Portilla de la Reina volvió a mirar hacia el monte, pero esta vez no para recordar sólo las llamas, sino para celebrar que también desde las cenizas puede nacer una jornada de esperanza.
La primera edición de la Corona Negra Trail convirtió a la localidad de la montaña oriental leonesa en punto de encuentro para más de 300 participantes, una cifra que siguió creciendo hasta minutos antes de la salida y que confirmó el enorme respaldo a una prueba nacida contra el olvido del fuego.
La carrera llegaba con una carga simbólica evidente. La iniciativa surgía después del incendio forestal que el 14 de agosto de 2025 arrasó cerca del 90% del término de Portilla de la Reina, con la intención de unir deporte, concienciación ambiental y dinamización rural en un territorio profundamente golpeado. La respuesta superó las expectativas y la jornada terminó por convertirse en un día para el recuerdo para Portilla y para los pueblos del entorno afectados por aquellos incendios.
El ambiente acompañó desde primera hora y la organización respondió con éxito a una cita que se estrenaba en el calendario. No hubo incidentes y todo transcurrió con normalidad en una jornada alegre, participativa y cargada de emoción, en la que el dolor causado por el fuego dejó paso, al menos por unas horas, al disfrute de corredores, andarines, vecinos y visitantes.
En lo deportivo, la Corona Negra Trail dejó sus primeros nombres propios. Félix Rojo y Estelita Santín fueron los vencedores en sénior masculino y femenino de la carrera de 21 kilómetros, mientras que Álvaro Servulo se impuso en categoría junior, en veterano A ganaron Pedro Cabañeros y Esther Pérez, en veterano B lo hicieron Julio César Castellanos y Katia Bercianos, y en veterano C masculino el triunfo fue para Diego Relaño. En la speed trail, de 9 kilómetros, se impusieron Mario Rios y Raquel Casado.
Más allá de los resultados, la prueba confirmó la capacidad de movilización de una comunidad que se niega a que el fuego escriba la última página de su historia. La Corona Negra Trail nació para correr contra el olvido y acabó siendo mucho más que una carrera: una fiesta colectiva, un homenaje al territorio y una forma de transformar la herida de los incendios en impulso para seguir adelante.
Portilla de la Reina y su entorno vivieron así una jornada que mezcló deporte, memoria y orgullo rural. Allí donde hace unos meses solo quedaban paisajes marcados por las llamas, este sábado hubo dorsales, esfuerzo, aplausos y convivencia. Una primera edición que deja el listón alto y, sobre todo, la sensación de que el camino de la recuperación también puede recorrerse corriendo.