Estos datos servirán de gran ayuda a todos aquellos que ayer, y por un día, se convirtieron en orgullosos ‘granollerís’. Fueron ellos la mayoría en un Palacio que registró una buena entrada a pesar de la ausencia del Abanca Ademar, y es que a León le gusta el balonmano. Al principio la gente se sintió un poco desubicada, sin saber muy bien a quién animar o qué hacer. Lo único que estaba claro es que había que pitar a Rutenka.
A partir de ahí el ambiente tuvo la misma temperatura que el exterior, bajo cero. Poco a poco, el público fue entrando en calor y comenzaron a oírse los gritos de «Granollers, Granollers» y un «sí se puede» que desde tiempos de Baloncesto León siempre han ido asociados a una derrota.
Pitaron no solo a Rutenka, sino a todo aquel que osó animar al Barcelona. Varias peñas blaugranas de la provincia viajaron hasta el Palacio de los Deportes para animar a los suyos y se encontraron con una oposición frontal. Algunos incluso pretendían ‘picar’ a los aficionados culés con banderas de España, quizás no eran muy conscientes de que el 99,9% de los aficionados blaugranas que se encontraban en el Palacio eran de Villabalter, Boñar, La Robla, Valencia de Don Juan o Astorga, crudos independentistas, como todo el mundo sabe.
Pero dejemos las banalidades políticas a un lado. León tiene la mejor afición al balonmano de este país. Solo en esta ciudad un partido sin nada en juego para el equipo local y en una ciudad habituada a tener este deporte al primer nivel a menudo.
La Copa Asobal quiere quedarse en León. Sólo aquí puede sobrevivir, y siendo sinceros, solo aquí se puede vivir.
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