"¿Qué pasó que no estaba mirando?"

Contracrónica Ademar-Bidasoa / El pabellón despertó nada más que la megafonía pronunció el nombre del líder de esta tribu:Manolo Cadenas, de Valdevimbre

Fulgencio Fernández
07/09/2019
 Actualizado a 19/09/2019
Manolo Cadenas da los últimos consejos antes de comenzar un partido que empezó muy bien y acabó mucho peor de lo que la afición esperaba. | SAÚL ARÉN
Manolo Cadenas da los últimos consejos antes de comenzar un partido que empezó muy bien y acabó mucho peor de lo que la afición esperaba. | SAÚL ARÉN
Todo parecía igual aunque sólo era parecido. Parecía otro año más del Ademar pero no lo era.

Salieron por el túnel. Bien. Faltan unos, Juanín, Nacho Biosca, Rodri... hay otros, Lucin enorme, Feuchtmann que a ver quién nos convence de que no es argentino... No está el presidente, tiene sus cosas; falta el hermano Tomás, ya para siempre. Y por la grada sí que parece que no pasa el tiempo: ex ademaristas, Miguel Ángel El Índio con el pelo blanco y siempre con jugadoras de balonmano —la histórica Camino, etc—, profesoresque un día se engancharon, ex alumnos que recuerdan el patio de cemento, ex jugadores que preguntan por Katanga, Carlos del Riego que lo cuenta de otra manera, chavales que gozan y sufren, Contreras que se vuelca con el micro para empujar...

En fin parece lo mismo. Los tres mil de la parroquia que hablan unos con otros, alguno de espaldas y, de repente, el pabellón estalla, retumba.

- ¿Qué pasó que no estaba mirando?
No había pasado nada. La megafonía había dicho: «Manolo Cadenas».
Y reventó todo.

Había vuelto al personaje al que la grada le concede la condición de líder de esta tribu, porque lo es, porque se lo ha ganado y porque a fin de cuentas es aquel que en un tiempo muerto dijo aquello, de «aquí mandamos nosotros, que esto es León», que tanto echamos en falta que lo digan otros que lo deberían decir y jamás se atreven.

Mientras el pabellón revienta él mira al biés, un leve saludo, casi una sonrisa, está a otra cosa.

No creerás que en la vida civil estaría a meses de jubilarse, en la deportiva está como un rapaz, aunque ya no es el rapaz que fue aquí en tiempos, contiene la misma cara de rabia pero no sale enfurecido como cuando le buscaba Cristina la de los entuertos, ya no trae la chaqueta de lana que le hizo su madre en Valdevimbre pues luce el niki oficial del club, pero mantiene los mismos ritos: brazos en jarras cuando piensa, brazos al cielo cuando no piensan sus pupilos, miradas a su segundo...

Todo empezó bien, tardó en torcerse pero se torció, brazos al cielo, tiempo muerto, calienta Patotski, los de una emisora de Bidasoa de la cabina de al lado despiertan y celebran, nuevo tiempo muerto (24-28) y sólo consejos técnicos mientras mira al marcador.Manolo le dice con los ojos a algunos jugadores lo que no les quiere decir con la boca, manda sentarse a Carou, ya no merece la pena arriesgar. Llama otra vez a Lucin. Que acabe ya.

No pasa nada, está ahí abajo Manolo. Cómo para rendirse a la primera.

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