Para los luchadores que habitualmente utilizan las instalaciones del llamado Luchódromo —único recinto cubierto para la práctica de lucha leonesa en León— no era ninguna novedad el estado de deterioro y abandono de la instalación municipal, y así lo habían denunciado en diversas ocasiones. Goteras, falta de mantenimiento, ausencia de calefacción, entre otras deficiencias, son habituales allí.
Pero la mala suerte —o buena, para darle visibilidad al problema— se fue a hacer patente precisamente el día que la ciudad honra a sus tradiciones, una de las cuales es indudablemente la lucha leonesa. Ante las previsiones de lluvia se decidió llevar el corro de base a esta instalación, el luchódromo, el pasado sábado.
Pero a la hora de disputarse el corro, las 12 de la mañana, el pabellón era una verdadera piscina, las goteras caían sobre el espacio destinado al corro de manera incontrolable y de nada sirvió la buena disposición de directivos, árbitros y luchadores de ponerse a achicar agua pues resultaba imposible contenerlo y dejarlo en condiciones. Se decidió entonces suspenderlo y trasladarlo a la tarde, a la espera de mejor tiempo o, si no llegaba, disputarlo en el pabellón anexo de la Torre.
Se finalizó por la tarde, pero con evidentes complicaciones para los chavales que se habían desplazado desde los pueblos de los clubes de la provincia, que no podían regresar como muchos de ellos tenían previsto, había que buscarles alternativas para poder comer, con evidente enfado de padres, monitores y responsables de los clubes.
«Si sirviera para que se den por aludidos», era la esperanza compartida.
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