Perpetuar la especie; la reproducción de la trucha

La freza de la trucha en los ríos de León se inicia en invierno, con gravas limpias y agua fría

18/12/2025
 Actualizado a 19/12/2025
Truchas frezando en un río de León.
Truchas frezando en un río de León.

La provincia de León es uno de los núcleos más relevantes para la conservación de trucha en todo el territorio nacional, tanto por sus ríos, como la elevada calidad de sus aguas. 

Con el otoño y aprovechando las primeras subidas de caudal llega el momento del remonte, las truchas se afanan por llegar a las cabeceras de los ríos para desovar, porque llegado el invierno es la época de la freza para perpetuar la especie. El instinto de procrear se pone en movimiento para las truchas que han superado la sequía del verano y la persecución de toda clase de depredadores. 

Este proceso reproductivo, comúnmente denominado freza, representa un momento ecológico crítico para la dinámica poblacional de la especie. La freza en los ríos de León se produce mayoritariamente en invierno, coincidiendo con la reducción térmica otoñal, pero en tramos regulados, la estabilidad de la temperatura puede retrasar parcialmente la freza respecto a ríos de régimen natural. La señal ambiental desencadenante más determinante es el descenso sostenido de la temperatura del agua por debajo de los ocho grados, si bien factores foto periódicos ejercen también un papel modulador. También existen variaciones entre cuencas asociadas a las altitudes y a la regulación hidrológica por embalses.

Los frezaderos suelen estar en corrientes moderadas, en profundidades someras, con un sustrato heterogéneo compuesto por gravas de 1–6 cm., y con elevada oxigenación y permeabilidad del lecho. Estás zonas son de fácil arrastramiento por aumentos repentinos del caudal, pero esto y los cambios bruscos de temperatura son riesgos que tienen que correr. Los sistemas leoneses, especialmente el Porma, el Bernesga, el Esla y el Órbigo, presentan proporciones elevadas de estos tramos funcionales, lo cual favorece el reclutamiento natural. 

Son tiempos de invierno; diciembre, enero y febrero, cuando las truchas en su quehacer de procreación descuidan su instinto de supervivencia y están expuestas a los ataques de sus principales depredadores; los furtivos y los cormoranes. Las truchas se reproducen por medio de sus órganos sexuales. Las hembras tienen dos ovarios, los cuales producirán miles de óvulos para conformar las huevas. Los machos poseen dos testículos con un conducto por el cual esparcen el semen. 

Se reproducen una vez al año y en invierno, pero ya a finales de verano van desarrollando su sistema reproductor. Las hembras, que suelen ser la primera en llegar al frezadero y que son las que soportan el peso de su construcción, dan fuertes coletazos sobre el fondo arenoso levantando los sedimentos finos que son arrastrados por la corriente quedando las gravas limpias y formando así el nido. Este nido presenta una morfología alargada que cumple las funciones hidrodinámicas de protección del embrión. Los machos, mientras esto sucede, se disputan el territorio hasta que el más fuerte se hace con el control quedando los demás a la expectativa por si tuviesen ocasión de participar. 

Cuando la hembra pone los huevos, entre las gravas, el macho dominante los fecunda inmediatamente, libera los espermatozoides sobre la masa de huevos en un proceso de fecundación externa. Tras el recubrimiento del nido, los embriones quedan embebidos en el sustrato, donde dependen de la disponibilidad de oxígeno intersticial y de la estabilidad hidráulica y la hembra seguirá con sus coletazos sobre la graba para preservar los huevos cuyo número y tamaño dependerá de su talla. 

Los machos suelen permanecer por un tiempo en las zonas de freza, aunque las hembras lo hayan abandonado. Tras algo más de dos meses, 410º día, nacen los alevines que se refugiaran en zonas tranquilas y de poca corriente. Se alimentarán del saco vitelino durante quince o veinte días y a partir de ahí lo harán por si solos presentando ya las características especiales de los salmónidos. Aunque las puestas sobrepasan los dos mil huevos tan solo llegaran a adultos entre un 5 y un 10 %, pero estas pérdidas naturales, aunque muy significativas, no son el problema más importante, sino la acción de los furtivos, los cormoranes y la contaminación. Son tiempos de observancia y protección para ellas y sus frezaderos. 

Las variaciones abruptas de caudal por regulación pueden; erosionar o colmatar los nidos, provocar desecación parcial del sustrato, aumentar la mortalidad embrionaria por pérdida de oxigenación intersticial. Pero también existen medidas de conservación y gestión para preservar la integridad del ciclo reproductivo en los ríos leoneses, aplicando las siguientes estrategias: Veda reproductiva entre octubre y mayo según normativa autonómica, regulación coordinada de caudales ecológicos, restauración de frezaderos mediante aporte controlado de gravas, programas de seguimiento mediante índices de reproducción, muestreos y análisis de microhábitats, fomento de la pesca sin muerte, que mantiene la estructura de edades y asegura la presencia de reproductores maduros.

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