Fallece Ramón Lozano, «el hermano montañero»

El hermano marista, de 85 años, era un referente de la montaña, fue uno de los fundadores del Club Yordas y autor de una decena de libros de rutas y divulgativos

Fulgencio Fernández
09/09/2022
 Actualizado a 09/09/2022
Ramón Lozano en una de las salidas a la montaña. | ARCHIVO ISIDORO R. CUBILLAS
Ramón Lozano en una de las salidas a la montaña. | ARCHIVO ISIDORO R. CUBILLAS
Ya hace unos cuantos años, poco después del fallecimiento de un hermano, que se le detectaron a Ramón Lozano los primeros síntomas del alzehimer que finalmente acabó con su vida este jueves. Un ejercicio habitual que le piden los médicos a los pacientes de esta cruel enfermedad que te va robando la vida hecha recuerdos es pedirles que escriban una frase, la primera que les venga a la cabeza. Ramón Lozano siempre escribía la misma frase, sin dudarlo ni un segundo: «Yo amo la montaña».

Es más. Cuando la enfermedad ya había avanzado bastante, cuando ya sus ojos parecían ver solo niebla, había algoque le arrancaba una sonrisa, para extrañeza de quienes veían cómo la enfermedad se iba haciendo cada día más cruel. Sus sobrinos Ana y Emilio, a los que tantas montañas había contado como sólo él sabía hacer, le mostraban en el móvil las fotos de algunas de las montañas leonesas más emblemáticas, especialmente las de su infancia en Sahelicesde Sabero, y aquella imagen le arrancaba uno sonrisa, aquella imagen desataba los recuerdos que ya no era capaz de contar. «Nos daba mucha pena porque contaba las montañas, también los pueblos y los topónimos, como nadie. Recordaba historias, nombres, anécdotas, personas... por eso creo que no existe enfermedad más cruel para su final», reflexiona su sobrina Ana Lozano, médico, a la que su tío inculcó la pasión por la montaña con esta fórmula mágica de saber explicarla, de hacerla cercana y cargada de vida e historias. Por suerte muchas de esas historias han quedado recogidas en más de una decena de libros que publicó, de todo tipo, de rutas, divulgativos, de historias, de personajes. También deja un importante legado de miles de fotografías, perfectamente ordenadas, como era él, y documentadas. Muchas ya las había comenzado a digitalizar él, las otras es una tarea que emprenderán sus familiares.

Cuando le diagnosticaron el alzehimer su médico le pidió que escribiera una frase. No la dudó ni un segundo: «Amo la montaña» El hermano Ramón fue uno de los primeros en rescatar a un personaje hoy ya conocido pero entonces no tanto: El Cainejo. Ahí está su obra ‘El Naranjo de Bulnes, El Cainejo y Caín’, que escribió a seis manos con dos grandes amigos y, como él, referentes inevitables de la montaña en León: Santiago Morán, fallecido hace un año, e Isidoro Rodríguez Cubillas, ayer un tipo triste y resignado, al que ya se le notaba la evidente pena que entristecía algo el feliz día en el que las gentes de Picos le homenajearon y le pusieron su nombre a una calle. Sabía el bueno de Isidoro que Ramón Lozano ya estaba más cerca de irse con Santiago que de regresar con él a ninguna montaña.

De esa pasión hay otros ejemplos que también hablan por sí mismos: «Cuando sus sobrinos, por los que sentía verdadera pasión, cumplieron un año lo celebró con uno en Vegabaño y con otro en Pico Moro».

Decía su sobrina Ana que Lozano explicaba la montaña como nadie. Y es que la otra pasión del hermano Ramón, como integrante de la familia Marista, era la enseñanza; muchas generacionesle recuerdan como profesor de Física y como lo que era, un excelente profesor que exigía a los alumnos conocer una asignatura que preparaba a conciencia. Sus compañeros de congregación contaban con frecuencia que, de repente, se levantaba a las dos de la mañana y siempre argumentaba lo mismo: «Tengo que preparar las clases».

- ¿No puedes esperar a mañana?
- No.

Sobre su seriedad a la hora de impartir las clases y entender la Educación recuerda Emilio, el marido de su sobrina Ana, una anécdota que lo dice todo. «Ana había sido una alumna brillante en el Instituto de Cistierna y vino a hacer el COU en León, donde Ramón le dio clase de Física, pues fue su primer y único suspenso». No sabía de privilegios, como bien saben quienes habían sido sus alumnos en los Maristas y al ir al recordado Intercolegial —donde hacían el COU alumnos de todos los colegios con profesoresde todos esos centros— el hermano Ramón ya les avisaba de que «no esperaran ningún privilegio por venir de ‘su’ colegio». Y lo cumplía.

Fue misionero en la República Dominicana, vivía con los nativos y como ellos,  una intoxicación alimentaria casi le cuesta la vida   También tenía aquel atípico fraile vocación misionera y la llevó a la práctica, siendo aún muy joven, en la República Dominicana, donde quiso ejercer su vocación «viviendo como los nativos, estando con ellos en suspoblados, ayudando como profesor o con los conocimientos de Física. «Esta forma de vida le provocó una intoxicación alimentaria que a punto estuvo de costarle la vida».

A su regreso a León se volcó con las dos pasiones de su vida: la montaña y la enseñanza, que en muchos casos convirtió en una sola creando grupos de montaña en el colegio y organizando recordados campamentos con sus alumnos en pueblos de la montaña leonesa. Después dio un paso más y fue uno de los fundadores del Club de Montaña Yordas, como recordaban sus actuales directivos cuando en 2021 cumplió 50 años esta sociedad: «El Yordas nació en 1971 de la mano de Ramón Lozano. Habíamos estado cuatro compañeros, de los ocho o así que no éramos scouts, haciendo una ruta por Villamanín, y al bajar del tren, tres de nosotros decidimos acercarnos al colegio (los Maristas) porque sabíamos que se celebraba la reunión anual. Llegamos a la clase donde ya estaban reunidos, y allí Ramón (Lozano) nos comunicó que dejábamos de ser una sección del Club Peñalba, y que nos constituíamos en un club nuevo de montaña», recordaba Marino Palacio en las celebraciones del aniversario, ya sin poder contarcon él pero al que nombraron Presidente de Honor y como tal figuraba ayer en el texto de su pésame por el fallecimiento.

Martínez de Paz: «Fue un infatigable trabajador, amante del conocimiento; pero su bandera ha sido siempre la discrección»Pésame que recorrió todos los foros de las gentes de la montaña, entrelas que deja tan grato recuerdo como pesar. Gentes como Isidoro Rodríguez Cubillas, tan cercano a él, que pedía un poco de tiempo para digerir el trago, por muy esperado que fuera. Su amiga y ‘alumna’, Ana Isabel Martínez de Paz, profesora como él, quería recordarle como «un infatigable trabajador, amante del conocimiento, pero que su bandera ha sido siempre la discrección». Le quiso decir, allá donde esté, esta mujer que tiene el récord de ascensiones al Naranjo de Bulnes: «En la Paz y el silencio que nos brindan las montañas encontraste tu remanso de felicidad. Alumnos, profesores y montañeros te estaremos eternamente agradecidos por tu entrega a los demás, con sabiduría y prudencia. Descansa en Paz, querido amigo».

Quienes quieran darle el último adiós a Ramón Lozano el funeral se celebra hoy viernes, a las cuatro y media de la tarde, en la capilla del Colegio de los Maristas Champagnat, con la entradapor una puerta de la carretera de Asturias.

Él estará mirando desde esta montaña eterna que acaba de ascender, en cuya cima le esperaba Santiago Morán.
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