La pesca en invierno: ríos y lagos

El frío marca el ritmo y los peces se resguardan en las profundidades más serenas, por ello, las aguas no trucheras y los lagos son la mejor opción

02/01/2026
 Actualizado a 03/01/2026
 Pescando en el Lago Jabares. R.P.N
 Pescando en el Lago Jabares. R.P.N

El invierno en León no concede muchas facilidades para la pesca. La pesca en invierno es, ante todo, una lección de paciencia. Las primeras horas son silenciosas y leer las aguas es más importante que lanzar lejos. Las ninfas se imponen como un idioma tradicional, pesadas y por el fondo, procurando llamar la atención. Las moscas que más provocan son las imitaciones sobrias, bien lastradas y bien presentadas. Las picadas suelen ser parsimoniosas, sin brusquedad y hay que estar atento para clavar sin dudar, con respeto, pero con contención. 

Ya, a media mañana, cuando el sol aclara el agua, los peces pueden recompensar al paciente pescador. Pescar en invierno en los ríos y lagos de León no es una huida del frío, sino una conveniencia con él. Sabes que no vuelves a casa con historias exageradas, pero sí con la sensación de haber estado donde querías, en el momento justo y pescando sereno y tranquilo. Cuando cae la tarde, recogemos la caña y el agua recupera su silencio, mañana será otro día y los peces seguirán ahí, por que en invierno en León todavía se pesca.
Las aguas no trucheras y los lagos de pesca, son una buena alternativa para seguir pescando durante el invierno. Pescar en esta estación no es tarea fácil. A la menor actividad de los peces hay que añadir las inclemencias del tiempo; la lluvia, el viento, el frío y a veces la nieve. También el menor tiempo de luz y la peligrosidad del río, embalse o lago. 

Los sistemas fluviales están llenos de vida, las maravillas de nuestros recursos acuáticos están ahí para disfrutarlos; pescar, navegar o caminar por sus senderos son algunas de las actividades más entretenidas que se pueden hacer al aire libre. Pero hay peligros en el agua. Hay peligros en el río que se acentúan en invierno y que debemos de tener presente. Todas las actividades que desarrollamos en plena naturaleza siempre conllevan riesgos. El agua no es nuestro medio natural por ello debemos de ser precavidos. Nuestra seguridad en el río depende mucho del respeto que tengamos al poder del agua. La pesca del barbo y del lucio son las que se presentan como más interesantes en nuestra provincia. Los ríos Esla, Órbigo y Cea, en sus zonas bajas, son lugares idóneos para su pesca por su abundancia y tamaño, son aguas libres no trucheras donde se puede practicar la pesca durante todo el año.

Los lagos privados tienen aceptación. Uno paga por entrar y pescar, pero lo que realmente compra es orden: orillas limpias, normas claras y la promesa de que, incluso en pleno invierno leonés, habrá peces bajo la lámina de agua. No es poca cosa cuando los ríos bajan fríos y cerrados, y el calendario empuja al pescador a buscar refugio en aguas quietas.

En invierno, estos lagos muestran su cara más honesta. Las truchas, acostumbradas a la presión constante, han aprendido a desconfiar. No persiguen, no suben sin motivo, no perdonan errores. Obligan al pescador a afinar, a pescar despacio, con presentaciones limpias y moscas discretas. La experiencia se parece más a un ejercicio de técnica que a una jornada de acumulación.

La ninfa vuelve a ser protagonista. Indicadores pequeños, profundidades bien medidas y deriva lenta, casi detenida. En muchos de estos lagos, el fondo es conocido, repetido, y aun así cada día es diferente. No hay secretos muy ocultos, solo hay que leer el agua, acertar con la profundidad y proponer el señuelo adecuado. 

Cuando el sol se alza y templa las orillas más resguardadas, a veces se produce el milagro breve: una subida aislada, una trucha que rompe el espejo del lago como si fuera primavera. Entonces la mosca seca entra en juego, no como norma sino como privilegio. Lances cortos, finos, sin correcciones. En los lagos privados, la seca invernal es más un premio que una estrategia.

El debate siempre flota en el ambiente: lo artificial frente a lo salvaje. Pero en invierno, muchos pescadores entienden que estos lagos cumplen otra función. Son escuelas. Lugares donde mantener el pulso, probar montajes, corregir vicios y, sobre todo, seguir pescando cuando el resto del agua duerme. Bien gestionados, con pesca sin muerte real y cupos claros, no sustituyen al río; lo respetan, dándole descanso.

El Lago de Jabares se ha consolidado como una de las opciones más utilizadas por los pescadores de mosca de la provincia de León durante los meses de invierno. Con los ríos en periodo de descanso biológico o con condiciones poco favorables, este lago privado permite mantener la actividad sin comprometer los ecosistemas fluviales. Durante el invierno, la pesca en Jabares está marcada por temperaturas bajas y una actividad muy medida del pez. Las truchas, habituadas a la presión de pesca, se sitúan en capas profundas y muestran un comportamiento selectivo. La ninfa es el método predominante. Se emplean montajes finos, bien lastrados, pescados lentamente cerca del fondo. Las picadas suelen ser suaves y tardías, lo que obliga a una vigilancia constante del indicador o a una pesca al tacto. Buena Pesca.

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