Pese al tiempo transcurrido sus recuerdos sobre la cita aún están muy presentes y asegura que «fue agridulce. Recuerdo el fantástico ambiente que hubo en León, fue maravilloso jugar allí por el ambiente que había siempre, pero es que éste se multiplicó en aquella Copa. Nos quedamos con la amargura de no haberla ganado, porque pudimos haberlo hecho, se nos escapó una gran oportunidad. La que se hubiera montado...».
«Teníamos ganado al Joventut en semifinales, se nos escapó la final de entre las manos y en ella contra el Cáceres hubiéramos tenido opciones», añadía Llorente, que recuerda cómo «en ese partido fallamos tiros libres decisivos al final, Fran Murcia que acababa de firmar por ellos fue decisivo y yo no pude jugar al 100% los últimos minutos porque tuve un pinchazo en en el abductor que de hecho seguramente no me habría permitido disputar la final».
«Fue una pasada y un recuerdo muy bonito para siempre, pero siempre nos quedó la pena de no ser aún mejor», concluye el ex jugador.
Los recuerdos de Martín Ferrer
En el anfitrión había en aquella Copa del Rey un joven balear que cumplía su primera temporada en un Baloncesto León en el que luego permanecería durante una década tras la que ya asentaría su vida en la capital leonesa. Era Martín Ferrer, que tuvo un papel clave en el triunfo en cuartos frente al Manresa con 12 puntos, aunque apenas participó en lassemifinales frente al Joventut.
20 años después, aún recuerda esa cita. «Aquello fue una fiesta del baloncesto en León, fue maravilloso», apunta el ex jugador, que tuvo una larguísima carrera pero considera que fue «la mejor vivencia que viví en el mundo del baloncesto».
Y es que Martín Ferrer señala que «fue espectacular, toda la ciudad se volcó y lo vivió, por las calles no se hablaba de otra cosa, estaba presente en todos los lados. Es que recuerdo hasta que en el Emperador la película que había era Space Jam».
Una circunstancia que se reflejaba en el Pabellón, donde Martín apunta que «recuerdo salir a jugar y ver las gradas llenas, pero hasta el punto de que el pasillito del medio donde se suponía estaban las escaleras no existía, estaba lagente sentada, fue una locura».
«Teníamos muy buen equipo, acabamos entre los ocho primeros y plantábamos cara a cualquiera. Además éramos muy jóvenes y contábamos con muy buenos americanos», apunta también Martín Ferrer, que señala que «si llegamos a meternos en la final no alcanzo a imaginar qué habría sucedido, de verdad que se cae el Pabellón».
Lo impidió el Joventut en un choque del que el paso de los años ha hecho que «ya no recuerde nada del encuentro en sí, sólo la que se montó tan gorda con su entrenador, con Julbe».