Mantas, estufas y hasta un árbitro para tratar de calentar la tarde

Además del fútbol, el gélido día que se vivió ayer en Astorga fue el protagonista en una grada que recuperó una rivalidad que parecía casi olvidada o perdida

Jorge Alonso
20/12/2014
 Actualizado a 05/08/2019
Javi Díez, portero el Astorga, en medio de la densa niebla que había este sábado en La Eragudina. | DANIEL MARTÍN
Javi Díez, portero el Astorga, en medio de la densa niebla que había este sábado en La Eragudina. | DANIEL MARTÍN
Amaneció el día en la provincia haciendo honor a esa película que tanto ha triunfado últimamente. El Reino de Hielo recuperaba un derbi en la categoría de bronce que parecía había pasado a mejor vida tras el despegue de la Ponferradina. Esta vez fue Astorga la ciudad que lo acogió por primera vez y para hacerlo dignamente no faltaron los elementos imprescindibles en una de estas citas: dos aficiones, un buen puñado de piques y un partido peleado.

Viajaron algo más de un centenar de culturalistas a Astorga, cabe preguntarse cuántos lo hubieran hecho si alguien se hubiera puesto de acuerdo para no haber hecho coincidir la mayor cita de los últimos años con el balonmano en la provincia con un derbi al que aún así acudieron cerca de 2.000 personas. Y es que vistas las condiciones metereológicas, la pregunta de la grada era el por qué no se había jugado el partido a la hora habitual del Astorga, las cuatro de la tarde, más aún cuando para sorpresa de algunos ninguna televisión apareció por La Eragudina para retransmitir el partido.
Los gorros de Papá Noel que el club repartió sirvieron para pertrecharse del intenso frío, e incluso el encendido de las estufas que están colocadas en la grada principal recibió casi más aplausos que alguno de los dos goles locales.

No se pudo hacer aquello del «hola fondo norte, hola fondo sur», y es que la niebla impedía que se viesen unos a otros. Tampoco se suspendió el partido, y es que, al menos para muchos maragatos, en una gran labor humanitaria el árbitro también contribuyó a que el público entrara en calor y es que más de uno amenazó con saltar al campo ante el miedo escénico de una guardia de seguridad que quizás no sabía si la mirada protectora de Tebas servía también en Astorga.
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