La historia de un equipo se escribe sobre un grupo de ejemplares pioneros y la engrandecen diferentes leyendas, esos tipos con carisma y calidad que marcan una época. En el hoy pujante Ademar, habitual en las competiciones europeas y ganador de varios títulos, hay nombres fundamentales para dar sus primeros pasos: Ángel González, Córdoba, Castellanos, Ampudia, Lesmes, don Víctor, Paíno, el hermano Marcelino… pero la primera leyenda fue Aurelio Ordás Noval, el gran Pistolo, nacido en Valdevimbre, el mismo pueblo de Manolo Cadenas, hace 83 años.
Durante muchos años llegabas al patio de cemento de los Maristas, sede y germen del Ademar, y escuchabas admirado las historias de Ordás.
- Pistolo tiraba igual con las dos manos.
- ¿Ves los barrotes de detrás de la portería, que no entra un balón? Pues cuando tiraba Pistolo entraba.
- Pistolo rompió el poste de la portería.
- Una vez pego en el poste y entro gol en su portería al rebotar…
Mil historias más que fueron creciendo cuando iban aumentando sus gestas
- ¿Son verdad todas esas historias Aurelio?
- Bueno, la gran mayoría sí. No sé si todas poqrue se cuentan tantas cosas, hice tantas cosas, que igual a alguno se le calienta la boca; pero la mayoría sí.
Como es cierto que fue el “primer fichaje” del Ademar pagado. “Yo jugaba en el Agustinos, que había hecho un gran equipo, y el hermano Marcelino tenía una piquilla especial con estos frailes o con alguno en particular. Y me pagaban la pensión y el Colegio para que hiciera el Bachillerato en los Maristas y jugara allí, claro. Se puede decir que fui el primer fichaje pagado, aunque fuera en especies”.
Recordaba Pistolo que sus especiales cualidades venían alimentadas por haber practicado otros deportes; así la velocidad le venía del atletismo y el salto del baloncesto, que llegó a compatibilizar con el balonmano. “Cuando me fui al País Vasco jugaba también al baloncesto, en el Askatuak, a la vez que al balonmano, en el Bianchi y después en el Salleko”.
- ¿Y lo de tirar con las dos manos?
- Eso me venía de otro deporte que practiqué, toqué todos los palos. Había sido campeón juvenil de pelota mano, y ahí se juega más con la izquierda que con la derecha, aprendí a utilizarla y le saqué provecho en el balonmano.
- No tienes fondo, me han dicho que también luchaste.
- Sí, me agarraba. Era muy amigo de un famoso luchador, Eusebio, que llamaban El Jato de Argovejo, que tenía una fuerza tremenda. Y como yo también la tenía pues usaba de sparring. Yo todo lo que fuera deporte me llamaba. Y se me daba bien, para qué negarlo.
Aquellos lanzamientos con las dos manos en el Salleko hicieron furor y le abrieron las puertas del Atlético de Madrid de balonmano, también estuvo en Barcelona, antes de regresar al Ademar, donde jugó hasta los 40 años y “hacía colaboraciones con otros equipos para campeonatos”.
Su impresionante planta le pudo abrir las puertas del cine, fue de la mano del director Samuel Bronston, después de una curiosa anécdota que habla de su fortaleza. Bronston estaba rodando con Hercules Cortés, un gigante de dos metros y 150 kilos de peso que se hacía llamar ‘El hombre más fuerte del mundo’. Aurelio le retó a un pulso “a la leonesa”, con una perra debajo del codo para no moverlo y derrotó a Hercules. El director quiso llevarlo al cine pero a Pistolo no le convencía aquel mundillo y regresó a León, a Valdevimbre, su pueblo, aunque por circunstancias familiares había nacido en La Felguera.
Y permaneció siempre ligado al Ademar, como directivo muchos años, delegado… por ello, cuando hablabas con él de balonmano, siempre quería tener un recuerdo para “los que se han ido”: Fernando Civera, Roberto Paíno, Juanín Arias, Carlos Álvarez, César, Fernando Algorri, Sahelices… “Recordarles es muy importante para mí”.
Ahora se ha ido con ellos.

