Un negro presagio pasó por la mente de los leoneses presentes, incluidos los directivos, alguno de los cuales echaba fuego por la boca a la conclusión. No, no es ventajismo. Se veía venir.Fiel a su historia, la Cultural, esta vez su entrenador, se había salido del guion “menospreciando” al colista y el valor de los puntos.Ningún otro club lo hizo a sabiendas de que la segunda fase comenzaba ya. El teléfono ardía y las miradas, incrédulas, apuntaban a Virgil, a Luque, a Pipo, a Ciampichetti…a Idiakez. Munición para los críticos. Lo llamaron revolución cuando quisieron decir Dioni.¿Por qué, Íñigo?
Cualquier otro movimiento tiene un pase observando en directo la complejidad del escenario, desaconsejable para jugadores de un marcado perfil técnico.La empresa exigía pierna, batalla y tu mejor arma para marcar diferencias allí donde el rival flaquea, pero no estaba él. Pasaban los minutos y había más prisa por forzar la quinta tarjeta de Castañeda que en llamarle.Su liderazgo hace diminuto al resto, atacantes con más nombre que rendimiento o con padrino para vestir de blanco. Dioni no se toca, míster. Está descansado y en racha, en el mejor momento de su carrera. A su estela todo es posible; en su ausencia, crece la mediocridad.Y en tu propósito conciliador has salido escaldado a sabiendas de las consecuencias. Los que hace unos días querían renovarte hoy firmarían tu finiquito. ¿Por qué?
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