Si bien lo de pensar que se ha destapado un complot internacional usando como altavoz el principal portal de comunicaciones de esa sociedad manipulada como teoría me parece un poco ‘regulinchi’, he de confesar que la leche con miel me ha salvado más de una mañana y que ojalá la Deportiva se la hubiera inyectado en vena antes de viajar a Almería.
Sí, no era el mejor escenario posible. Después de los positivos de Ríos Reina y Bolo, la incertidumbre ante algún posible contagio y después del parón navideño, el partido era una trampa en toda regla, pero no excusa una primera parte bochornosa. Porque no es lo mismo caer redondo en un último asalto tras el enésimo directo del Tyson del 87 que empezar el combate ladeando la cabeza para que el Mike que graba Resacón en Las Vegas tenga claro donde hincar el diente.
Sadiq, que llevaba 6 goles en 17 partidos con el Almería, y 34 –en competición oficial– en sus cinco años como profesional, marcó un ‘hat-trick’ en media hora, incluido un vacile infame en el área pequeña que casi le sale mal, aunque le servirá como gancho cuando en tres o cuatro años esté mendigando un contrato en una Liga de tercera fila.
Pero como soy de los que siempre ve –o quiere ver– el vaso medio lleno por muy difícil que a veces sea, incluso abominaciones como la del domingo pueden tener su lado bueno. En la segunda parte, cuando lo fácil hubiera sido dejarse llevar, el equipo mostró algo de vergüenza torera e intentó al menos maquillar el resultado. Incluso enseñó los dientes cuando Akieme casi se carga a Paris.
Al final, lo único que volaron fueron tres puntos. Y eso, ante un equipo que aspira al ascenso y con un límite salarial siete vez mayor que el de los bercianos, no supone una pérdida especialmente dolorosa, sobre todo con la Deportiva en una posición más que cómoda, la que todos habríamos firmado con sangre antes de empezar la temporada.
Así que mejor tomar el partido como lo que realmente fue, un ‘pinchazo’, una ‘vacuna’ contra la relajación. Todavía no hay nada hecho y aunque el primer tercio de temporada ha sido de notable, el sueño se puede convertir en pesadilla en un segundo. Que no sea necesaria una segunda dosis.
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