La equitación es uno de esos deportes que pueden parecer individuales, pero lejos de todo ello, existe un gran vínculo entre la persona y el caballo, que la hace una de las disciplinas más especiales. León quizás no tenga esa tradición, sin embargo, esa no es razón para que alguien brille en dicha disciplina. Precisamente esa es la historia de Daniela Alonso, de solo 17 años, y su caballo, Apolo CXLIX, que recientemente se han hecho con un oro nacional en la equitación de trabajo en Navarra, con una gran historia detrás que se remonta a hace ya más de cinco años.
Una medalla que también tiene una gran historia detrás, ya que las intenciones de Daniela en un primer momento no eran acudir a la competición. «Hasta ahora competía con otro caballo que no era el mío y este año me hacía mucha ilusión comenzar con él porque lo tengo desde que tenía seis meses. Comencé con él en un concurso de Segovia hace pocas semanas el 14 y 15 de marzo, llamado CECYL y donde nos llevamos la medalla de oro en la prueba de velocidad y medalla de plata en la fase general. Ahí es cuando comencé a pensar que podía ir más allá y la Federación me propuso la idea de ir a Navarra».
Y como buena leonesa, Daniela se llenó de valentía y fue a por todas en una competición que terminó con un final más que feliz: «Navarra era una competición distinta, por edad yo puedo competir en Juveniles, pero como el potro solo tiene cinco años, también lo puedo hacer en Iniciados Sénior, que es donde lo hicimos. No contábamos con ello la verdad, al comenzar la temporada se me propuso comenzarla con Apolo, que al final era mi ilusión, y nos lanzamos en Segovia y el resto ha llegado un poco sobre la marcha».
«Iniciar esta temporada con mi caballo era una de mis ilusiones, Navarra salió como algo inesperado y nos terminamos llevando el oro»
Porque la historia de Daniela con la equitación comenzó de la mano de su padre, con el que disfruta en las victorias y se apoya en las derrotas, así explicaba sus inicios la joven leonesa: «nunca hemos tenido caballos como tal, pero a mi padre siempre le ha gustado la equitación y también le ha servido como excusa para comprar un caballo (risas). A Apolo lo compramos cuando tenía seis meses y yo llevo montando nueve años en total. Aquí quiero agradecer a Caminando con Caballos, donde empezó este bonito camino y que sin ellos todo esto no hubiera sido posible, especialmente a Sergio Aragón y Alberto García que gracias a su constancia esto está siendo posible».

Y de los inicios de Daniela a los de un Apolo CXLIX, que también su propia historia. «Llevaba poco tiempo montando, pero no teníamos ni idea de comprar un caballo, al final hacerte con un potro era una aventura, pero visitamos a unos chicos de la yeguada FR (Francisco Requeta) de León y nos enseñaron un caballo que se iban a llevar a vender para Alemania y me encantó. Desde ahí nos invitaron a ver a los potrillos y uno de ellos nada más entrar al prado se me acercó y ya le tuve que insistir a mi padre hasta que me lo compró (risas). Lo tengo desde los seis meses y ya va a hacer los seis años, entonces el competir ahora con él es como un logro más, el más especial».
«Por desgracia León no tiene tradición con la equitación como sí la hay en muchas zonas del sur y eso hace desplazarnos para competir»
Además Apolo no es un caballo cualquiera «él es un Pura Raza Español y como su padre se llamaba Zeus, decidieron ponerle a sus hijos, como a los descendientes de Zeus. El tema del número es por registro hay 149 caballos llamados Apolo en toda la historia del Pura Raza Español, de ahí el Apolo CXLIX».
Ambos compiten en la equitación de trabajo una disciplina de campo «formada por tres pruebas, la de doma vaquera que consiste en un reprise de doma, manejabilidad, que son obstáculos de campo como pasar un puente, hacer un slalom, etc. y la de velocidad. Personalmente la que más me gusta es la de velocidad, que fue la que gané en Segovia, en Navarra lideré las tres desde un primer momento».
Sin embargo, no todo son medallas, competiciones y disfrutar, porque tanto Daniela como Apolo, tienen un gran trabajo detrás. «Los caballos no entienden ni de vacaciones, ni de festivos, ni mucho menos fines de semana, son seres vivos y necesitan un trabajo constante. Ahora entre Sergio, mi entrenador y yo nos organizamos, al final estoy en segundo de bachiller y tengo que atender a mis estudios, pero suelo ir tres o cuatro días a la semana con ellos».
«El próximo reto será el SICAB de Sevilla donde estarán los mejores Pura Raza Español y donde el objetivo es una medalla»
Teniendo también en cuenta que al no ser una disciplina asentada en León los viajes para las competición muchas veces se hacen eternos: «son complicados, tienes que cargar con el remolque y tener al caballo perfectamente el día antes de viajar, la semana previa a la competición lleva mucho trabajo. Entre el herraje, las vacunas al día, llevarlo limpio a él y al material o hacerle las crines, para Navarra salimos el viernes, pero me pasé el jueves entero con sus cuidados».
Y es que Daniela lamenta que su ciudad no haya ese interés por la equitación como en otras: «desgraciadamente la equitación en León no es algo que se vea mucho y no hay competiciones, por lo que nos tenemos que desplazar siempre. Los estudios al final es llevarlos al día e intentando llevarlo todo lo mejor posible, aprovechando las horas de los viajes para estudiar o donde sea, al final es algo que llevo haciendo desde pequeña y ya es un rutina. Me gustaría entrar en veterinaria y seguir ligada en la vida profesional a los animales».
¿Lo que está por venir? Daniela lo tiena clarísimo: «en mayo tenemos un torneo internacional en Segovia, entre muchos otros, donde competiremos en Iniciados Sénior, buscando sumar los máximos puntos posibles para poder acceder al Campeonato del Mundo de Pura Raza Español que se celebra en Sevilla en noviembre llamado SICAB. Allí estarán los mejores Pura Raza Española y el objetivo no es otro que conseguir una medalla».
