulancia, mascullando quejas entre dientes.

Dejó al Halconero en manos del médico para medirse al tercero de los Fierro, Adrián (hermano de Rubo y Laura) y dictó Javi otra lección de saber cuando esperar y cuando atacar. Así se plantó en la final ante uno de los tipos más fuertes de la categoría: David González, Puro, que había dejado caídas para el recuerdo y voleos.

Pero enfrente tenía Puro a un sabio. Buscó el voleo (o la cadrilada) y se encontró con un tranque sutil, abajo, casi imperceptible, y quedó sentado. La segunda fue parecida, con la cadera. El catedrático cerró la lección de la facultad de Villafañe, que en lucha tiene historia.

- ¿Y con cuántos años?

- No se lo voy a decir, a él no le gusta y un tipo así merece un respeto. Pero sí les digo algo, está haciendo historia y, aunque tampoco le guste ser el patrón… es el patrón.

Se iba Javi como siempre, con el trofeo cogido con desgana, caminando como roto, mientras los más jóvenes (los Fierro, Guiller) la Quinta del Botellón, se citan en La Vecilla. «Vete pidiendo, Biter con ginebra».

Moisés, la llamada de la sangre

Medios es este año una batalla sin cuartel. Y a Moisés Vega se le da bien Villafañe, o está más motivado, si se puede (o se les da bien a los Vega pues su hermano Ángel ganó aquí siendo un niño).

Y cumplió un año más en este pueblo Moisés. Ganó en medio de la batalla abiertaal hombre impasible, La Roca. Saúl García, Rubo y Víctor Llamazares fueron sus rivales y entre los tres le dieron media caída, Víctor en la final. Por cierto, se mancó Moisés en la caída, llegó al suelo en mala postura y al quitarse la camiseta para ser ‘tratado’ dejó a la vista de todos algunas de las razones por las que más parece una roca que un luchador. Pero regresó al centro del corro y remató.

Por cierto, el hombre sin gestos sí tuvo uno ayer, lanzó una mirada y una señal al cielo al ser levantado como campeón. Gesto que repitió cuando se quedó solo, celebrando la victoria, después de haber pasado por el taller del doctor Vicente Martín.

Tendrán que ver los buenos resultados de Moisés Vega con la llamada de la sangre. Con el apellido que no sale en los resultados, el segundo, Álvarez, que además le lleva hasta tierras muy cercanas a las de Villafañe, las del abuelo materno, hasta Villarmún. Y en ese pueblo apellidarse Álvarez en la lucha es mucho. Que se lo pregunten a aquel Bernardo que se casó en Redipollos, Nardi el de Villarmún.

Tendrá que ver la mirada al cielo con la llamada de la sangre.

Impresiona pero, por suerte, sus rivales siguen con ganas.

- No pudo ser; le dicen a Víctor.

- A ver mañana; dice el de Valderrueda.

Fernando acelera, Sansón arranca

Sólo 7 se presentaron en semipesados. Samuel anda tocado de una costilla, Sergio juró bandera, Rodri está para Inglaterra... Apareció Guti: «Buen día para probar suerte», decía el de Prioro, con el que nunca se sabe. Pero a las primeras de cambio le tocó Sansón Cabero y el de Valdearcos lo facturó al tren de vuelta con dos cadriladas que recuerdan a las de los mejores años. El entrañable Sansón lo reconocía:«Estoy bien, el año pasado estaba hecho unos zorros, pero me encuentro bien». Bueno es para la lucha, y lo merece Sansón, que se metió en la final derrotando después al joven Aarón, de Taranilla.

En la final le esperaba el imprevisible, Fernando Martínez , El Rubio, de Campohermoso, que lleva acudiendo a dos corros seguidos, que en él ya es noticia. No es tanta noticia que los haya ganado los dos, pues le sobra calidad. Llegó a la final sin posar la espalda y había que ver cómo reaccionaba Sansón. Hubo batalla, se adelantó Fernando, reaccionó Sansón «a puro guevo»pero remató el de Campohermoso, al que se le da muy bien desestabilizar a los rivales y ése es el punto débil de Jesús.

Clemente, el único invicto

Subió Clemente a pesados para buscar una gesta y está impresionando. Ganó los tres corros disputados y ya es el único invicto de los 4 pesos.

Se midió pronto a Caberín y primero le sacó Abel y él esperó bien y después fue él quien sacó a Abel que ya vistiéndose susurraba:«¡Qué mierda de combate hice!».

Desde hay todo fue fácil para El Junco, con Likete y en la final con Bahillo, al que remató con un sobaquillo de los suyos para poner el broche de oro que merecía el corro de Villafañe y también la tarde de Javier Oblanca.
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