Las condiciones hidrológicas reducen la actividad de la trucha en los ríos de León. A finales de mayo, los ríos de León entran en uno de esos momentos que justifican toda una temporada de espera. La primavera ya ha asentado sus colores en los valles del Porma, el Esla, el Órbigo o el Bernesga, y la trucha comienza a mostrar una actividad más franca, menos tímida que en los lluviosos días de abril y parte de mayo. El agua aún baja viva y fresca por el deshielo de la montaña de las últimas nevadas, pero las jornadas se alargan y los insectos empiezan a dominar la escena. En los amaneceres, la niebla suele quedarse prendida entre los chopos de la ribera mientras los primeros pescadores bajan a las tablas y corrientes con la prudencia de quien conoce el río desde hace décadas. No hay prisa. En León, la pesca de la trucha siempre ha tenido algo de rito antiguo. Se escucha el rumor del agua con atención.
En el Río Porma, especialmente en zonas como los cotos de Cerezales y los Condados I y II, finales de mayo suelen traer buenas eclosiones de efémeras y momentos muy agradecidos para la mosca seca al caer la tarde. Las truchas empiezan a subir con decisión en las corrientes medias y en las tablas lentas, donde el agua deja ver sombras delatadoras suspendidas apenas unos segundos antes de romper la superficie. La pesca exige precisión, pero también paciencia: un lance limpio, una deriva natural y saber esperar las siguientes cebadas. Los ríos naturales como el Bernesga o el Torío conservan en estas fechas su carácter afanoso y técnico. Allí, cada pez parece tener memoria. Los pescadores de ninfa y cucharilla recorren las corrientes buscando esas truchas que se colocan en las costuras del río, donde la corriente trae alimento sin exigir demasiado esfuerzo. Cuando el sol aprieta al mediodía, las sombras de los alisos se convierten en refugio tanto para el pescador como para la trucha. Los ríos más abiertos y caudalosos, como el Río Órbigo o el Cea, viven a partir de ahora una de sus épocas clásicas. Las choperas verdes anuncian el inicio de las tardes largas, y los pescadores veteranos recuerdan que ya empiezan a verse buenas truchas cebándose al sereno. En sus grandes corrientes y sobre todo a mediodía la mosca ahogada mantiene una tradición profundamente leonesa: cañas altas, deriva suave y esas plumas históricas que forman parte del patrimonio pescador de nuestra provincia.
Los ríos más abiertos y caudalosos, como el Órbigo o el Cea, viven a partir de ahora una de sus épocas clásicas
Porque en León la pesca no es solo captura. Es conversación con los compañeros al terminar la jornada. Es revisar la caja de moscas a orillas del río mientras cae la tarde. Es discutir si hubo más picadas ayer o si el agua viene algo tomada de la montaña. Y también es la conciencia de cuidar unos ríos que han dado identidad a generaciones enteras.
A finales de mayo, quien camina por las orillas de nuestros ríos entiende que la temporada entra en madurez. El río ya muestra actividad. Los insectos flotan sobre las corrientes como pequeñas velas vivas y las truchas parecen reconciliarse con el pescador. Hay días de muchas capturas y otros de menos, pero incluso entonces queda algo difícil de explicar: la sensación de haber formado parte, durante unas horas, de un mundo muy especial.
Se abre la veda del cangrejo
Se permite la pesca del cangrejo rojo y del cangrejo señal desde el 1 de junio hasta el 31 de diciembre en las masas de agua delimitadas mediante la Orden FYM/339/2019, de 27 de marzo, salvo en los refugios de pesca declarados mediante la Orden FYM/1383/2018, de 19 de diciembre, por la que se declaran los cotos de pesca, escenarios deportivo-sociales, aguas en régimen especial y refugios de pesca de la Comunidad de Castilla y León y se aprueban los correspondientes planes de pesca, bajo las siguientes condiciones: En aguas de acceso libre permitida todos los días durante estos meses. En los cotos de pesca, aguas en régimen especial y escenarios deportivo-sociales declarados mediante la Orden FYM/1383/2018, de 19 de diciembre, permitida los días inhábiles para la pesca con caña, y los días hábiles cuando no sea necesario permiso. Fuera del período hábil de su plan de pesca permitida todos los días. En escenarios deportivo-sociales no permitida los días autorizados para competiciones oficiales, eventos sociales de pesca o entrenamientos de pescadores federados que formen parte de los equipos que representan a la Comunidad en competiciones oficiales de carácter nacional o internacional.
La pesca del cangrejo sólo podrá practicarse en el período comprendido desde una hora antes de la salida del sol hasta una hora después de su puesta. No existe limitación en cuanto a la talla y al cupo. En la pesca del cangrejo solamente estará permitido el uso de cebos muertos. El empleo de trozos de pescado se considera, a estos efectos, como cebo muerto. Queda prohibida la utilización como cebo vivo o muerto de cualquier ejemplar de especies exóticas invasoras o de sus partes y derivados. Cada pescador podrá ocupar una longitud de orilla no superior a 100 metros utilizando un máximo de 20 reteles, y respetando una distancia superior a 10 metros del retel del pescador inmediato.