Real Zaragoza 2 - 0 Ponferradina: 'Y en medio del polvorín... se apagó la llama'

La Deportiva desaprovechó la crisis del Zaragoza y cayó en La Romareda tras una primera parte para olvidar / Los de Manolo Díaz reaccionaron en la segunda, pero faltó puntería

Alejandro Cardenal
30/11/2015
 Actualizado a 17/09/2019
Yuri lamenta una ocasión. | LFP
Yuri lamenta una ocasión. | LFP
El muerto resucitó. La Deportiva fue partícipe del ‘milagro de La Romareda’, que vivió el renacer de los de Ranko Popovic -podría ser cesado a pesar del triunfo- con la complicidad de un conjunto berciano al que se le apagó la llama en el peor momento y cayó derrotado (2-0) ocho partidos después.

Faltó la chispa que prendiera el polvorín. Los pupilos de Manolo Díaz saltaron demasiado fríos al césped del estadio maño y desaprovecharon las dudas de un Real Zaragoza que llegaba al encuentro tras sumar un solo punto en las tres últimas jornadas, pero le bastaron cuarenta y cinco minutos para sentenciar el choque.

Solo Alan Baró se escapó del suspenso generalizado. El choque empezaba con Álvaro Antón exhibiendo pegada y obligando a Bono a hacer una de las paradas de la jornada tras un misil tierra-aire del burgalés que dio el pistoletazo de salida a un monólogo que no derivó en goleada gracias a la exhibición del central, que tuvo que defender por tres.
Los blanquillos encontraron una autopista por ambos laterales, tanto por el de un desdibujado Adán Gurdiel que se durmió en el primer gol; como por el de Casado, que no estuvo al nivel que llevó a Camille al banquillo. En medio del desbarajuste emergió Pedro, omnipresente, que además de incordiar en ataque se convirtió en el complemento perfecto de Isaac para anular un flanco en el que tampoco anduvo fino Acorán.

Tras un primer intento de Ortuño después de una magnífica pared con el ‘15’ zaragocista, llegaría el gol. En el enésimo balón colgado que la zaga berciana conseguía, no sin apuros, alejar de los dominios de Santamaría, Adán se dormía y permitía que Pedro cazara un balón suelto y fusilara al cancerbero navarro, que tampoco escapó del insuficiente.

El meta volvió a ser un león bajó palos -derrochó instinto y reflejos en un disparo a bocajarro-y un cachorro en los balones aéreos. Faltó jerarquía en las jugadas a balón parado, pero el segundo gol llegó en otro despiste de la defensa y también algo de fortuna de Ortuño, que sin saber muy bien cómo y ya cayéndose, colocaba el balón en la escuadra.

Y es que el factor suerte también jugó en contra de los de Manolo Díaz. La Romareda vivió un ‘déjà vú’ y al igual que en la goleada del pasado curso (4-1), vio como la Deportiva reaccionaba en una segunda mitad en la que solo la falta de puntería evitó que los últimos minutos hubieran sido algo más que un simple trámite.

Las hubo de todos los colores. Ante la deriva de un centro del campo que volvió a echar de menos a Andy, Díaz se la jugó sacando del campo a Berrocal, que apenas había intervenido en ataque pero había sido el ancla que había evitado el naufragio en la medular; y el encuentro se convirtió en un ida y vuelta.

También contribuyó la lesión de Diamanka. El senegalés volvió a ser talismán -con él en el campo, el Zaragoza está invicto- y su salida colpasó totalmente a un conjunto maño que se limitó a torear las embestidas y buscar la estocada final al contragolpe aprovechando los espacios atrás que dejaba una Deportiva a la que se le puede reprochar prácticamente todo, pero no que bajara los brazos.

Ni Luka Djordjevic, ni Acorán, ni Yuri, que solo marcó cuando no valía, encontraron el camino del gol y La Romareda volvió a ser la tumba de la Deportiva

Adán evitó que Ortuño se marchara a los vestuarios con las dos orejas. El ariete, mejor cuanto menos tiempo pasa el balón en sus pies, vio como su vaselina la sacaba Adán sobre la misma línea ya en el tiempo de descuento y frustraba un doblete que hubiera puesto la guinda a un partido en el que el ‘pichichi’ blanquillo fue un tormento constante.
Antes perdonó la Deportiva. Faltó sangre para apretar a los de Ranko Popovic al comienzo del choque y chispa para haberle metido el miedo en el cuerpo en los segundos cuarenta y cinco minutos.

Ni Luka Djordjevic, ni Acorán, ni Yuri, que solo marcó cuando no valía, encontraron el camino del gol y La Romareda volvió a ser la tumba de una Ponferradina que cayó derrotada dos meses después -el último tropiezo fue en octubre ante el Numancia en Los Pajaritos (1-0)- y ve como los maños, que parecían desahuciados antes de comenzar el choque, les adelantan en la clasificación y se queda con su plaza en el ‘playoff’.
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