Lo hizo sufriendo y poniendo a prueba su fe y la del Toralín. A los blanquiazules les tocó remontar a un Valladolid B (2-1) que demostró por qué llegaba a la capital berciana en la quinta plaza y tuteó a los de Miguel Ángel Álvarez Tomé hasta ponerse por delante en el marcador.
A la vista de que el plan ‘a’ no funcionó, tocó recurrir al ‘b’; corazón, entrega, intensidad, ambición. La Ponferradina nunca bajó los brazos. Prueba de ello es que el empate no tardó ni siquiera dos minutos en llegar. Madurar la remontada costó más, pero los tres puntos se quedaron en el Bierzo.
Pallarés vivió su tarde de gloria. El delantero marcó su primer gol en El Toralín a apenas cinco minutos del final y desató la locura, la que supone que un equipo que se daba por muerto hace apenas unas semanas se coloque a tres puntos del Pontevedra.
Faltó la guinda del pastel. Los gallegos sacaron un punto de su visita al Boiro en la recta final y a pesar de que encadenan ya cinco partidos sin ganar, serán matemáticamente equipo de ‘playoff’ con un triunfo independientemente de lo que haga la Deportiva.
Menudo llegó a tiempo
De los tres jugadores que llegaban al choque entre algodones –Chavero, Ríos Reina y Menudo–, solo este último se coló en el once titular. El lateral, víctima de un carrusel de lesiones en el último mes, se quedó en el banquillo, mientras que el centrocampista ni siquiera entró en la convocatoria.
Consciente de que ante un rival superdotado técnicamente, ganar la medular podía ser ganar también el partido, Tomé apostó por Jonathan Ruiz como acompañante de Andy. El andaluz estaba llamado a poner cordura a un choque en el que olvidarse de lo que pasaba a 300 kilómetros del Toralín era dar el primer paso hacia el triunfo.
Más todavía cuando el Boiro empezaba fuerte. Ni diez minutos tardaba Rivera en marcar el primero al Pontevedra, empeñado en mantener con vida a una Deportiva a la que le costó cogerle el pulso el partido.
Y es que El Toralín asistió a la primera mitad más gris de la era Tomé. El Valladolid B salió sin complejos y le quitó el balón a los blanquiazules, desbordados ante el descaro y la ambición de un equipo sin nada que perder.
Los cachorros blanquivioletas se gustaron, pero no lograron plasmar su superioridad ni en el área, ni en el marcador; todo lo contrario que una Deportiva que a pesar de ir a remolque durante los primeros cuarenta y cinco minutos, pudo irse al descanso con ventaja si Figueroa, titular en lugar de Pallarés, hubiese aprovechado el único regalo del filial pucelano.
En el ecuador del primer acto, el canario se plantaba solo delante de Tanis después de una mala cesión de la defensa a su guardameta. Con todo el tiempo del mundo y la zaga todavía asumiendo el disparate, al ariete le entraban las prisas y la tiraba al muñeco.
Arranque caótico
El paso por vestuarios dejó atrás una primera mitad sin historia y dio paso a la locura. A los dos minutos de la reanudación, Samanes, un incordio para Adán durante todo el choque, rubricaba su doctorado en El Toralín y presumía de ‘guante’ con un disparo desde la frontal ante el que nada podía hacer Dinu.
Y se hizo el silencio. El mazazo ponía todavía más cuesta arriba el ‘playoff’ a pesar del suicidio del Pontevedra. Sin embargo, es en los peores momentos cuando surgen los héroes y la Deportiva, desde hace más de un lustro, tiene el suyo.
Yuri apareció cuando más se le necesitaba para convertir la decepción en esperanza gracias a un gol marca de la casa; desmarque, control y definición con la templanza que le faltó a Figueroa en la primera parte. El Toralín volvió a rugir. También la lluvia hizo acto de presencia, empeñada en acentuar la épica de un todo o nada.
Con unas tablas que no servían a ninguno, el partido se convirtió en un correcalles. Golpeaba primero el Valladolid B con un disparo lejano ante el que se lucía Dinu, que lo está sacando todo en esta recta final de temporada y respondían los bercianos con varios centros peligrosos a los que Yuri primero y Pallarés después no llegaban por centímetros.
El premio a la fe llegó a cinco minutos del final. Esta vez sí, un testarazo de Pallarés terminaba en la escuadra y sellaba la remontada. Mientras hay vida, hay esperanza. Es el mantra de una Deportiva que no se rinde.