El atleta leonés Rober Alaiz deja el atletismo. Cuelga las zapatillas a los 36 años después de una carrera con dos etapas muy diferenciadas, la vivida hasta los 25, metido de lleno en la élite y siendo uno de los mejores en sus disciplinas de todo el panorama europeo; y la que llegó después, condicionada por un calvario de lesiones que nunca le dejó regresar a ese nivel pese a no dejar de intentarlo.
"Quizá no sea el final que imaginé, pero es el que hoy necesito", asegura en su comunicado de despedida Alaiz, reconociendo que "después de tantas lesiones volví con un sueño: llegar a unos Juegos Olímpicos. Un sueño que, durante mucho tiempo, dio sentido a muchos sacrificios. Creedme que he intentado encontrar respuestas de todas las maneras posibles, pero una vez más he errado".
Es el gran pero que le queda un atleta cuyo gran resultado fue el que consiguió en el Europeo de Zúrich en 2014 al aire libre, donde fue quinto en los 5.000 metros, habiendo sido también séptimo un año antes en el Campeonato de Europa Indoor.
Se quedó siete veces a las puertas de ser campeón de España absoluto. De sus ocho metales, uno es un bronce y siete platas
Alaiz tiene ocho medallas absolutas en Campeonatos de España, aunque ningún título, pues siete veces se quedó a las puertas, ya que fue segundo en dos ocasiones en los 3.000 metros obstáculos (ahí también logró un bronce), en una en los 5.000, en otra en maratón y en tres en los 10.000.
Además participó en dos Mundiales al aire libre, cayendo en las eliminatorias tanto en el de Moscú en 2013 como en el de Pekín en 2015, donde se lesionó iniciando el infierno físico que frenó por completo su carrera.
"Siento que algo dentro de mí ha dejado de acompañarme. Cada objetivo termina demasiado lejos de lo que esperaba, de lo que podía dar y, sobre todo, de lo que algún día fui capaz de hacer"
Porque nunca desaparecieron las molestias, acabó teniendo que renunciar en 2016 a los Juegos Olímpicos en los que siempre quiso estar y que fue ese sueño que no cumplió, y pasó por el quirófano para intervenirse del tendón de aquiles, sufriendo después recaídas que le acabaron teniendo más de dos años sin competir. Por si fuera poco, cuando por fin pudo volver, se vio obligado a ser intervenido de nuevo, yéndose hasta las tres operaciones en ambos aquiles.
Demasiado. Su mente y su corazón siguieron intentándolo, pero su cuerpo no era ya el mismo. "De un tiempo a esta parte siento que algo dentro de mí ha dejado de acompañarme cuando me pongo un dorsal en el pecho. Cada objetivo termina demasiado lejos de lo que esperaba, de lo que creo que podía dar y, sobre todo, de lo que algún día fui capaz de hacer", reconoce en su despedida, incidiendo en que "aquello que durante tantos años fue tan sencillo, sufrir y disfrutar al mismo tiempo, parece haberse convertido en algo inalcanzable, sobre todo cuando hace tiempo que no consigo ver ningún rayo de sol".
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