En un tramo estrecho perdía el control de su moto tras meterse entre las dunas para dejar adelantar a un coche y salía volando. Pese a que, de forma que ahora mismo se antoja un milagro, volvía a subirse a la moto y llegaba hasta el final, el pronóstico era muy malo. Después de cinco duros días, encerrado en un hospital en El Cairo sin las mejores condiciones, era trasladado vía Malta en un avión medicalizado a León para que fuera operado.
¿El diagnóstico? Además de varias costillas rotas y un pulmón encharcado en sangre, el daño con varias fracturas importantes en ocho vertebras, de la T2 a la T10, que hacían que tenga que dar gracias de no haber perdido la movilidad y quedarse en silla de ruedas.
La intervención quirúrgica fue un éxito, pero sólo era el inicio de un largo camino. Un sendero tortuoso que aún sigue recorriendo. Porque, más de dos años después, Gutiérrez continúa la recuperación de aquellas lesiones... y ve muy lejos poder volver a subirse a la moto en que tantas aventuras llevó a cabo, al menos en plan competitivo.
«A nivel competitivo no debo volver, la sensación es que ahora soy de cristal y sería jugársela en caso de caída» «Aunque físicamente cada vez me encuentro mejor, no dejo de estar lleno de hierros y no puedes arriesgarte», señala Ramón Gutiérrez, apuntando que «a nivel de competición no debo volver, tengo 10 vértebras fijadas y aunque me hicieron una obra muy buena en el hospital y estoy ya empezando a hacer ejercicio de nuevo, sabes lo que tienes ahí y la sensación es que eres de cristal y sabes que sería jugársela, porque si tienes un golpe las consecuencias podrían ser muy graves».
Con la perspectiva que da el verlo desde fuera, el piloto leonés apunta que «el sino del que corre en moto en estas carreras es acabar en el hospital. Cuando ves caer a los otros piensas que a ti no te va a pasar, pero el hecho es que acaba sucediendo, y ahora para mí las consecuencias podrían ser muy graves».
Así pues, tocará acostumbrarse llegadas estas fechas a ver por la televisión el mejor rally del mundo sin tener en liza al que, por méritos propios, se convirtió en ‘rey leonés del Dakar’.
Y es que en cuatro ocasiones corrió Ramón Gutiérrez la mítica prueba, que hace apenas unas semanas terminó con la victoria en motos del español Marc Coma una nueva edición. Lo hizo por primera vez en el ya lejano 2005, tomando parte luego también en 2006, 2007 y 2010, que fue el año en que por fin consiguió terminarlo.
«Ves las imágenes y te llegan muy buenos recuerdos, ya que cuando estás allí lo sufres más que disfrutarlo», recuerda el leonés, que reconoce «cuando llega el Dakar, que me gusta seguirlo siempre por televisión, sueño con cosas que me pasaron cuando estuve allí. Pero más que de la carrera en sí son de mis despistes, de que estoy en la salida y no tengo los guantes o cosas así».
«No me arrepiento de nada, si corres sabes que algo así puede pasar y lamentarse no sirve, sólo mirar hacia delante» No obstante, a lo que consigue no darle muchas vueltas, es al instante de la caída que cambió su panorama profesional y personal. «No tengo ni sueños, ni remordimientos, ni arrepentimientos. Cuando corres sabes que algo así puede estar ahí y viene dentro de mi carácter que una vez sucedido y que no lopuedo cambiar, no lamentarme y sólo mirar hacia adelante», afirma contundente Ramón Gutiérrez, que explica «tras operarme los médicos me dijeron que me tocaba vida más tranquila y, como siempre he hecho mucho deporte, el primer año fue el más duro».
«Ya había tenido otra lesión grave cuando me rompí la cadera y sabía cómo es esta recuperación, pero la sensación en el inicio era de ir todo muy lento», señala Ramón, que ha «trabajado mucho el tema del gimnasio, fortalecido la espalda y columna para ir mejorando y ganar movilidad, y aunque sigue existiendo el tema de la lesión ya estoy remando y haciendo bicicleta».
«Te sientes un poco impedido, pero hay que ser consciente del problema que tienes y tener la cabeza amueblada» Pero, además de en el aspecto deportivo, algo así afecta obligatoriamente a su vida diaria. «Echas de menos lo que no puedes hacer y te sientes un poco impedido, pero tienes que tener la cabeza bien amueblada y ser consciente del problema que tienes. Ahora cuando te pones a hacer deporte y ves que no eres capaz le das muchas vueltas a la cabeza, pero hay que asimilarlo», sentencia Ramón Gutiérrez, al que el trabajo ayudó a superar los primeros malos momentos: «Hay que reconocer que soy un poco cabezón. Me operaron el 26 de octubre, noviembre estuve muy mal y en cama, pero en diciembre aún con muchos dolores decidí poner en marcha un negocio. No podía coger ningún peso y no se me ocurre otra cosa que montar algo, que recuerdo ir a Madrid en la furgoneta casi doblado, perolo cierto es que volver me vino bien».
Es el nuevo día a día de un deportista con un currículum envidiable. Un ‘todoterreno’ del mundo del deporte, que tan pronto hacía el Nacional de Aguas Bravas como corría en moto el Rally de la Patagonia. Un clásico del deporte leonés que, probablemente, haya cerrado ya su capítulo de éxitos.
De la camioneta con ametralladoras a parecer un ‘marciano’
Cuatro Dakar dan para mil y una anécdotas, algunas de ellas verdaderamente impactantes. Así, por ejemplo, Ramón Gutiérrez aún recuerda cuando «en el Dakar del 2007, en Mauritania, me encontré de cara entre las dunas con una camioneta ‘pick-up’ con una metralladora de estas grandonas y gente con turbante en ella que iban a por un coche de la carrera que estaba averiado». ¿La reacción? «Pensar ¡ay Dios, qué es eso!, y marcharte en sentido contrario. No eres consciente del peligro que corres, pero recuerdo que aquel año al llegar a meta y hablar con los compañeros les dije: ‘el día que pase algo el Rally se acabó’, y mira, fue cuando al año siguiente se suspendió y no volvió a Africa».También en Mauritania sucedió otra situación curiosa, cuando se perdió sobre el camino establecido y acabó en un poblado... donde para sus habitantes era «como un marciano». «Piensas que todo el mundo sabe que es la carrera e igual pasa a 20 kilómetros la carrera de un pueblo y ahí no se entera nadie, aunque tú te creas que eres el eje del mundo», reflexiona el piloto leonés, que recuerda como «paré en un pueblo, se acercaron todosa mí rodeado de gente con pasamontañas y rifles, y se acercaban para tocarme, porque era una novedad extraña para ellos».
Solidaridad aunque suponga decir adiós
Siempre se ha dicho que la solidaridad entre los pilotos participantes es una de las máximas del Dakar y, al menos en el caso de Ramón Gutiérrez, es algo indudable. Y es que, uno de los tres abandonos que sufrió en la carrera, fue por ayudar a otro participante. «Me junté con otro piloto español, que iba delante de mí, y al acercarnos al único coche que había en la carretera veo que se estampa contra él por detrás porque se había quedado dormido. Sabía que si le dejaba ahí iba a desaparecer la moto y dejar solo al compañero, así que llamé a la asistencia, me quedé hasta que vinieron que tardaron casi dos horas, y cuando quise llegar que me quedaban 100 kilómetros ya estaba fuera de control y no pude seguir».
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